La vida de Johanna

Capítulo 1

La Cosecha

Abro los ojos y veo que la luz del sol empieza a filtrarse por la ventana, haciendo sombras en la pared con los objetos de la habitación. Esta noche no he dormido, porque es La Cosecha. Aferro la colcha con las manos y me cubro la cabeza. Odio este día.
Pienso en mi hermano. Él ya no tiene por qué preocuparse, hace apenas un mes cumplió los diecinuve, por lo tanto, su nombre ya no entrará más en las urnas. Tiene suerte.
Intento ser positiva,  pensar que el Distrito 7 es uno de los distritos más grandes de Panem y que salir elegida en La Cosecha con la cantidad de chicas que hay sería tener muy mala suerte. Pero siempre hay dos personas que tienen mala suerte...
Me levanto de la cama e intento ser sigilosa, pues mi hermano duerme al lado. Quiero pasear, olvidarme de que día es hoy y de que vivo en un país injusto con una población aterrada.
-No has dormido, ¿Verdad?-Pregunta una voz suave. Por supuesto, es mi hermano.
-¿Acaso he dormido algo en los últimos años durante este día?
Mueve la cabeza a modo de negación. Se sienta en la cama.
-Tengo miedo Paul.-Le digo, como si no fuese evidente.
-Lo sé. Pero no vas a salir elegida.
Me da un abrazo, y me deja ir. Lo necesito.
Hace frío para estar a principios de verano, pero aquí, en el Distrito 7 siempre suele hacer frío. Camino por las calles centrales. Están bastante vacías. En la plaza, puedo ver que está todo organizado; las cámaras, el escenario, las urnas... un escalofrío me recorre la espalda. Mi nombre este año entrará seis veces.
No paro de caminar, porque no quiero volver a casa hasta la hora en la que me tenga que preparar, pues mi madre estará detrás de mí desde un principio recordándome que día es hoy, aunque ver el escenario tampoco me ayuda.
Compro cosas, me detengo a observar a los niños mirando a través de los cristales las calles, con el terror presente en los ojos, hablo con comerciantes sobre cosas sin sentido, de las que no hablarías ningún otro día que no fuese hoy.
Vuelvo a casa. Al entrar, mi madre me dice que me de un baño, y lo hago. Luego me visto con uno de sus vestidos. Es verde, y suave al tacto. Huele a pino, el olor habitual en mi distrito. Reconzco que es bonito. Dejo que el pelo me caiga por la espalda. Ya estoy lista, y es la hora.
-Estás preciosa.-Dice mi padre. Y yo asiento e intento ocultar mi miedo.
Me acompañan hasta un punto, y luego debo de seguir el camino sola. Un agente de la paz me conduce hacia una parte de la plaza donde se encuentran las chicas de mi edad. Diviso a mi mejor amiga: Willow. Es una chica alta, de piel pálida con el pelo oscuro y siempre revuelto sobre la cara.
-¿Asustada?-Pregunta con la voz temblorosa. Sacudo la cabeza de abajo a arriba, y hace una mueca de dolor.
No pasa mucho tiempo cuando el alcalde, su mujer, y un par de personas más suben al escenario. El alcalde da un discurso; el mismo de cada año, y tras eso una mujer de pelo verde, pestañas gigantescas y una vestimenta bastante ridícula le sustituye para decir los  nombres de los elegidos:
-Primero, las chicas.-Revuelve en la urna, esquivando algunos papeles hasta que un papel choca contra dos de sus dedos. Lo coge, vuelve hacía el micrófono y lo abre.-¡Johanna Mason! Ahora, los chicos.
Me apoyo en Willow e intento no caerme. Johanna Mason. ¡Esa soy yo!










Capítulo 2

Lágrimas, despedidas, y el tren.

Aún oigo en mi cabeza la voz de esa estúpida mujer con acento de Capitolio diciendo mi nombre. Mientras la gente me hace un pasillo para llegar a las escaleras del escenario, yo estoy mirando hacia atrás, buscando a mi hermano, desesperada, pero no le veo. Siento que no puedo coger aire, y tengo un gran peso en el pecho. Algo me tapona la garganta por lo que no puedo hablar y estoy a punto de ahogarme. Willow me aprieta la mano, y eso, hace que vuelva a la realidad. "Se valiente"- Pienso. Me froto la mejilla para disolver mis lágrimas y doy pasos cortos hasta llegar al escenario. La mujer, Minerva Brightness, que ya tiene la papeleta de los chicos en la mano derecha, me anima a subir más rápido, y una vez que estoy arriba, me conduce hacia el micrófono.
-Aquí tenemos a nuestra querida tributo del distrito 7.-Dice muy emocionada.- Ahora, leeré el nombre de tu compañero.
Enseña el papel a la multitud unos segundos, y procede a abrirlo. Creo que no me importa mucho quien sea, ya que mi hermano no puede salir, y Willow ya está a salvo.
-¡Wood Harrison!
¡Wood Harrison! ¡Le conozco! Y me importa más de lo que espero. Mis padres y los suyos trabajan juntos, se conocen desde hace años, y yo he hablado con él más de una vez.
Veo como Wood sube al escenario, más deprisa que yo, sin llorar. No parece asustado.
-Y aquí tenemos a nuestros tributos del distrito 7, para los septuagésimo primeros juegos del hambre. Daros la mano, por favor.
Miro a Wood a los ojos, pero veo su cara borrosa debido a las densas lágrimas que tengo en mis ojos. Le doy la mano, y justo después, Minerva dice:
-¡Felices Juegos del Hambre! Y que la suerte, esté siempre siempre de vuestra parte.
Los agentes de la paz nos llevan al Edificio de Justicia, y a cada uno nos dejan en una sala. No me fijo mucho en ella, solo me siento en un sillón granate y me pongo a llorar. "Voy a morir. ¡Voy a morir! Y no hay nadie que me pueda ayudar" Pienso. Justo en ese momento, mi familia entra. Paul, mi hermano, corre hacia mi. Rodeo su cuerpo con los brazos y me susurra:
-Vas a ganar. ¿Vale? No te rindas, nunca lo has hecho. Puedes hacerlo.
-No puedo Paul. Somos veinticuatro. Solo puede sobrevivir uno y... mirarme. ¿Cómo voy a ser yo?
- Siendo más lista que el resto.
Le miro a los ojos. ¿En serio cree que puedo ganar? ¿Tiene alguna esperanza? Miró a mis padres y me lanzo a sus brazos. No me dicen mucho más que Paul: Que puedo ganar, que soy lista, que soy rápida... pero no les veo tan convencidos como a mi hermano. Dos agentes de la paz entran por la puerta y de una manera muy brusca le dicen a mi familia que el tiempo ha terminado
-Johanna, puedes ganar. No te subestimes.-Dice mi hermano mientras me coge las manos.-Sé que puedes hacerlo. Confío en ti.
Y se va... Y quizá nunca vuelva a ver sus ojos. Y puede... que las últimas palabras que haya oído salir de sus labios sean: Confío en ti.
Miro mis manos, y veo una pulsera plateada. La pulsera que le regalaron a mi hermano en su décimo quinto cumpleaños. ¡Me la ha dado! Me la coloco en la muñeca y Willow entra por la puerta.
-¡Johanna!-Dice en un susurro.
-Willow...
-¿Qué piensas hacer?
Me encojo de hombros. No sé que haré. Sé que quiero volver a casa, pero no sé que hacer para conseguirlo.
Nos quedamos en silencio mirándonos. Observo su cara ovalada, sus grandes ojos, su piel pálida y su cabello revuelto. Quizá no la vuelva a ver. Seguramente, no la vuelva a ver.  Los agentes de la paz vuelven, lo único que Willow dice es:
-Adiós, amiga.
No me dice que tenga suerte, ni que puedo hacerlo, solo me dice adiós. Y sé que ese adiós significa que no cree que me vuelva a ver más. Sabe que no tengo muchas probabilidades de que sobreviva.
Los Agentes de la Paz nos llevan a Wood y a mi a un tren. Nunca había ido en tren. En la estación, las cámaras no paran de grabarnos. Debo de parecer penosa con los ojos hinchados, lágrimas en la cara... Y sé, que los profesionales del Distrito 1, 2, y 4, no dejarán pasar por alto que soy un tributo muy fácil para deshacerse de él. En cambio, Wood, no llora. Está serio y mira a las cámaras con rabia.
El tren va más rápido de lo que hubiese imaginado nunca. En pocos días estaremos en el Capitolio.
"El Capitolio, donde solo puedes ir si vas a ser parte de unos crueles juegos."-Pienso.
 Wood y yo estamos en un compartimento, sentados en dos sillones. Él me habla sobre sus despedidas, yo le digo que tengo miedo. Se podría decir que somos "amigos". Dejamos la conversación en cuanto Minerva Brightness y otro chico, nuestro mentor, Blight, aparecen en el compartimento.  Esta mañana estaba en el escenario junto a la mujer del alcalde, pero no me fijé mucho en él.
-Chicos.-Dice Minerva.-¿Os apetece ver las cosechas de los demás distritos?








Capítulo 3

Llegada al Capitolio.

-Chicos, ¿Vemos las cosechas de los demás distritos?- Pregunta Minerva Brightness con su insoportable voz, mientras se sienta en un sillón al lado de Wood. Coge un aparato plano, rectangular y de color grisáceo con un único botón en medio, y lo pulsa con la palma de la mano.
Un televisor emerge desde el suelo con la pantalla ya en movimiento. Veo un periodista. Están apunto de presentar todas las Cosechas. Comienzan con el Distrito 1. No me sorprenden. Seleccionan a un chico y a una chica, pero rápidamente aparecen dos voluntarios; un chico rubio y muy alto, y una chica rubia muy pequeñita que le llega al chico por los hombros. Ambos tendrán más de dieciséis años. En el dos ocurre lo mismo con los dos chicos elegidos. En el tres no aparece ningún voluntario, y los niños tienen las mejillas rojas. En el Distrito 4 -otro Distrito de profesionales- a diferencia de los dos Distritos profesionales ya vistos, sólo la tributo femenino es sustituida por otra chica que no llegará a los quince años. El chico es mucho mayor, alto y fuerte. En el cinco y seis no se presenta nadie. Luego mi Distrito. Me llaman, enfocan mi cara, empiezo a llorar y a buscar a Paul. Recuerdo la angustia. Luego llaman a Wood, y casi no me fijo en él, porque vuelvo a tener los ojos llenos de lágrimas. El Distrito 8, 9, 10, 11, y 12. Acaban las cosechas, y Minerva apaga el televisor.
-Chicos, no estamos lejos del Capitolio. Llegaremos mañana por la mañana. Descansad. ¡Mañana será un gran día!
Y Minerva desaparece dejándonos a solas con nuestro mentor. Guardamos silencio durante unos instantes, pero tengo que romperlo.
-¿Nos vas a ayudar?-Pregunto.
-Yo no puedo ayudaros allí. Os daré consejos, si los seguís, es probable que ganéis.
-¿Probable? ¿En una escala del 1 al 10, cuánto de probable es?-Le pregunta Wood, con tono irónico.
-Seamos sinceros... Dos, igual tres. Pero eso no es lo importante.
-Si eso no es lo importante, entonces dime, ¿Qué es importante? No nos estás ayudando.
Wood está alterado. Lleva todo el día fingiendo que está feliz, y un chico de quince años no puede asimilar tantas cosas en un día y luego estar como siempre. Porque ya nada va a ser como siempre, aunque regresemos a casa.
-Lo primero, debéis de ser amables con la gente del Capitolio, ellos pueden ser vuestra salvación. Segundo, lo importante es lo que podéis hacer allí dentro. Tercero, no pienso hablar de la arena hasta llegar al Capitolio.
Wood cruza los brazos y se reclina en el sillón. Tiene las mejillas rojas y me da la impresión de que está a punto de llorar.
-Descansad, mañana hablaremos sobre... esto.-Termina Blight.
Mi compañero en esta pesadilla y yo, nos encaminamos a nuestros compartimentos para dormir... o aumentar nuestros torturosos pensamientos.
-Pasa una buena noche Johanna.-Me dice, sabiendo que nuestras vidas durarán poco.
-Lo siento.-Es lo único que le puedo decir. Le acaricio la mejilla que aún la tiene roja.
-No es tu culpa Johanna. Yo también lo siento. Nos vemos mañana. Descansa.-Y desaparece.
Entro en mi compartimento, me desvisto y dejó el vestido verde de mi madre en el suelo. Me tumbo en la cama y me dejo llevar por el cansancio...
...Pero no por mucho tiempo. Cuando despierto, está amaneciendo. El colchón y la almohada están mojados por culpa de mi lágrimas. ¿Habré llorado mientras dormía? Me visto unos pantalones y una blusa y salgo al vagón-bar. Wood está allí. No le saludo, porque se ha quedado dormido en la mesa. Si Minerva le viera... Mi estómago hace ruido, y recuerdo que ayer me nege a cenar. Me acerco a la mesa. Hay cantidad de manjares, pero me limito a escoger una manzana. Antes de las diez, estamos en el Capitolio. Transcurren varias horas hasta que el último tren llega, como siempre, es el del doce, pues es el Distrito más lejano. Por la tarde, a cada tributo nos dejan con tres preparadores para la ceremonia de apertura.
Durante la preparación me limito a llorar, por el dolor emocional y físico, Lucius, el único que intenta mantener una conversación conmigo, me dice que no llore, que terminarán en un momento, pero el momento se hace de rogar. Mientras Lucius me habla sobre cosas a las que no presto atención, Petra y Silva hablan entusiasmadas sobre los Juegos, y eso, no me consuela. Por fin sin ningún pelo en el cuerpo, Vibia, mi estilista, me habla sobre nuestros trajes para la ceremonia de apertura. No me sorprende que vayamos de árboles. Llevamos siendo árboles desde la creación de los juegos, al igual que los del 10 van de vacas, y los del 12 de mineros.
Vibia me viste con un vestido marrón muy ajustado, como si fuese el tronco, en los brazos tengo guantes con flecos verdes, y en la cabeza un tocado con... ¿Plumas, quizá? verdes y marrones, que haría la copa de un árbol.
Una vez lista, nos dirigimos a el nivel inferior del centro de renovación, donde se encuentra un establo gigante. Allí están nuestros carros. Veo a Wood, tan ridículo como yo. Casi no llevamos maquillaje, tan solo sombras verdes, según Vibia para realzar nuestros encantadores ojos.
Observo a los demás tributos. Los del Distrito 1 llevan un atuendo impresionante. Un mono ajustado y dorado, con una capa, y con incrustaciones de piedras preciosas. Seguramente vuelvan a ser sus favoritos, como cada año. Los del 4, van en traje de baño, con una red envolviéndoles desde el pecho hasta los muslos. Los del 8 llevan un trozo de cada tela, cada una atada con un nudo en diferentes partes del cuerpo. Los del 12, se podría decir que van desnudos y recubiertos por una capa de polvo negro y tan sólo unos cascos de minero como atuendo de no ser por la casi invisible ropa interior que llevan. Normal que los favoritos siempre sean los del Distrito 1. No nos tienen nada que envidiar.
Subimos al carro. Nuestros caballos son marrones, como el tronco de los árboles. Vibia y Seberus, (Seberus es el estilista de Wood) nos desean mucha suerte, y nos aseguran que triunfaremos, pero eso es algo dificíl de creer. Sale el Distrito 1 hacia las calles del Capitolio, el 2, el 3, el 4... nos tocará salir ya. Me distancio un poco de Wood. No quiero que piense que somos amigos, pues igual nos tenemos que matar entre nosotros, aunque no me gustaría. El Distrito 5, 6... y nosotros. No veo nada, pero oigo la multitud, y pienso que debo disfrutar de esto, pues mis días se van consumiendo.










Capítulo 4

El Desfile

¡No debería de haber pensado eso! ¡No debería! Porque noto que mis ojos vuelven a estar llenos de lágrimas, y se me hace difícil ver con claridad. Me agarro con fuerza al borde del carro para no perder el equilibrio. Las lágrimas se me deslizan lentamente por la mejilla e inhalo aire poco a poco haciendo ruiditos extraños. Wood me mira de soslayo, pero no llega a girar la cabeza. El está sonriendo hacia la multitud, con una gran sonrisa en la cara y moviendo la mano en forma de saludos. Oígo a la gente. Está aclamando al Distrito 1 y al Distrito 4. Alguno pronuncia el nombre de algún otro Distrito, pero esas voces son casi inaudibles.
¡Deja de llorar!-Me obligo a pensar.
Miro las grandes pantallas colocadas en algunos edificios. Las cámaras enfocan casi siempre a los espectáculares tributos del Distrito 1. Pero durante unos instantes me vi a mi, con las lágrimas en la cara y la sombra verde demasiado extendida, al lado de un Wood aparentemente feliz.
Miro otra vez a la gente del Capitolio. Contenta porque empiezan los 71º Juegos del Hambre. Les odio. ¿Cómo pueden dejar que 24 niños sean lanzados a un sitio solos acompañados de su suerte? Si es que la tienen.
Los doce carros llegan al Círculo de la Ciudad, y los caballos paran justo en frente de una gran mansión. La música termina y el Presidente Snow aparece en uno de los balcones de la mansión. ¿Será su casa?
-Bienvenidos, tributos...
Juraría que su voz se puede escuchar desde cualquier recoveco de la ciudad. El Presidente nos da la bienvenida, un gran discurso parecido al Tratado de la Traición que el alcalde del Distrito 7 dijo el día de la Cosecha, y nos dio las gracias por estar allí. Durante el discurso, todos los tributos aparecen en televisión, y como de esperar, los del 1, aparecen más de lo normal.
Los caballos vuelven a moverse y los carros desaparecen en el Centro de Entrenamiento. Por fin he dejado de llorar.
"¡Tarde!-Pienso.-"Demasiado tarde. Nadie se habrá fijado en ti."-Me repito.
Wood salta del carro antes de que los caballos terminen de parar. Va directo hacia nuestros etilistas. Vibia le felicita, y Seberus le da un golpe suave en la espalda. Paran los caballos y me bajo con cuidado. Veo que Vibia viene directa hacia mi con sus brazos en jarras.
-¿Se puede saber que has hecho?
-Lo siento.-Me limito a decir.-No ha sido mi intención, no...
Tengo un nudo en el estómago y no puedo hablar. Veo a Wood. Se ha ganado a los espectadores y parece ser que ya está hablando con algunos tributos, los del seis. Parece ser que mi querido amigo no dudará en matarme dentro de unos cuantos días en la arena.
Voy hacia el ascensor, sin esperar a Wood. Ahora mismo si estuviesemos en los Juegos, no me importaría mucho que le hubiesen atravesado con una lanza. No voy sola en el ascensor por desgracia. Miro a mi alrededor. Somos cinco. Los dos tributos del 2 y los dos del 10 que van de vacas. Mi piso es el siete, al igual que mi distrito, por lo que presiono el botón de dicho número.
-Estas en un sitio equivocado.-Dice la chica del 2. Y sé que se dirige hacia mí.-No durarás un día en la arena.
El chico se me acerca y se pone en frente de mí. Tiene unos ojos muy oscuros y solo me transmiten malas vibraciones. Es mucho más grande que yo. Con una sola mano podría matarme. Me toca la cara. Quiere intimidarme, y lo está consigiendo.
-¿Ya dejaste de lloriquear? Niñita.
-Dejala Grint. Deja que siga con sus llantos.-Vuelve a decir la del dos.
El ascensor se para y los dos tributos del dos salen del ascensor y comienzan a reirse mientras miran con ojos de satisfacción. Sé que irán a por mi. ¡Genial!
Me quedo a solas con los del 10. A veces cruzamos miradas, y sé que sentimos lástima los unos por los otros. El ascensor llega a mi planta y salgo sin articular palabra.
 Cenamos. Sigo enfadada con Wood por lo que me limito a responder a las preguntas que me hacen con un sí o un no. Blight no está contento conmigo. Comenta cosas sobre que tenemos que dar buena impresión y que está muy contento con la actitud de Wood. Y eso es una clara indirecta. Con la actitud de Wood, y sólo de él. Me levanto y me dirigo a mi cuarto. Mañana será nuestro primer entrenamiento, por lo que me voy a dormir pronto para estar descansada.











Capítulo 5

Dudas

Cuando abro los ojos todo está oscuro. Apoyo el codo sobre el colchón de la cama, sujetando con la mano mi cabeza. Hoy me va a tocar un largo y duro día de entrenamiento. Me levanto de la cama para dar la luz cuando una sombra me sorprende. Doy un respingo. Enciendo la luz, y veo a una chica. Es alta, esbelta, de piel morena, con ojos y cabello oscuros. Tiene en sus manos un traje. Lo deposita con cuidado en la cama.
-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?
Sacude la cabeza de un lado a otro. Mira hacia el suelo, se inclina un poco y se va. Me visto con la ropa que la chica me ha dejado sobre la cama. Salgo de mi habitación, y me encuentro que en el comedor, Wood y Blight están hablando. Aún odio a Wood, y verle hace que se me revuelva el estómago, pero pienso que eso no me puede afectar, ya que él es mi enemigo, y que debo de coger peso para los Juegos. Me siento en la silla que está al lado de Wood y observo todos los alimentos que hay encima de la mesa. Me bebo un vaso de chocolate caliente y pan tostado con miel. Blight espera a que acabemos para hablar.
-¿Queréis entrenar juntos?
Wood afirma, y yo no digo nada.
-Necesito saber cosas de vosotros. ¿Habilidades? ¿Tenéis?
Wood me mira, y yo le ignoro, paseando la mirada desde la cara de Blight hasta los alimentos que aún están sobre la mesa.
-Sabemos utilizar el hacha. Llevamos trabajando de leñadores desde los diez, por lo que igual el hacha es una buena herramienta para ambos.
¿Sabemos? ¿Ha dicho sabemos? Es cierto de que más de una vez hemos trabajado juntos en los bosques del Distrito 7 talando árboles, pero no por ello tiene derecho para hablar sobre mí.
-Yo soy rápida.-Digo, para intentar que Wood se sorprenda.-Sé que no es un arma, pero puedo huir si hay alguien cerca.
-Muy bien.-Contesta nuestro mentor.-Practicar con todas las armas, mejorad con el hacha, y que no se os olvide visitar los puestos para hacer fuego, nudos... Ahora iros. No querréis llegar tarde el primer día.
Asentimos y me dirigo con Wood al Centro de Entrenamiento. Al entrar, un chico nos pone en la espalda el número de nuestro Distrito.
-¿Estás bien?-Me pregunta Wood, mientras me pone una mano encima del hombro. Me la quito de encima y me doy la vueta.- ¿Se puede saber qué te pasa?
-A mí nada. Eres tú, siendo tan feliz aquí, haciendo amigos de otros Distritos.
-¿Estás celosa de los del seis?
-¡No! ¡Estoy furiosa porque no dudarás en matarme!
Intento marcharme, pero Wood me coge del brazo y me lleva hacia él, dádome un abrazo.
-¿Estamos juntos en esto, vale?-Dice susurrándome al oído, mientras me pone un mechón de pelo tras la oreja.
Me separo de él, dudando entre volver a confiar o no. Me alejo poco a poco hacia donde los tributos empiezan a reunirse. Una mujer - Atala - empieza a explicarnos cosas sobre el entrenamiento. Nos explica las normas, los puestos, y que no podemos entrenar contra otros tributos. Una vez acaba, intento decidir a donde ir.





Capítulo 6

Primer día de entrenamiento.

No sé a donde ir primero. Hay demasiados puestos y armas, y sólo tenemos tres días para entrenar. Miro a los profesionales. Las chicas del uno y el dos están en el puesto de tiro con arco, el chico del uno está con las mazas, el del dos con las espadas, y los dos del cuatro hablan mientras sostienen unas lanzas en sus manos. Wood aparece por detrás.
-¿Qué hacemos primero?
Pongo los ojos en blanco y voy hacia las hachas. Elijo una. Es mucho menos pesada que las que utilizamos en mi distrito.
-¿Hachas? Ya sabemos manejarlas Johanna.
-Quiero saber que puedo llegar a hacer con ella.
Me pongo en frente de un maniquí. Sostengo el hacha con ambas manos, dudando de mi fuerza. Alzo el hacha sobre mi cabeza, y le doy un golpe al maniquí, en lo que sería el costado.
-Puedes hacerlo mejor. Mira.
Observo a Wood, se dirige a los maniquís con dianas en el centro del cuerpo, y en la cabeza. Sujeta el arma con la mano derecha, la alza detrás de su cuerpo, y la lanza hacia las dianas. Le da justo en la cabeza. Me sorprendo. Lo intento yo, pero no llego hasta el maniquí. Me enojo y me voy hacia el puesto de escalada. Wood me sigue.
-No te enfades. Si sigues practicando podrás hacerlo.
Mientras me pongo el arnés, pienso en que igual Wood tiene una estrategia. Igual quiere saber que se me da bien para saber si soy o no un rival difícil.
-¿Has visto a los avox?-Pregunta, intentando cambiar de tema.-Minerva me explicó que son traidores a los que le cortan la lengua, y no pueden hablar.
-¡Oh! Por eso hoy...-Digo.-No tiene importancia.
Wood y yo escalamos la pared un par de veces, hasta que nos damos cuenta de que no se nos da mal. Pasamos al puesto de tiro con arco, que está vacío, excepto por la chica del seis. Que yo recuerde, lleva ahí todo el día de entrenamiento.
-¿Qué haces todavía aquí Dorothy?-Pregunta Wood. Me había olvidado de que ya se "conocían". La chica coge otra flecha, apunta y dispara.
-No sé hacer nada. Pienso, que si me entreno mucho en algo, puedo sobrevivir.
-Igual no hay arcos en la arena. Recuerdo los juegos en el desierto, donde solo había mazas.-Miro a los profesionales del Distrito 1, que están con ellas.
-Sería genial estar con ellos en la arena.-Dice Wood.-Tienes más posibilidades de vivir, y no lo pasan tan mal como el resto. Siempre tienen de todo.
Hago una mueca, porque tiene razón. El entrenamiento acaba, y nos reunimos todos los tributos para comer. Al parecer Wood quiere almorzar con Ethan y Dorothy -los tributos del 6- y quiere que yo vaya con ellos. Pienso que igual es bueno. Podríamos ser aliados. Pero hablar de los Juegos ahora no es una buena idea.
-¿Qué tal con tu idea, Dorothy?-Pregunta Ethan con entusiasmo.
-Voy mejorando.
-Eso es bueno.-Responde-¿Y vosotros que tal?
Dorothy tiene una voz muy dulce y tranquila. Debe de tener la misma edad que yo, en cambio Ethan parece tener más la edad de Wood.
-Hemos estado en algunos puestos. Pero no sabemos hacer gran cosa.
-Al menos sabes lanzar un hacha y darle a alguien a la distancia. Yo me quedó a la mitad.-Me pongo furiosa, y se me quita el apetito.-No tengo hambre.
Me levanto, cojo la bandeja y me choco contra el chico del dos. Me mira por encima del hombro.
-¡Que raro que no estés llorando, niñita!
Su compañera de Distrito está detrás suyo, y se ríe.
-Te hemos visto con el hacha. No eres muy buena para ser leñadora. ¡Creo que yo lo hago mejor que tu!-Dice la chica.- Vas a morir, ¿Lo sabías? Morirás el primer día.
-Vámonos Leonnora. Creo que ya sabe que no durará mucho.-Dice el chico del dos. Recuerdo que se llamaba Grint.
Me doy cuenta de que empiezan a caerme las lágrimas por las mejillas.
-Esa es la chica que recordaba.-Vuelve a decir Leonnora.
Dejo caer la bandeja al suelo y voy corriendo hacia el ascensor.






Capítulo 7

Puntuaciones

Durante los dos días siguientes de entrenamiento, Wood no se separa de mí, y evita que los profesionales se acerquen a mi. Pienso que está exagerando demasiado, ya que una vez estemos dentro de la arena no podrá protegerme. También descubro algunos nombres de los otros tributos. Por ejemplo, sé que el chico del uno se llama Gold, y su compañera Rubi. Nombres normales para gente del Distrito 1. La chica del tres se llama Electra, y la del cinco Wind. El chico del doce, al que ayude el segundo día de entrenamiento a ponerse el arnés, se llama Coal, y me dijo que este año piensa que ganará uno de los tributos del dos. Le di la razón, porque se ven muy seguros de sí mismos.
El tercer y último día de entrenamiento, Wood me enseña a lanzar el hacha sin que caiga a los pies de los maniquís.
-Lanza con más fuerza, Johanna. Olvida las hachas del Distrito 7.
Y por absurda que parezca su idea, funciona. Siempre le doy a los maniquís en sitios vitales para una persona. Después de la comida, los vigilantes empiezan a llamar a los tributos. El primero en entrar es Gold. Camina con una sonrisa en la cara. ¿Que hará? Le he visto, y es muy bueno en todas las armas. Distrito a distrito, tributo a tributo, la sala empieza a quedarse vacía. Llaman a Dorothy. Seguramente les enseñe lo que es capaz de hacer con el arco.
-¿Qué piensas hacer?
-El hacha. Es lo único que creo que se me da algo bien.-Contesto.
-Creo que yo también haré algo parecido.-Me responde.
-Esperemos que pongan dos hachas en la arena.-Dejo escapar una risita tonta, pero lo que acabo de decir es verdad. Que solo hubiese un hacha en la arena significaría que Wood y yo deberíamos pelear por ella.
Llaman a Wood, le deseo suerte, y desaparece por la puerta. No pasan mucho más de cinco minutos y los altavoces reproducen mi nombre.
-Johanna Mason. Tributo femenino. Distrito 7.
Me levanto y miro a los demás tributos. Todos callados. ¿Qué esperaba? Nadie me iba a desear suerte. Voy hacia la puerta.
-Hazlo bien.-Dice una voz.
Giro la cabeza, y veo a Coal. Me está sonriendo.
-Gracias.-Susurro, y entro a la Sala de Entrenamiento.
Está vacía, y de no ser por las conversaciones de los Vigilantes, estaría silenciosa. Me dirigo a las hachas, colocadas al lado del puestro de pintura.
-Johanna Mason. Distrito 7.-Logro decir. Noto un nudo en el estómago.
Los Vigilantes no están muy atentos, pero voy hacia los maniquís con los que entrené la primera vez, antes de lanzar. Imagino que acaban de ver a Wood lanzar hachas, por lo que me dedico a dar golpes con el maniquí con mi arma, hasta que me doy cuenta de que el maniquí está ya algo maltratado. Entonces, en un instinto, me doy la vuelta, y lanzo el hacha hacia los maniquís de la diana. Estoy más lejos de lo que había lanzado antes, pero consigo darle en el hombro. ¡En el hombro! Dejo el arma clavada en el maniquí y me voy al ascensor que me llevará a mi planta. ¿Cómo he podido darle al maniquí en el hombro? Es mejor que no haberle clavado el hacha, pero después de ver a Wood, eso habrá sido penoso.
Minerva, Blight, y Wood me esperan en el sofá.
-¿Que tal te ha ido?-Preguntan al unísono.
-Bien. Estuve clavándole el hacha a un maniquí hasta que me cansé y la lanze.
-¿Y le diste?-Pregunta Wood con entusiasmo.
-En el centro.-Miento.
Pasa la tarde, y llega la noche. Minerva, nuestro mentor, Wood, Seberus, Vibia y yo, nos reunimos para ver las puntuaciones. En el televisor aparecen dos periodistas, hablando de que estos Juegos prometen, y así, comienzan con las puntuaciones. Me muerdo las uñas. No sé que nota puedo obtener. ¿Un cinco? He sido rápida dándole al maniquí, aunque se me desviase un poco el hacha al lanzar. Espero tener al menos un cinco.
Gold tiene un diez, al igual que su compañera de distrito. Grint consigue un nueve, y Leonnora un diez. Seguro que a Grint le ha molestado eso. Los del tres se conforman con un cinco. El chico del cuatro, Cliff, tiene un siete, y me sorprende porque es un profesional y ellos no suelen bajar del nueve. Oceanna, su compañera, tiene un nueve. El chico del cinco saca un cuatro, y Wind un seis. Ahora vienen los del seis, Ethan y Dorothy. Ethan saca un cinco, y Dorothy un ocho. Me alegro por ella. Ahora viene Wood. Se inclina para ver mejor la televisión.
-Wood Harrison... un chico interesante. Su puntuación, un... ¡Siete!
Minerva grita, y Blight, Vibia, y Seberus le felicitan. Tras eso, Blight suelta un comentario que me duele.
-Creo que ya se han acabado las emociones.
Pero intento ignorarlo y miro la pantalla. Los periodistas bromean un poco y luego me nombran.
-Johanna Mason.¡Un generoso cinco!
¡Un cinco! Justo lo que me esperaba. Wood me felicita, Minerva me da un beso, y Vibia y Seberus me dan un pequeño abrazo. Blight hace un mohín, y sigue mirando la pantalla.










Capítulo 8

Preparación

Oigo a Minerva llamando a la puerta y diciéndome cosas que intento ignorar. Hoy he dormido mal, y pensar que mañana estaré en la arena hace que me sienta peor. Me visto sigilosamente, y Minerva sigue aporreando la puerta. Salgo, y me encuentro con ella. Empieza a hablar sobre la irresponsabilidad. Desayuno junto a ella y Wood hasta que aparece Blight y nos informa que hoy pasaremos la mayor parte del día con ellos dos. No me hace gracia pasar el poco tiempo que me queda con ninguna de esas dos personas, aunque para ser sincera, prefiero la compañía de Minerva.
-Wood empezará con ella. Y Johanna, conmigo.-Espeta Blight sin mirarme. Seguramente esté deseando verme morir.
Mi compañero se va con Minerva, y Blight y yo nos quedamos a solas en la sala. Durante unos minutos permanecemos callados mientras observo como devora un trozo de pastel.
-Blight...-Intento decir, pero mi voz no es estable.-Yo, yo se que quieres verme morir. Pero...
-Creo que te confundes. No me gusta tu actitud, en general, no me gustas, pero no disfruto viendo como llevan a niños inocentes a una muerte segura. Si me ves con esos ojos, estás muy equivocada.
-Blight... no quiero salir ahí fuera hoy.
-¿Y qué pretendes? No tienes ningún patrocinador. ¡Ninguno! Es tu última oportunidad, a no ser que seas una escurridiza asesina, es tu última oportunidad.
Está furioso. Sé que las lágrimas podrán caer en cualquier momento, pero me obligo a quedarme seria. Él, tiene razón.
-¿Y que puedo hacer?
-Agrada a la gente. Di que este sitio es muy bonito. Intenta ser dulce. Pega con tu perfil, y a la gente le encantará. Sólo hay una regla: ¡No se te ocurra llorar!
Me hace una serie de preguntas, al parecer le gusta como contesto. Aunque a veces esté a punto de romper su única regla, consigo cumplirla.
Tras estar con Blight, voy hacia la clase de Minerva. Wood me desea suerte, pero no tengo ni idea de que puede enseñarme Minerva. Nada más entrar a la habitación, veo que estoy muy confundida. Me pone un vestido, unos zapatos de tacón y me obliga a caminar. Al principio pierdo el equilibrio constantemente, pero luego es más sencillo... si no tengo en cuenta el largo vestido. También me enseña a como sentarme, y que siempre debo de cruzar las piernas. No creo que me acuerde de todo para la entrevista.  Después de esto, nos llevan a Wood y a mi con nuestros estilistas.  Vibia, hace que me vista con un sencillo vestido verde sin tirantes que me llega hasta los tobillos, mientras que mi compañero lleva un traje negro con una camisa verde. El verde me recuerda a los bosques de mi Distrito. Añoro ese lugar, aunque no tuviese una vida fantástica.
Las entrevistas comienzas. Caesar Flickerman, este año, lleva el pelo de color naranja. Hace pasar a Rubi, la chica del uno, que lleva un precioso vestido morado. Está muy convencida de que ganará, al igual que Gold, su compañero. Leonnora es arrogante. Grint lanza indirectas hacia mi sobre los lloros en los entrenamientos, y Caesar se da cuenta de que van por mí. Los chicos del tres -Electra y Steven- contestan con sinceridad y a veces con gracia. Oceana sigue los pasos de Gold. Cliff es bastante misterioso ya que deja la mitad de las respuestas en el aire. Wind, la chica del cinco, es muy modesta, y su compañero, Trevor, intenta ser simpático aunque los resultados no son muy buenos. Luego pasa Dorothy, con un vestido corto de color azul. Es agradable, contesta con calma, y habla sobre lo maravilloso que es estar aquí. Ethan intenta imitarla. Y luego...
-Bueno, ese muchacho es increíble. ¿No lo creen, amigos?-Suelta Caesar.-Y ahora, viene otra maravilla. ¡Distrito 7! ¡Johanna Mason! ¡Adelante!
Cojo aire y espero no tropezar con el escalón. Me dirigo al sillón que está al lado de Caesar. Recuerdo todo lo que Minerva me dijo. Espalda recta, piernas cruzadas, barbilla alta... y empiezan las preguntas.









Capítulo 9

La Entrevista y la larga noche.

- Bueno Johanna, cuéntanos tu primera impresión del Capitolio.
 Me tiemblan las manos, y no paro de morderme el labio inferior. Miro al público. En la primera fila está Vibia, sonriente, esperando mi respuesta.
-Pues... creo que es un sitio muy bonito y elegante. Es muy distinto a mi Distrito.
-Muy distinto a su Distrito amigos.-Repite.- ¿En qué se diferencian?
-Aquí no hay bosques. Donde yo vivo hay árboles por todas partes.
-No hay bosques... Y dinos, ¿Qué sentiste cuando te eligieron en la Cosecha?
Y esa es la pregunta que lo estropea todo. Se me dificulta la visión por culpa de las lágrimas que empiezan a rodar por mi rostro. Siento a Blight gruñir y pensar que ya todo va mal, así que intento arreglarlo.
-Perdón, es que estoy muy nerviosa. Nunca había hablado delante de tanta gente.-Esbozo una sonrisa mientras me froto las mejillas.
-¡Oh claro! Debe de ser mucha presión hablar para delante de todo Panem por primera vez. Aún me sucede a mí. ¿Verdad amigos? ¿Quién no ha estado nervioso nunca?
Empiezan a levantarse voces de entre el público e intento parecer agradable.
-Entonces creo que me comprenden.
Digo mientras hago una mueca mirando al público. Responden un <<si>> muy largo y al unísono.
-¿Y que pretendes hacer en la arena? ¿Eres buena con algún arma? Los Vigilantes te dieron un cinco en la prueba privada.
-No, no soy buena con ningún arma en general, pero aún así, creo que podré ganar estos juegos.-Miento.- La esperanza es lo último que se pierde, ¿no?
-Oh, por supuesto querida.
Suena el gong y Caesar me despide, desandome suerte en los Juegos. Vuelvo hacia donde están los demás tributos. Ahora le toca a Wood. Me acaricia el brazo y le dedico una sonrisa de ánimo. Se dirige hacia Caesar, se saludan como si se conocieran desde siempre, y se sientan.
-Bueno Wood, no está nada mal tener un siete en las pruebas.
-No, no me puedo quejar.-Responde.
-¿Eso significa que nos sorprenderás en los Juegos?
-Yo solo puedo decir que... no me perdáis mucho de vista, porque donde yo esté, pasarán cosas interesantes.
Ese no es el verdadero Wood. Está fingiendo, por supuesto. Él mismo dijo que no tenía muchas posibilidades... como todos. La entrevista de Wood y la de los demás tributos pasan, así que nos dirigimos a nuesta planta. En la cena,-quizá mi última cena-, quiero saber que tal lo hize.
-Blight, ¿Qué tal..?
-Has mejorado. Muy inteligente, con la escusa. Me gustó tu rápidez para pensarla.
-Gracias.-Me limito a decir. Quería decir que no era una escusa, pero no convencería a nadie.
Minerva nos manda pronto a descansar, ya que mañana será el día más importante de nuestras vidas... de momento- según ella.-
No consigo dormir en toda la noche. Doy vueltas en la cama e intento cerrar los ojos, pero cuando lo hago imágenes sobre mi muerte me persigen y hacen que abra los ojos. Una vez consigo dormirme, no tardo en despertarme, gritando. Wood viene a mi habitación. Dice que está preocupado por mí, y que tampoco puede dormir.
-¿Crees que mañana sobreviviremos?-Le pregunto.
-Igual. Puede que si sobrevivamos el primer día, pero yo no creo que regrese a casa.
-Yo tampoco.-Suspiro, y me tumbo en el colchón, con la cabeza en el hombro de Wood. Me acaricia la mejilla.
-Aún no me creo que vaya a morir.
-Tal vez ganes. Eres bueno con el hacha, sabes escalar árboles, y se te da bien hacer trampas. Tal vez, vuelvas a casa.
-No volveré a casa. Es raro, ¿sabes? Porque creo estar viviendo en una pesadilla y que despertaré en cualquier momento, aunque sé que no sucederá. Sólo espero que mi muerte sea rápida.
Intento esquivar el tema de la muerte y de los Juegos.
-¿Los profesionales dormirán tranquilos?-Pregunto.
-Los del 2 y los del 1, sí. Igual, también la tributo del 4, pero su compañero no lo creo. No va demasiado con ellos. Creo que detesta tanto como nosotros estar aquí.
Me río, y después, nada. Silencio y oscuridad. Pero ambos seguimos despiertos, intentando asumir que vamos a morir. Anque resulte bastante dificíl.











Capítulo 10

La Arena

Me levanto con cuidado por si Wood duerme. Tiene los ojos cerrados y está muy serio. Aún tiene cara de niño, acababa de cumplir los quince años hace unos meses, cuando empezó la primavera, si no recordaba mal. Abre los ojos, y me encuentro con su iris grisáceo.
-Buenos días.-Me dice, con un tono de voz algo irónico.- No has dormido en toda la noche.
-No he podido cerrar los ojos.-Le contesto.
Vamos a desayunar. Los dos comemos todo lo que podemos mientras Minerva apuesta que estos Juegos serán mucho más interesantes con nosotros dos como tributos. Blight resopla, e intenta que se calle, sin éxito...
Después del desayuno, todo pasa muy deprisa. Blight nos acompaña hasta el aerodeslizador y nos da una última regla:
-Sé que muchos otros mentores os dirían lo contrario, y que pensarían que estoy realmente loco, pero id hacia la Cornucopia. No creo que sobreviváis mucho tiempo sin un arma, comida, y cosas básicas... No os entretengáis mucho. Coged varias cosas y corred, pero no huyáis sin nada en las manos.
Ambos asentimos, nos despedimos de Blight, y subimos al aerodeslizador que nos llevará a la arena. Antes de despegar, una agente de la paz me coloca algo en el brazo. Un intenso dolor me recorre el brazo cuando me lo inserta.
-¿Para qué sirve?
-Para localizaros.
El aerodeslizador despega. Visualizo a mi compañero. En la fila que está en frente de mí, cuatro asientos a la derecha. Al lado de la chica del 12-Wendy- y la del 10 -Lynn- En frente de mí, está Spike, la chica del once. Tiene los ojos hinchados de tanto llorar. Le tiembla el cuerpo. Le cuesta inhalar aire. Sabe que no regresará. Cierro los ojos e intento no pensar. Noto como agua empieza a deslizarse por mis cálidas mejillas. No las evito. No soy la única que llora. No soy la única que está angustiada.
En 30 minutos estoy en el subsuelo de la arena. Tres agentes de la paz me conducen hacia una sala. Allí, está Vibia, esperándome. Está con los brazos cruzados y sonriente. Sé que es del Capitolio y que estos Juegos la enorgullecen, pero no dudo en lanzarme a sus brazos. Lloro. Me acaricia el pelo, y me dice que es normal que esté asustada, pero que volveré. Eso me hace pensar en que igual la sonrisa de Vibia es una fachada, pero me siento tonta al pensar eso. Me desprendo de ella, y va hacia un perchero, en el que hay una prenda. Es un abrigo. Me lo pone con cuidado.
-Es tu vestimenta para los Juegos.
Toco el traje. Parece plástico, pero es mucho más maleable. Es de color verde oscuro, y me alegro de llevar ese color. Dejo escapar la sombra de una sonrisa.
-¿Dónde crees que iré?
-Por el traje, a un lugar húmedo, pero frío a la vez. Lleva un forro por dentro. ¿Ves?-Dice enseñándome una suave piel de pelo negro que está en el interior de mi abrigo. -¡Oh! ¡Casi se me olvida! Ten.
Me da la pulsera metálica de mi hermano. Lucius y los otros me la quitaron durante mi primera sesión y yo no me preocupé demasiado.
-Gracias.-Contesto. Sé que a los tributos les dejan llevar un símbolo de su distrito, y supongo que este será el mío. Símbolo de mi Distrito y de mi familia.
-30 segundos.-Dice una voz que me repiquetea en el cerebro. Voy hacia el tubo que me elevará hacia mi muerte, y me metro dentro de él.
-Que la suerte, esté siempre, siempre, de tu parte.-Me dice Vibia.
Me coloco la pulsera y el tubo se cierra. Comienza a elevarse y me pongo más nerviosa de lo que estaba. Un escalofrío me recorre la espalda, y pequeñas gotitas empiezan a estrellarse contra mi cuerpo.
-¡Damas y caballeros que comienzen los septuagesimo primeros Juegos Del Hambre!-Es la voz de Claudius Templesmith.
No puedo observar nada del paisaje. La lluvia y la niebla, hacen que vea muy mal. Entonces veo que todos los tributos están dentro de sus plataformas, y a la vez, dentro de una de madera.
"¿Dónde estoy?"-Pienso.-"¿Dónde?
Miro a mi derecha y veo una montaña, a mi izquierda otra, al lado de la plataforma pasa un río que sigue hacía adelante. A mis lados están Grint y Coal. Miró la cuenta atrás. 40 segundos. Diviso la Cornucopia llena de armas. Intento localizar un hacha. No puedo ver nada. 30 segundos. Soy rápida. Debo de llegar pronto y salir pronto. 20 segundos. Ve hacia las montañas. Eres ágil, puedes escalarlas, aunque sean bastante empinadas. 10 segundos. Coge una mochila. 5 segundos. Me pongo en posición de carrera, y espero a que el suena el pitido que indica el comienzo de los Juegos. Suena, y empiezo a correr lo más deprisa que mis piernas me permiten.





Capítulo 11

Baño de Sangre

Grint corre más deprisa que yo, y llega antes a por las armas, aniquilando a todo al que se cruce en su camino. Con las pesadas botas se me hace difícil correr. Veo un hacha. ¡Debe de ser mía! Me agacho mientras corro y cojo una pequeña bolsa de color negro. Sigo corriendo hasta la cornucopia que es dónde está el hacha, pero antes de llegar, afortunadamente, me caigo, y un cuchillo pasa sobre mi cabeza. Miro en la dirección de donde provenía el cuchillo. Leonnora. Me arrastro con las manos hacia atrás, intentando levantarme. Se ha quedado sin cuchillos, pero tiene una espada. Se acerca a mi, pero antes de que me la clave, veo a Wood detrás de ella, con mi hacha. Se la clava en la cabeza, y Leonnora cae al suelo.
-¿Qué has hecho?-Intento gritar, pero no creo que me haya oído por el estruendo.
-Corre.-Leo sus labios antes de que un cuchillo se le clave en el corazón.
Me arrastro y me levanto antes de que acabe muerta. Miro hacia mi izquierda en busca de un arma, ya que lo único que tengo ahora es una bolsa y debido a su pequeño tamaño no creo que contenga mucha cosa. Veo una ballesta y voy a por ella, pero el chico del Distrito 11, Sickle, la coge dos segundos antes que yo. Intento huir, pero me apunta con ella. El chico del uno está detrás de él y se acerca corriendo. Cierro los ojos para mi final. Pero cuando los abro, solo veo al chico del once en el suelo, con el cuello lleno de sangre, y a Gold reuniéndose con su compañera de Distrito. Huyo sin armas hacia la montaña. Me canso cuando voy por la mitad de la colina. Es un terreno muy empinado, pero me obligo a seguir porque si no moriré. Mientras, preguntas me recorren la mente. ¿Wood me salvo?  ¿Por qué el chico del uno no me mato? ¿Cuántos habrán muerto? Recuerdo al chico del once muerto, a Leonnora con el hacha en la cabeza.
"No sobrevivirás al primer día"-Me decía. Sonrío. ¿Quién no ha sobrevivido al primer día? Pero me asusto al pensar eso. ¡Esa chica ha muerto! No puedo alegrarme por su muerte. Sigo corriendo por la montaña. Debo de encontrar un lugar seguro para dormir, y no muy lejos del río, ya que puede que esa sea mi única fuente de agua.
Sigo pensando en las muertes, y sobretodo en Wood. Hace tan sólo unas horas, estaba intentando dormir junto a él, y ahora... Siento una presión en el pecho, y empiezo a llorar. Solo tenía quince años. ¿Que estarán diciendo sus padres? ¿Y sus dos hermanos pequeños? ¿Y sus amigos? Ahora su cuerpo frío será enviado de vuelta al Distrito. No puedo evitar llorar. Me siento en una roca. Estoy cansada. Miro a la plataforma de madera. Ahí siguen los profesionales, los dos del uno, Grint, y los dos del 4, rodeados de cadáveres. Desde aquí me pueden ver. Estoy segura de ello. Pero no puedo moverme. La tristeza me inmoviliza. Me limpio las lágrimas y espero a que suenen los cañonazos... o a que vengan a por mí, lo que surga primero.




Capítulo 12

Primer día en la Arena

Estoy completamente segura de que me han visto, pero en vez de venir en mi dirección, los cinco profesionales recogen armas, mochilas y alguna que otra cosa para seguir la corriente del río. Intento contar los cuerpos, pero no los distingo demasiado bien ya que algunos están encima de otros, y no quiero mirar durante mucho rato. Cuando todo el campo de batalla queda despejado, un aerodeslizador para encima de la plataforma de madera para llevarse a los tributos muertos. Pienso en Wood, y me levanto para subir la montaña. Wood me salvó la vida. Mato a Leonnora para que pudiese escapar. Me protegió, y ahora él ya no está. Camino observando el paisaje. La lluvia ha parado, pero la niebla sigue presente. Recuerdo a Vibia, hace menos de un par de horas diciéndome que iba a ser un sitio húmedo y frío. No se equivocaba. Hacía frío, pero yo aún no lo sentía ya que la temperatura de mi cuerpo era elevada debido al esfuerzo. Levanté la vista para ver la pendiente. No creo que muchos tributos se hayan decantado por subir la montaña. Los cañonazos hacen que vuelva a la realidad. Empiezo a contar. Nueve cañonazos, así que, de momento han muerto nueve. Quedamos quince.
Tengo que buscar refugio para esta noche. Si duermo sin un refugio, sería demasiado fácil matarme, y no soy tan tonta como para quedarme sin protección con catorce personas intentando matarme. Me doy cuenta de que tengo una bolsa. Es pequeña, con una cremallera en un lateral. La abro, deseando que sea comida, pero para mi sorpresa, solo contiene una cosa. Un gran plástico cuadrado de color azul. ¿Para que puede servirme esto?
Ando hasta la cima de la montaña, y allí, en la parte más elevada, solo diviso montañas y más montañas. Por el lado opuesto por el que subí, hay un barranco, y está demasiado alto para que me arriesge a bajarlo sin cuerda, pero abajo hay un río. Probablemente sea el mismo que el río del otro lado. Entonces pienso en el agua, y que tengo que volver a bajar. Pero quizá me confunda. Es un sitio húmedo, suele llover. Creo que ya sé para que me puede servir el plástico. Sigo caminando por la cima. En toda la subida, no he visto ni un árbol, ni nada con lo que pueda hacer una trampa. No he visto animales, si no cuentas los insectos del suelo, y lo único de lo que puedo alimentarme y que esté a la vista es eso. Intento seguir buscando comida, ya que no me gustaría comer insectos, y sé que puedo comer otra clase de cosas.
Tengo sed, y veo que las nubes grisáceas vuelven a cubrir el cielo. Cojo unas cuantas rocas, dejando las esquinas del plástico más elevadas, y el centro hueco, para que el agua caiga allí, y mientras espero a que llueva intento preparar un refugio.
-¿Cómo preparo un refugio?-Digo en voz alta.
Intento recordar el puesto de refugios, pero con casi todo necesitabas un mínimo de materiales. Ahora recuerdo por que Blight dijo que si salíamos sin nada en las manos todo se complicaría.
Empieza a llover, y el plático empieza a tener agua sobre él. Pienso. Un plástico. ¿Podría servirme como refugio?
Cuando para de llover, el sol empieza a esconderse. Bebo el agua del plático, sabiendo que debería de hervirla antes, pero con este clima sería imposible hacer una fogata, además de que tampoco tengo madera.
Intento camuflar el plástico azul, para que no sea tan visible, con barro. El reultado es bueno, así que preparo mi refugio con varias piedras. Relleno la bolsa que contenía el plástico con hierba, para que pueda apoyar la cabeza ahí. Me cubro con el plástico. No es el mejor refugio, pero no creo que nadie por ahora suba a la montaña. Solo espero, que los profesionales se tomen la noche tranquila.
Me siento sola. Ahora mismo desearía que Wood estuviese junto a mí, abrazándome, diciendo que todo saldría bien, inentando tranquilizarme, protegiéndome... Lloro. Y no lo evito. Wood ha muerto, y me siento culpable de ello. Tal vez, si no hubiese matado a Leonnora, ahora mismo yo estaría muerta, y el vivo, intentando ganar los Juegos.
Me cuesta respirar con el plástico encima de la cara. Intento no hacer ruido, pero sigo llorando. A la hora en la que suena el himno, asomo la cabeza para ver a los tributos muertos, preparándome para ver la cara de Wood en el cielo. La primera que sale es Leonnora, del Distrito 2. Seguidos, aparecen Steven y Electra, del 3. De repente aparece Wood, y las lágrimas aparecen en mis ojos. Me sorprende que del 4, 5, y 6, no haya muerto nadie. Marco, el chico del 8 también ha muerto. Los dos del 9, Jared y Scarlett. Y por último, Sickle, el chico del 11, y Wendy, la chica del 12. Aparece el sello del capitolio y todo queda en silencio.
Sé que no dormiré mucho, pero el cansancio me puede, y me duermo con un único pensamiento: Quiero volver a casa. Tengo que ganar, por mí, por Paul, por mi familia, por Wood.








Capítulo 13

Hambrienta.

Las pesadillas me persiguen durante toda la noche. Mi mente no para de reproducir imágenes sobre Wood con un cuchillo en el corazón, el chico del once con el cuello sangrando, mi muerte.
De repente, abro los ojos, y lo primero que veo es el plástico, cubierto de tierra, ahora seca y fragmentada que deja ver trozitos azules.
Me levanto. Para mi sorpresa, está noche no he pasado frío, pero tengo un dolor de espalda horrible. La niebla está presente, pero no llueve... todavía. Veo que no hay sol, por lo que no sé si es que la niebla no lo deja ver, o si aún no ha amanecido. Sea como sea, tengo hambre. No he comido nada desde que desayuné en el Capitolio, y ya hace un día de eso. Recojo el plástico, lo meto en la bolsa, y meto ésta en un bolsillo del abrigo.
Emprendo mi camino. Decido bajar la montaña para recoger agua en el río y para conseguir comida. Tal vez en el río pueda conseguir algo.
Tardo apróximadamente dos horas y media hasta ver el río, pero algo me detiene antes. Hay dos tributos. A la que se puede ver a simple vista, es a Spike, tributo del 11. Está tumbada en la hierba. Diría que debería de estar haciendo guardia, pero el sueño la venció. Miro a todos los lugares. No hay tributos a la vista, aparte de Spike y su compañero. Me acerco, y veo que su compañera es Wind, la tributo del 5.  Esta dentro de un saco. No tienen armas. ¿Cómo se habrán aliado? Veo una pequeña mochila al lado de Wind. Dudo, pero al final rebusco en ella. Solo tiene una cantimplora y una caja de cerillas, que ya casi se han agotado. Supongo que ayer por la noche intentarían encender un fuego sin éxito.
Pienso en que ahora, a no ser que haya alguna pelea en algún sitio, yo estaré en todas las pantallas de Panem, ya que un robo puede ser interesante. Cojo la cantimplora, porque no me atrevo a quitarlas nada más y me voy. Llego al río, cojo agua, e intento ver algo que pueda comer pero la corriente es demasiado fuerte.
Paso la tarde intentando buscar comida pero no encuentro nada. Lo único que veo es un ratón que se me escapa. Como hierba, pero no me sienta bien y la vomito. Paso la noche en una cueva que encuentro y las pesadillas vuelven a aparecer. Al día siguiente llueve, pero no hay niebla. Relleno mi cantimplora. Hace dos días que no como. Creo que el nombre de "Los Juegos del Hambre" comienzan a tener sentido. Veo un arbusto de bayas pero son venenosas, por lo que las dejo en sus sitio. Me tumbo en el suelo. Tengo demasiada hambre como para seguir. Llevo tres días sin comer.
-Blight, por lo que más quieras, mándame comida por favor.
Digo en alto. No creo que me llegue nada. No creo que haya conseguido ningún patrocinador. Mientras yo robo cantimploras, los demás matan gente. Pero yo no podría haber matado a Spike o a Wind. Seguimos siendo quince. Seguramente que mi muerte les suba el ánimo, pero una vez escuché que para morirte de hambre se necesitan más días. Oigo unos pasos. Intento moverme pero no tengo energía. Ruedo sobre mi cuerpo para intentar huir, pero solo eso. No me pongo de pie. Giro la cabeza, y veo al tributo del Distrito 4, Cliff. Los profesionales. Se acabó mi juego.



Capítulo 14

Aliados

Cierro los ojos tan fuerte que en la negrura veo estrellas parpadeantes. El suelo está frío. Mi corazón late desbocado y podría jurar que los profesionales también lo pueden oír. Estoy hambrienta, pero ahora ya no hago caso a los ruidos de mi vacío estómago.
-¿Qué haces en el suelo?- Reconozco la voz, es el chico misterioso del Distrito 4.- ¡Vamos! ¡Levántante! - Rugió.-No tengo todo el día.
Abrí los ojos, con miedo de encontrarme con una espada a punto de cortarme la nariz, pero lo único que vi fue a Cliff, con las piernas un poco abiertas y los brazos cruzados. Tenía un corte que le cubría desde la comisura izquierda del labio hasta su ojo izquierdo. Tenía expresión enfadada y en sus brazos había sangre.
-No puedo levantarme...
Intenté decirle. Mi voz parecía un susurro pero estoy segura de que me escuchó. Con sus brazos, agarro bruscamente mi chivasquero y me elevo en el aire, haciendo que me pusiese de pie.
-¿Que te pasa?-Pregunto aún con la voz elevada y sin calmarse.
-No he comido nada desde que salimos del Capitolio...-Se me humedecen los ojos.- Así que matáme ya, no duraré mucho aquí.
Cliff, se quitó de su espalda una mochila negra y empezo a rebuscar. Era casi tan grande como yo, por lo que ahí dentro debía de tener varias cosas. Sacó una pequeña barra de pan y me la ofreció. No pude resistirme a decir gracias, la agarré y empecé a comerla. Cuano no tenía nada entre las manos, aún tenía hambre. El chico del cuatro se dio cuenta, y me dio una manzana.
-¿Así que no me matarás?
Sacudió la cabeza.
-No de momento. Ahora necesito aliados. Aún somos quince.
-¿No estabas con los profesionales?
-Demasiado arrogantes para mi gusto... Ayer por la noche decidí salir de su grupo. Esto, -señaló el corte de su cara- me lo hizo Grint. Al parecer no le gusto la idea de que me fuese con su comida y varias de sus armas. Les deje al otro lado de esa montaña. No sé que esperan encontrar...
Miré detenidamente las armas. Dos espadas, varios cuchillos y... mi hacha. Me acerqué a ella y la toque. Cliff la cogió y la examinó.
-Debería de ser para mí...
-¿Para ti? ¿Me tomas el pelo?-Se río-No creo que tu vayas a matar a nadie todavía. Aún así, ten...-Me paso el arma.
-No voy a matar a nadie. Todos somos inocentes.-Afirmé.-Pero me serviría de mucha ayuda.
-No me acabo de creer eso e que no matarás a nadie. Esto, es un Juego. Si no participas no ganas, es así de simple.
-Pero no quiero convertirme en una asesina.
-La única forma de salir de aquí, es siendo un asesino.-Me sonrío con pena, pero un cañonazo nos distrajo.-Uno menos. Catorce. Habrá que esperar a la noche para saber quién ha muerto.
Un escalofrío me recorrió la espalda. ¿Quién habría muerto? ¿Dorothy? ¿Ethan? ¿Grint? Me levanto del suelo húmedo.
-Esto está muy tranquilo. No me sorprendería que los Vigilantes hagan algo para darle más emoción.-Me atrevo a decir.
-¿Tiene refugio?-Cambia de tema. Le enseño mi plástico y se queda sorprendido. Caminamos hacia la cima de la montaña, hasta que nos encontramos algo demasiado grande para que sean tributos. Mutos. Mutos gigantes con forma de lobo y un tamaño triple al de unn caballo. Retrocedo unos pasos y empiezo a correr en dirección al río junto a Cliff.
-¡No sueltes el hacha!-Me ordena, e intento seguirle el ritmo. Los mutos de lobo no tardarán en atraparnos.








Capítulo 15

Mutos

Corro todo lo que puedo, pero Cliff me esta dejando atrás y los mutos son más rápidos que yo. Sujeto el hacha todo lo fuerte que puedo y me alegro de que mi aliado me la diese. Tal vez podría acabar con los mutos con ella. Un pensamiento irrumpe en mi mente: <<Demasiado optimista.>> Y es verdad, no podría matar a tres mutos gigantes yo sola.
Sigo corriendo dificultosamente por la hierba resbaladiza. Parece que Cliff aligera el paso, o tal vez es solo que está agotado, ya que lleva una mochila algo más pequeña que mi cuerpo. Intento pensar en como escapar, pero estoy en estado de shock. Mi muerte, -nuestra muerte- está cerca. No podemos huir y pronto caeremos o seremos demasiado lentos. Pero mi aliado sigue corriendo en dirección al río que tiene una corriente muy fuerte. Entonces, se me pasa una idea. Tal vez ese sea su plan. Llegar al río. Y se que no me confundo, porque cuando estamos a escasos metros de la orilla, me agarra de la muñeca, hundiendo sus uñas en ella, y me tira al río.
Doy vueltas bajo el agua sin lograr ver nada, pero sé que Cliff no me ha soltado, sigo sintiendo sus uñas clavadas en mi muñeca. Noto que no puedo respirar y no puedo salir a la superficie. El agua hace que choque fuerte con una roca que me da en las costillas. Me desprocupo de los mutos. Intento gritar, y el poco aire que me queda se esfuma. Me duelen los pulmones. Pataleo, pero no se nadar, por lo que la corriente sigue llevandome sin rumbo. Ya no sé si aún Cliff está junto a mi. Choco contra otra roca, y esta vez el dolor me recorre toda la espalda. Doy una patada en ella y salgo a la superficie. Cojo aire, y veo a mi aliado cerca. Ya no están los mutos, o al menos eso parece. Muevo el brazo en el que mi mano esta libre y las piernas para mantenerme a flote. Me duele todo el cuerpo, y el agua no deja de hacerme chocar contra rocas y ramas que hay bajo el agua. Cliff se agarra a una roca e intenta salir del agua. Me agarro a sus ropas cuando paso junto a el. Se impulsa y queda tumbado boca abajo en la tierra embarrada. Salgo del agua con dificultad y me tumbo junto a el mirando al cielo, pero no podemos quedarnos ahí.
-Tenemos que irnos, los mutos pueden volver. O otros tributos.
Le observo durante un corto tiempo y no se mueve. Examino la mochila. Las armas están intactas, pero la mayor parte de la comida se ha estropeado. El pan, algunas latas agujeresadas... Sigo con el hacha fuertemente agarrada.
-Hay que buscar refugio.-Tiro de su brazo, y se incorpora poco a poco.- Se va a poner el sol.
-¿Y donde sugieres que vayamos?-Habla con la voz monótona y cansada. Le miro, parece muy magullado. Tiene una hinchazón en la mejilla, muy roja, en el corte de la espada. Parece infectada. En la otra mejilla, se está poniendo de un color negruzco. Tiene las manos ensangrentadas y el pantalon roto en algunas zonas.
-Tienes mal aspecto.-Le espeto.-¿Te encuentras bien?
-Creo que no eres la adecuada para hablar.
Me observo detenidamente. Tengo el pantalon rasgado y puedo verme parte de los muslos, rojizos, por la sangre. Me duele la espalda, y los costados por los numerosos golpes. Toco mi cara, me duele.
-Debemos de encontrar refugio.-Repito, e intento no darle importancia a mi dolor.

 


 

Capítulo 16

Charla entre aliados.


Cojeamos por la orilla del río, uno apoyado sobre otro. Ambos estamos cansados y magullados. Cada vez que doy un paso, un dolor intenso me recorre la pierna, centrándose sobre todo en el corte que me hice con el hacha en una de las sacudidas del agua. Intento no cojer demasiado aire, ya que es una tortura. Cuando mis pulmones se llenan, mi pecho y mis costados se mueven causándome más dolor.
El sol se pone y caigo al suelo aturdida. Estoy demasiado cansada para continuar. Hambrienta, sedienta... Cliff no se rinde. Pese a sus heridas empieza a hacer una fogata con las cerillas que le han quedado tras nuestro problema. No tiene mucha dificultad, aunque el ambiente húmedo no le facilita mucho las cosas. Yo observo como sus manos empiezan a formar una pequeña hoguera. Saca una lata con la parte inferior algo hundida hacia dentro. Rebusca en su gran mochila y bufa al no encontrar sus materiales. Le da un puñetazo a la mochila y espera a que la lata caliente. Me ofrece cuando ya está hecha. Es caldo. Al parecer tan solo le quedan un par de latas más, por lo que decide guardarlas bien. No tenemos cantimplora, así que cuando acabamos la lata, Cliff se acerca al río, coje algo de agua en la lata y la pone en la fogata.
-¿Sabes?-Me dice.-Creo que si yo no gano estos Juegos, lo harás tu.-Tiene la vista fija en la lata. Le miro con curiosidad, sin entender lo que quiere decir.
-¿Cómo estás tan seguro de que vas a ganar?
Se toma un momento para contestar.
-No lo estoy, solo digo, que si yo no gano lo harás tu. Al menos creo eso. Las personas más insignificantes son de las que hay que cuidarse.
El himno y el sello de Panem distrae nuestra conversación. Miro hacia el cielo, preguntandome de quién fue el cañonazo hoy. Entre las nubes, diviso la foto de Lily, tributo femenino del Distrito 8. La recuerdo en el Desfile de Carros y en los Entrenamientos. Una chica de unos quince años, morena y menuda. Parece ser que el Distrito 8 se ha quedado sin tributos.
-¿Quién es tu mentor? ¿Por qué no te ayuda?
-No le gusto. Creo que ha debido de ser una gran sorpresa que yo siga viva aún y que... -No puedo continuar. No puedo pensar en Wood ahora. ¿Dónde estará? ¿Y si no hubiese muerto? ¿Estaría conmigo? Claro que no, porque si el estuviese vivo yo estaría muerta. Sacudo la cabeza.-¿Y que hay de la nueva mentora del Distrito 4? El año pasado la ganadora fue de vuestro Distrito.
Recuerdo los sagrientos Juegos del año pasado. La ganadora, Annie Cresta, venció gracias a que la arena se inundó de agua. Eso la favoreció mucho, ya que al ser del Distrito 4 - el úncio Distrito con mar- sabía nadar perfectamente, y los demás tributos se ahogaron.
Sonríe un poco.
-No tenemos nueva mentora. Creo que tiene un pequeño problema psicológico, o por lo menos eso dicen mis padres y algunos de mis profesores.
Suspira, y sé que añora su casa.
-Yo también quiero volver a casa.
Le digo. Me mira a los ojos, y yo le miro a el. Nos quedamos así un rato, mirándonos mutuamente. Pensando en quién ganará. En si nos tendremos que matar.
-Descansa. Yo haré guardia.-Me espeta.
-Avisame si...
-...Si ocurre algo. Esta bien.
Me tumbo sobre la hierba, que comienza a humedecerse por el rocío de la noche. Cierro los ojos y escucho a mi alrededor. Escucho las chispas que producen sonidos al estallar, el río y su caudal, a Cliff silbar una melodía, y después todo queda tranquilo.








Capítulo 17

 Caza Nocturna


No puedo repirar. Me ahogo. Algo impide que coja aire.
Abro los ojos de golpe encontrandome tan solo con la oscuridad. Doy puñetazos y patadas al aire, dando a un cuerpo. Tengo la boca y la nariz tapada por una mano enorme. Intento gritar, pero no puedo. Alguien está intentando matarme. ¡Cliff! No debería haber confiado en él. Sigo retorciéndome entre sus brazos ignorando el dolor de mis heridas.
-¡Estate quieta Mason!-Me espeta serio.
En mi cabeza solo puedo oir un pensamiento: <<No confíes en él.>> Pero sin saber por que dejo de moverme, dejo de respirar... hasta que me quita la mano de la cara. Intento mirarle a los ojos, divisando tan solo oscuridad. Él responde antes de que yo pregunte.
-Estabas gritando. Los profesionales andan cerca... Demasiado cerca. Escucha.
Me quedo en silencio, intentando oír lo que el dice. El miedo se apodera de mí. Los tributos del Distrito 1, 2 y 4 andan cerca, en busca de víctimas. Hablan en bajo, sueltan risitas...
-Tenemos que irnos.-Susurro y se me quebra la voz.
-¿Adónde piensas ir Mason? Es noche cerrada, la luna está tapada por las nubes, no hay casi luz. ¿Acaso sabes por donde vienen?
Miro a mi alrededor, escuchando las voces cada vez más cerca. Me doy cuenta de que tiemblo, y no es por el frío. Veo a Cliff hablar, aunque me cuesta no perderle de vista, intento acercarme a el todo lo que puedo. Sujeto el hacha con ambas manos.
-Intenta controlar tu respiración.-Me dice en un hilo de voz inaudible.
Y les veo, alumbrados por un par de pequeñas antorchas. Como no, tendrán patrocinadores suficiente mientras a nosotros nos han enviado... nada.
-Esto está demasiado aburrido. Hace días que no encontramos ningún tributo.
Reconozco la voz de Grint.
-Grint, encontramos hace un par de días a una chica. No te desdeperes... aparecerán tarde o temprano.-Noto un extraño movimiento en Cliff al escuchar a su compañera de Distrito.
Se acercan demasiado, noto la respiración de alguien muy cerca de mí.
-Pues yo estoy muerta de sueño. Lo único que quiero ahora es dormir.-Habla la chica rubia del Distrito 1, es la que está a mi lado. Si estiro un brazo podría tocarla.
-Pero ahora es el mejor momento para..
Se acabó. Alguien a tocado mi brazo, y por la pausa brusca al hablar, me da la impresión de que ha sido la chica del 4. Se podría escuchar una aguja caer por el silencio, en cambio, se escucha el crujir de la hierba húmeda sobre la suela de sus zapatos.
-¡Corre!-Gruñe Cliff. Y acto seguido empieza a correr, dejandome sola. Me quedo un segundo en estado de shock. El chico del uno alumbra mi cara y sonríe. Doy unos pasos hacia atrás y corro todo lo rápido que puedo.
-¡Seguidla!-Brama Grint.
Intento no hacer ruido, intento ver algo, intento dejarles atrás.
La pendiente es hacia arriba por lo que subir corriendo es más duro. ¿Cuántas posibiliades tengo de vivir ahora? Creo que no llegan a una. ¿Blight? ¿Dónde está cuando se le necesita? ¿Y mi familia? ¿Lo estará viendo Paul? ¿Mis padres quizá?
Sigo corriendo hacia la oscuridad. Cualquier cosa es mejor que acabar en mano de profesionales. Sigo oyendo pasos. No tantos como antes. Quizá ellos mismo se han perdido. Tal vez sea Cliff, pero sigo corriendo. Oigo los pasos más cerca. Estoy agotada y no llevo el mismo ritmo que antes. Alguien se avalanza sobre mí. Gold...
-Despídete de ganar Distrito 7.










Capítulo 18

Miedo


Intento quítarmelo de encima como sea, pero él es mucho más grande que yo. Se sienta encima de mi espalda, dificultando la llegada de aire a mis pulmones. Me pisa la mano derecha y agarra mi pelo con una mano, tirando de él hacia atrás. Noto la hoja del cuchillo, fría y afilada, en mi garganta.
Se me llenan los ojos de lágrimas, que rápidamente ruedan por mis mejillas. Quiero recordar a mi familia y a mis amigos antes de que todo acabe en la nada. Solo tengo un pensamiento: <<Hzxzlo rápido.>>
Entonces oigo mas pasos. Los profesionales quieren observar mi muerte, y yo no puedo hacer nada, porque estoy inmovilizada. Gold deja el cuchillo en mi cuello, quieto, sin hacer nada. Oigo los pasos más cerca. Es solo una persona. ¿Quién sera? ¿Grint? ¿Rubi?
La hoja del cuchillo roza mi cuello, y mi cuerpo cae al suelo completamente. Me llevo la mano a la garganta. Estoy viva. ¿Pero entonces...? Gold ya no esta encima de mi. Ruedo hacia un lado para ver lo que ocurre. No podría huir, no tengo suficiente energía para seguir corriendo, por lo que me limito a pasar desapercibida.
-¿Nos vas a traicionar?
-Ya lo he hecho. ¿No crees?
Cliff. ¡Es él! La alegría me inunda el alma, hasta que me doy cuenta de que si el muere, yo también moriré.
Solo veo siluetas negras dibujadas en la oscuridad. Oigo a alguien rodar por el suelo, un golpe, una espada, un gemido de dolor, y un arma hundiéndose en el cuerpo de alguien. Aguanto la respiración y oigo el cañonazo. Uno de los dos ha muerto. La duda es, ¿quién?
Algo me dice que no me quede allí, que no es seguro. Opto por levantarme sin hacer ruido.
-¿Mason?
Suspiro y le busco en la oscuridad. Sigue vivo. Ando hacia donde procedía su voz y me choco con el. Le abrazo.
-Tenía miedo, ¿cómo me encontraste? ¿por que no me dejaste y ya esta?
-Somos un equipo, y... tengo buen oído.
Oigo una pequeña risita que procede de mi aliado.
-Gracias. -Se me quiebra la voz.
Oigo algo en el cielo. Aerodeslizadores. Vienen a por el cuerpo de Gold. Cliff tira de mi hacia un lado y nos movemos. Tiemblo. Por culpa del miedo, por culpa del frío. Aún oigo al chico del Distrito 1: <<¿Nos vas a traicionar?>> Sé que Cliff antes estaba con los profesionales, pero paro de andar. Cliff se para también.
-¿Qué ocurre Mason?
-¿Por que les abandonaste? Quiero decir... no lo entiendo. Con ellos estabas más... ¿Seguro?
Suspira.
-No me gusta estar aquí, a ellos si. Siempre me daban órdenes, y me cansé. ¿Qué mas les daba uno más que uno menos? Al final solo uno volverá a casa... 
Oigo una piedra rodar por la colina e intento ver su cara en la oscuridad.
-Solo preguntaba. Con ellos, tenías más posibilidades.
-Eso no lo sabes. Tal vez hubiese tenido menos.
Nos quedamos en silencio, sin saber que decir. Estoy a punto de volver a disculparme cuando noto algo subiendo por los pies y por las piernas.
-¡Cliff!










Capítulo 19

Despertar



-¡Cliff! - Susurré, a lo que mi parecer era un grito lleno de angustia. Por su voz monótona, mi aliado no había percibido mi miedo.
-¿Qué ocurre Mason?
Todo pasó demadiado rápido. Sin tiempo para despegar mis labios, ese "algo" que tenía en las piernas, hundió sus colmillos en mi piel, rasgando la tela de mi pantalón.
Grite fuerte por el dolor que atravesaba mi pierna, comenzé a notar la sangre caliente corriendo por mi pierna, y me mareé. Antes de caerme al suelo, Cliff me sujetó. Miré al cielo sin saber que pasaba, pensando que iba a morirme. Miré las estrellas que podían observarse entre las nubes y por un momento me sentí como en el Distrito 7.
-¿Qué ocurre? ¿Mason, puedes oírme? ¿Mason?
Ahora era mi aliado el que estaba angustiado. Intenté sonreír, pero seguro que me salió una mueca horrorosa por el dolor que aún sentía en la pierna. Luego, todo se volvió borroso. Me noté ligera, y vi como las estrellas y las nubes se movían. Oí voces alteradas, pero estaban lejos. Me dormí...

Cuando abrí los ojos, todo estaba oscuro. No era de noche, pues podía ver como los rayos del Sol entraban por lo que parecía ser la entrada de una cueva y dibujaban sombras en la pared de ésta.
-Ey, buenos días Johanna. -Era la primera vez que no me llamaba Mason.
Giré la cabeza hacia donde provenía la voz del tributo del 4 y le vi. Tenía muy mala pinta: La cara manchada de sangre y llena de heridas, su abrigo roto, al igual que sus pantalones.
-¿Qué ha pasado? -Intenté sentarme, pero me dolía demasiado la espalda. Decidí quedarme tumbada.
-Estábamos en un... nido de mutos. Algo parecido a las serpientes, ¿Sabes lo que son? -Asentí despacio.-Una, o varias, no lo sé exactamente, te mordieron. Llegué aquí. Estabas muy mal. Creí que no sobrevivirías.
-Pero estoy viva. Gracias. ¿Cómo pudiste...? ¿Nos enviaron algo?
-Sí, pero antes... Bueno, tenía que expulsar el veneno de tu pierna, por lo que hize un gran corte. -Señaló la parte de mi pierna sin tela por encima y la miré. Estaba llena de sangre y me faltaba piel. Era un arco invertido sin carne ni piel.- No sabía muy bien lo que hacía, lo siento... Luego mandaron esto.
Me paso un botecito que tenía un líquido negruzco dentro.
-No te disculpes... ya sabes lo que habría sucedido si no te hubieses arriesgado. -Intenté sonreír, pero el recuerdo de mi pierna ensangrentada y sin piel me lo impidió. Sentí náuseas.
-¿Y cuántos quedamos?
-Once. Llevamos siete días en la arena. Supongo que acabe todo esta semana.
-Debería alegrarme. -Aunque en realidad no lo hacía.- ¿Quiénes han caído?
-Deberías. -Rebuscó en su mochila. -Los dos del 5.
Suspiré pensando en cuando me tocaría a mi. Pensé en mi familia, y eso hizo que se me partiese el corazón poco a poco. Evité pensar en Wood, aunque algunas imágenes se me cruzasen en la mente de cuando aún estábamos en el Capitolio. Era mi amigo.
-¿No quieres saber las novedades? -Cliff interrumpió mis pensamientos. Asentí concentrándome en lo que decía. -Todo son buenas noticias. Por supuesto, es ironía. Primero, se ha acabado la comida. Bueno, queda esto, pero lo reservé para ti. Debes de tener hambre. -Me pasó una lata maltratada. -Y segundo...
Hizo una pausa demasiado larga.
-¿Segundo qué?








Capítulo 20

Complicaciones

Se levantó con un gesto de dolor sin articular palabra y comenzó a caminar hacia la salida de la cueva. Me pegunté que hacer. ¿Tenía que seguirle para ver lo ocurrido? ¿Vendría él y me lo mostraría? Esperé un tiempo, seguramente corto, a lo que mi parecer fue una eternidad. Decidí levantarme.
Rodé por el suelo, quedando de espaldas al techo, lo que me provocó un terrible sufrimiento. Me mordí el labio para ahogar un grito y me hice a la idea de que lo peor estaba por venir. Flexioné la "pierna buena" y posé la planta del pie en el suelo. Me impulse con los brazos para levantarme, y un grito desgarrador salió de mi garganta al flexionar la otra pierna.
Intenté localizar el camino que habría recorrido mi aliado, pero veía todo demasiado borroso. Me apoyé en la pared fría y rocosa. Observé mi pierna con los ojos llenos de lágrimas en la oscuridad. Aparté la vista para ver la salida de nuevo. Cojeé hasta allí, sujetada por la pared de piedra, ahogando gritos, suspirando, llorando y obligándome a continuar.
Al salir, el Sol hizo que cerrase los ojos. Los abrí poco a poco para acostumbrarme a la luz, y vi a Cliff, sentado en la hierba húmeda con la espalda muy recta en la pared rocosa.
El río pasaba a menos de tres metros de distancia. Miré al interior oscuro de la cueva. Recordaba este sitio. Había dormido aquí una de las primeras noches.
Me acerqué a Cliff lentamente, intentando disimular el dolor. Me di cuenta de que lloviznaba, y el cielo estaba atravesado por un arco pintado de colores. Un arcoiris. Seguramente el último arcoiris que viese. Hacía frío, y la ligera brisa acompañada de la humedad no ayudaban a entrar en calor. Froté mis brazos con las manos y me apoyé en la pared junto a Cliff.
-¿Segundo qué? -Intenté repeti con más seriedad.
Cliff señalo el río y llevé la vista hacia allí, entrecerrando los ojos. A primera vista, todo parecía normal. Excepto un par de... quizá fuesen peces, flotando a la orilla. Parecían estar muertos. Seguí sin comprender. Miré a Cliff ya que el la luz del Sol me molestaba.
-¿Qué?
-¿No te das cuenta? El color del río. Está contaminado. Veneno. No hay agua. - Suspiró como si estubiese cansado.- Creo que el tributo del Distrito 5 murió por beber de aquí. Le vi en la otra orilla minutos antes de oír su cañón.
-Bueno... De momento no es el fin. Tenemos suerte de que llueva...-No dejo terminar mi frase.
-¿Lluvia? Adivina por qué murió seguramente su compañera de Distrito.
Me encogí de hombros.
-Lluvia ácida. -Dijo con asco- Estaba aquí, -Señaló el suelo- ,intentando pescar algo, hasta que empezó a llover. Me alegre. De verás que lo hize, pero quemaba. Me metí dentro de la cueva lo más rápido que pude.
Miré el río intentado pensar en aquella lluvia y vi a lo que se refería Cliff. Tenía un tono rosado y muy poco normal.
-Ahora llueve normal.
-Tiene que continuar la matanza, ¿no?-Sonrío de lado.
Se levantó, y me llevo en brazos hasta el fondo de la cueva. Me contó su plan:
Ya que la cueva no era un lugar muy seguro para permanecer un tiempo demasiado largo, cuando el líquido que nos habían mandado los patrocinadores hiciese efecto y pudiese andar nos iríamos de allí. Mientras, Cliff, cazaría y recogería agua de lluvia.
Mi pierna se curó antes de lo que pensaba. Llevabamos ocho días en la arena, y yo solo me preguntaba una cosa. ¿Seré la siguiente?





 

Capítulo 21

Cariño especial.

Convencer a Cliff sobre que mi pierna ya estaba mejor me llevó más de lo pensado. Al parecer, nos habíamos cogido cariño, aunque para ser sinceros, yo no me di cuenta hasta que me lo dijo.
"Llevabámos ocho largos y torturosos días en la arena. Me desperté justo cuando el Sol empezaba a ser visible entre las montañas, a pesar de toda la niebla que nos rodeaba. Lo primero que hice fue mirar mi pierna. Sentía ese miedo, de que al comprobar como estaba, saber que todo iba mal. Que nada había hecho efecto, y que iba a morir en pocas horas. Pero no. Era... un milagro. Estaba en perfectas condiciones. Tal vez el cambio de tonalidad -algo más roja de lo normal- traicionaba, pero, ¡Qué más daba el color! Estaba en unos Juegos del Hambre, hacía unas horas podías apostar al cien por cien que iba a morir, y ahora... podría decir que podía hacer una carrera de corta distancia sin problemas.
Me abalancé sobre un Cliff profundamente dormido.
-Eh, grandullón, despierta.
Me apartó de un manotazo y me hizo rodar unos cuantos metros. Recordé que Paul también me hacía eso y comencé a llorar. Cliff se dio cuenta, y se diculpó conmigo, pensando que lloraba por su negativa reacción. Tras tranquilizarme, no tuve más opciones que decirle que el no tenía la culpa.
-Lo siento... De verdad. No lloraba por eso, créeme.
-¿Segura? No quiero que me mientas. Somos amigos.
Ver a ese chico, medio metro más alto que yo, hablarme tiernamente... Creo que era la primera vez que le oía hablar de esa forma. Me quedé mirándole, y sé, que se sintió algo incómodo, ya que aparto la vista diciendo: "Da igual"
-En realidad, lloraba `porque... -Suspiré y empezé a morderme las uñas- Mi hermano me hacía eso cuando nos levantabámos para trabajar. Me recordo a casa...
Se dibujó la sombra de una sonrisa en su rostro.
-Tu también me recuerdas a mi hermana pequeña. De hecho, con el pelo más corto y la piel más broncínea podrías ser su hermana gemela.
-Sí, idénticas... -Nos quedamos en un silencio poco acogedor- ¿Te está esperando en casa?
-No... ella, bueno. Simplemente, ella ya no está.
-Lo siento...-No supe que decir. En realidad, no quería decir nada, pero las palabras se escaparon de mis labios. -¿Los Juegos?-Pregunté. No era la primera vez que de una familia, varios hermanos fueran cosechados para los Juegos del Hambre.
-En el mar...-Sacudió la cabeza y se volvió a tumbar.
Le miré de reojo y suspiré.
-No te permito eso. Debemos irnos.
-Tu pierna...
-Esta bien...-Se la mostré.
Aún así, me llevo apróximadamente dos horas más convencerle. Antes de abandonar la cueva, me dijo:
-Te tengo un cariño especial, ¿Sabes?
Sonreí sin saber que decir, y emprendimos nuestro camino."





Capítulo 22

Venganza

Caminamos en silencio desde la salida del sol hasta que el Sol empezaba a ocultarse hacia nuestra derecha por las montañas. No tenía pensamientos muy claros sobre que ibámos a hacer. Creo que Cliff tampoco, o que prefería no pensar en ellos. Mi suposición era, caminar todo lo que pudiésemos intentando no pensar en donde nos encontrabamos, no localizar ningún tributo, no perder de vista el río, no moorirnos de hambre y huir de los obstáculos que nos proporcionaban los vigilantes.
De todas formas, aún quedábamos once personas en la siniestra arena. Podíamos morir en cualquier momento.
-Apuesto a que moriré por congelación.
Intenté bromear y romper el silencio que hacía hundirnos en un oceáno profundo de retorcidos pensamientos acerca de la muerte. Oí una risa leve.
-Sí, creo que los vigilantes se han cansado de que este todo tan quieto. Y la lluvia no ayuda a ver muy bien. ¿Quién crees que serán los siguientes?
Suspiré riéndome. Debía de estar volviéndome loca, pero la idea de apostar por la siguiente muerte me hacía gracia, así que, no dude en decírselo.
-Me atrevería a decir que la chica del once. O quizá el chico del doce. Esos distritos no suelen llegar tan lejos, aunque si pudiese elegir, algún profesional quizá...
No podía creer lo que acababa de decir. Había apostado por la muerte de gente inocente. Es cierto que a los profesionales no les tenía un gran aprecio pero...
-Yo también me estoy volviendo loco, no te preocupes.
Asentí preocupada, apartándome el pelo junto al agua de lluvia y el sudor de la frente. Estaba cansada, pero no me permitía parar. Notar la falta de aire en los pulmones, oír el sonido de mi estómago, el dolor en mis piernas, hacía sentirme viva. Aún no estaba muerta.
El impacto del brazo de mi aliado en mi pecho hizo que sacudiese la cabeza y que retrocediese unos cuantos pasos.
-Hay un tributo. Allí. Creo que el color de su abrigo es morado...
Se agacho levemente.
-Es la chica del Distrito 6. Su nombre es... Dorothy.
-Acabemos con ella. ¿Te supone algún problema?
-No, a mi no... -Se me quebró la voz.
Sentí una punzada en el corazón, no por ella, por Wood. Había intentado llevarse bien con ella y su compañero tributo.
Todo paso muy rápido después de que Cliff se levantase sigilosamente con una daga en la mano. Corrió hacía Dorothy, con la suerte de su parte, ya que ella estaba de espaldas a nosotros. Algo salió mal. Ella se dio cuenta de que no estaba sola, y dándose la vuelta repentinamente, cojió una flecha de su carcaj, la puso en la ranura del arco tensado y la solto. La flecha se clavó en el estómago de Cliff y este callo de rodillas al suelo, rodeando la flecha con sus manos.
La sangre se me paró, el corazón me dio un vuelco, la lluvia golpeó más fuerte mi cuerpo.
-¡No!-Un grito desgarrador salió de mi garganta. Vi con los ojos llenos de lágrimas como Dorothy me apuntaba con sus flechas desde la distancia. No la dejaría matarme. Me levante con toda la fuerza que pude para enfrentarme con ella, con el hacha en mano. Disparó su flecha, pero la distancia era demasiado grande, y antes de arrodillarme junto al cuerpo inmóvil de Cliff, ella empezó a correr ladera abajo.
-No te vayas, por favor...
Sonrío debilmente, y eso me hizo sentir peor.
-No me gusta este lugar Mason... Y quiero volver a ver a mi hermana...-Hablaba entrecortadamente y me hundía sus dedos en mi mano fuertemente.- Sé que puedes hacerlo... Si... -Y así dejo que todo el aire se esfumase de sus pulmones, que su pulso se detuviese, y que el cañón que anunciaba su muerte sonase. Un impulso hizo que me avalanzase sobre el y le abrazara.
-Te voy a vengar... De verdad lo haré.
Miré con los ojos llenos de lágrimas hacia donde había huído Dorothy. No la iba a dejar escapar.





 

Capítulo 23

Comienza la matanza.



No me separé del cuerpo rígido e inerte de mi aliado, derrotado por la muerte, hasta que escuché al aerodeslizador. Se lo llevarían, y podría descansar.
-Ahora estarás mejor...-Dijé entre sollozos y con un gran peso en el pecho que oprimía mi garganta y hacía que al tomar aire hiciese ruiditos extraños. Luego le besé la frente y cerré sus ojos. Abrí la mano en la que aún agarraba fuertemente la daga, quitándosela y poniéndola en mi cinturón. Di pasos hacia atrás, comenzando a bajar la colina sin dejar de fijar la vista en Cliff. Mi amigo. Empuñé con toda la fuerza posible el hacha. Ahora, estaba sola. No tenía compañía, y solo había dos salidas: Una muerte horrible y con sufrimiento, o seguir viviendo pese al mucho esfuerzo que debería de hacer y los daños que debería de pasar. La muerte ya no era mi opción. Iba a aferrarme a la vida todo lo que pudiese. Iba a volver a casa, a abrazar a mi hermano y a decirle a mis padres que les quería. El juego no había acabado aún.
Divisé el aerodeslizador a través de la fina lluvia que caía con fuerza, y hacía que el pelo y la ropa se pegase a mi cuerpo. Un viento frío hizo que volviese la vista ladera abajo. Esbocé una sonrisa malévola. "Diez tributos, por poco tiempo..." -Pensé.
Corrí por el suelo inclinado, lleno de la hierba húmeda, siendo lo mas calculadora y hábil posible para no caer rodando.
La alcanzé en menos de quince minutos, con las manos apoyadas en sus rodillas, algo flexionadas. Eso hizo que mi sonrisa se ampliase aún más. Estaba cansada, y eso era un punto a mi favor. Sujeté con mas fuerza el hacha, y on mi mano libre cojí el puñal de Cliff.
-¡Vas a pagar por lo que has hecho!
Dorrothy me miro con los ojos inyectados en sange y empezó a buscar su arco en el suelo. Tan solo le quedaban un par de flechas más en el carcaj. Busco la ranura, temblorosa. Avancé hasta ella y la di una patada en el pecho, haciendo que cayese hacía atras y rodase un poco. Ya no tenía su arco.
-No, por favor...
-Deberías habértelo pensado antes de matar a mi aliado...
Se dio la vuelta y gateó intentando huir de mi. La agarré del pelo con fuerza, deshaciendo un poco el peinado que sus estilistas la habían hecho la mañana del primer día de los Juegos. Arqueó la espalda hacia abajo, chillando y pidiendo auxilio mientras se agarraba a la hierba y la arrancaba. Nadie sería tan estúpido de ayudarla. Alzé el hacha y di el golpe final. Sus chillidos se ahogaron, y fueron sustituidos por un cañón. Su cuerpo quedó inmóvil en el suelo y la lluvia caía sobre el. La robé una pequeña mochila que tenía y me fui. Al principio, lo único que sentí fue euforia y cólera, luego todos los sentimientos hicieron hundirme un poco, pero de todas formas sonreía. Nueve tributos. Estaba cerca de casa.





Capítulo 24

Monstruo


Las nubes blancas, con un ligero tono grisáceo, ocultaron el cielo negro estrellado que cubría la arena, dejando a cada uno de los tributos sin nada de luz de luna para poder ver en la noche. Degraciadamente, en la mochila de Dorothy no había linternas, y tampoco contenía cerillas para prender una antorcha. Miré al cielo un par de veces más y algó empezó a caer de el. No era lluvia, era más frío que la lluvia. Finos cristales de hielo caían del cielo a un ritmo constante, despacio, y cada vez que chocaban contra mi cuerpo o el suelo se derretían. Era nieve. En el Distrito 7 nevava en invierno y a veces la gente podía quedarse en casa por el riesgo que el hielo ocultaba. Trabajar en los bosques con un grueso manto de nieve que protegía al hielo, era algo peligroso que podía costarte una lesión, incluso la muerte. Yo sabía que los vigilantes no lo iban a poner fácil. Alternaban las precipitaciones como les daba la gana, y apostaría a que la mayoría de los tributos no sabía nada sobre las tormentas de nieve. Quizá los del doce, los del diez, los del ocho si siguiesen vivos... los demás serían unos completos ignorantes respecto a este tema.
La nieve caía con más fuerza, y lo único que tenía era; Mi ropa, un hacha, una daga, barritas energéticas, una cantimplora con agua, y una especie de reloj de arena pero que tenía un tapón en el que se podía sacar la arena. No lo entendí.
Mi propósito para aquella noche era no dormir, no estar quieta, pues si no te mueves tu cuerpo se congela y puede causarte la muerte. Las caras de los tributos caídos aparecieron en el cielo tra el himno de Panem. Noté como me rasgaban el corazón a tiras cuando Cliff apareció en él. No volvería a estar aquí, no volvería a sentir su cálida mano en mi mejilla, jamás. Por extraño que pareciese, no lloré. Me quedé mirando al cielo todo lo seria que pude estar, me llevé los tres dedos centrales de la mano a la boca y luego los elevé al cielo. Era un gesto de despedida. Ahora estaría en un sitio mejor que en el que estaba yo metida. Pensé en el Capitolio, en Snow. Un ataque de ira se apoderó de mi y sentí la necesidad de gritar, de acabar con todo lo que pudiese. De dañar a todo lo que se moviese. Pero no lo permití. Si acababa con todos ellos les daría el gusto de divertirse a aquella gente, por otro lado no me quedaba otra. Dos impulsos contrarios batallaron en mi interior. ¿Que podía hacer en contra de todo eso? Solo tenía diecisiete años...
Un grito desgarrador de una chica me distrajo de mis pensamientos. Solo de oírlo te helaba la sangre. Ella, estaba cerca. Fuese lo que fuese podría acercarse a mi tras acabar con ella. Empuñe la daga y el hacha, me colgé la mochila y me preparé para atacar. Esperé un rato. La chica seguía gritando, cada vez más cerca, pero no veía nada. Entonces comenzó el viento, y los rayos que dejaban ver siluetas en la oscura noche, y la vi. Huyendo de algo. Algo espantoso...


 

Capítulo 25

¿Gracias?


Me quedé helada. No precisamente por la fría ventisca cargada de nieve y fina lluvia congelada, si no por la terrorífica visión de aquel monstruo. Había visto los mutos del Capitolio anteriormente. La primera vez, poco después de que Cliff me encontrase desorientada al borde de morir a causa del hambre. Parecía ser que no había mucha atención en las pantallas por lo que enviaron unos mutos con un ligero parecido al de los lobos pero más grandes, para perseguirnos. Escapamos lanzandonos al agua torrencial del río. Los segundos mutos, aunque no recuerdo su aspecto, fueron las serpientes que me habían mordido y habían causado que se me pudriese media pierna, aunque ahora estaba mucho mejor. Pero aquel muto, era el doble de feo, el doble de grande, y el doble de aterrador.
Los gritos escalofríantes de la chica, la tributo del 11, atravesaban mis tímpanos como si fuesen cuchillos con las hojas afiladas.
La chica de tez oscura, se arrastraba como podía por la fría nieve intentando escapar de las garras -literalmente- del monstruo.
Aquella criatura, debía de medir dos metros y medio, era oscura, y cada vez que se movía se escuchaba algo parecido al metal, como cuando mi padre afilaba las hojas de las hachas. Sus ojos, tenía cuatro, era verdes brillantes. Tenía también cuatro brazos acabados en garras afiladas que de vez en cuando se hundían en la piel de la chica y esta emitía un grito de dolor.
Decidí quedarme quieta, agachada, invisible para el monstuo y para la chica hasta que todo terminase. Pero las cosas no salieron así. El muto se percató de mi existencia, hizo un giro rodando su cuerpo, de forma que avanzó lo suficiente para que dos garras se encargasen de la chica del Distrito 11, y dos de mi.
No reaccioné hasta que la primera garra se clavo en mi muslo. Grité. La garra se movía en mi pierna atravesando venas y arterias, haiendo que la sangre brotase de ella y dejando una herida. El dolor recorrió mi cuerpo, y por instinto, partí el brazo de la garra con el hacha una vez que el monstruo la saco. Pateé y rodé por el suelo para esquivar la otra garra. La nieve se metió entre mis ropas y se derritió. Hice movimientos increíbes para que la afilada garra no se me clavase en la cara o en una zona vital para vivir y avancé hasta quedar cerca del muto para darle el golpe final que acabaría con el. Una vez el horrible muto cayo al suelo por haber acabado con el, vi a la chica malherida y con la ropa hecha jirones. Estaba de pie, exhausta, con las rodillas flexionadas y las manos sobre ellas. Escupió al suelo y luego me miro. Extendió una mano hacia un bolsillo y sacó algo afilado. Volvió a la posición de antes para respirar más relajadamente y yo la contemplé. Algo en mi interior sabía lo que iba a ocurrir, y supe que tenía toda la razón cuando la chica empezó a correr hacía mi con el cuchillo en mano. Dio un salto y ambas caímos a la nieve. Hacía fuerza para clavarme el cuchillo en el corazón, y era más fuerte de lo que creía.







Capítulo 26


Dos pájaros de un tiro.


Forcejée con ella en la nieve mientras la miraba con terror. Ella me gritaba y sacudía la cabeza para apartar los mechones de pelo que la entorpecían la vista. La locura y la desesperación se habían
apoderado completamente de ella.
-¡Dejame matarte! ¡Dejame! ¡Dejame! ¡Quiero volver a casa!-Gritaba.
Seguí haciendo fuerza hasta que el cuchillo se deslizó, rozando mi brazo y rasgando mi ropa. Un hilo de sangre se formó en mi brazo y poco a poco comenzó a correr por él.
Busqué el hacha con los ojos cerrados mientras la chica del once volvía a arrodillarse ante mi para intentar clavármelo, esta vez en el estómago. Inconscientemente, la propiné una patada que la dio en la nariz, y por el ruido, no dudé en que se la había roto. Me arrastré hacía atrás, y busqué el hacha con la mirada. La encontré y fui hasta ella. Cuando me giré, volví a ver a Spike, demasiado cerca como para reaccionar. Me dio un puñetazo en la mandíbula y caí hacia atrás de nuevo. Rodé por el suelo, ignorando las partes de mi cuerpo que se estaban congelando por culpa de la nieve. Moví mis brazos con el hacha en las manos para evitar que la chica se acercase. No se movió. Me levanté bastante rápido y pase mis frías manos por mis labios, para limpiarme la sangre que manaban de ellos.
-¿Quieres relajarte de una maldita vez?-La espeté.-¡No voy a dejar que me mates! ¡No! ¡Yo también quiero volver!, ¿me entiendes?
Entonces se arrodilló en el suelo, y se abrazó a si misma llorando. La recordé el primer día, en el aerodeslizador, antes de que nos bajasen en la arena. Estaba justo en frente de mí, llorando. La miré detenidamente, y luego pasé la mirada a mis manos sujetando el hacha y probando su peso. Sonreí debilmente. Yo también quería volver a casa...
-¡Cuidado!
Era una voz de un chico. No tuve tiempo a reconocer de quién ya que instintibamente me tumbe en el suelo. Miré hacia atrás, solo viendo una sombra. Luego miré hacia la chica de nuevo, que aún arrodillada, acababa de lanzar su cuchillo. Volví a mirar hacia atrás y vi al chico del Distrito 12. Miré al frente, y sin pensarlo mucho solté el brazo hacia el estómago de la chica. No sonó el cañón, pero fui a donde estaba el chico, hiperventilando. Me hizo acordarme de la muerte de Cliff.
 El cuchillo se había clavado en el pecho, y seguramente había dañado sus pulmones. Le acaricié el pelo y recordé que fue el único que me había deseado suerte en mi entrenamiento. Ahora parecía más pequeño de lo que pensaba. Tendría unos quince, tal vez dieciséis...
-No debiste hacerlo...-Le dije sollozando.
-No... yo no iba a ganar...
Sonó el cañón de la chica cuando el seguía hablando.
-Lo siento...
Sonrío e intentó decir algo más, pero el cañón le calló, y sus palabras se quedaron en él para siempre.
-Lo siento...-Volví a repetir.




Capítulo 27

Sorpresa

Los días siguieron pasando, lentos, torturosos e incesantes de lluvia. La arena se había convertido en un verdadero pozo de agonía. Podías escuchar gritos y sollozos incluso si te tapabas los oídos. A veces creí estar loca. Veía cosas que no eran. Luchaba contra sombras hasta que me daba cuenta de que eran imaginaciones mías, de que ya no estaba completamente cuerda. Luego me sentaba abrazada a mis piernas, y pensaba si tal vez la muerte no sería mas sencilla. Seguía pensando y mi familia venía a mi mente. No podía rendirme, por ellos. Sólo quedabamos siete personas. En esos días, en los que ya había perdido la cuenta de cuantos amaneceres había visto desde que pise la arena, cayeron dos personas. El primero me sorprendió, y traté de averiguar como Grint había muerto ya que pensaba que sería uno de los dos finalistas. El segundo, fue el chico del diez, de cuyo nombre ya no me acordaba. Tras la muerte del chico del 10, los cielos se abrieron dejando un precioso sol de primavera. Las flores amarillas y blancas crecieron rápidamente por las laderas de la montaña, aunque para mí, en todo eso había algún truco escondido obra de los Vigilantes, y aunque seguí explorando la arena sin tener un refugio fijo, no probé ningún fruto que crecía del suelo. Me limité a pescar, ya que rio se había recuperado,  con una bobina de hilo que me había consegido Blight gracias a algún patrocinador y a la cremallera de mi chubasquero. Aquel día no ocurrio nada. De haber olvidado que estaba en los Juegos, hubiese sido un día encantador, por desgracia, tenía que cubrir mis espaldas si no quería acabar con un cuchillo en ella.
Oscureció tarde, y la noche fue sin nubes. Se podían ver las estrellas, y la luna casi a la mitad de su ciclo iluminaba la pradera. Me había hecho una pequeña cama entre unos arbustos espinosos, que de vez en cuando rozaban mi piel y dolía un poco, pero era soportable. Esperé a que sonase el himno, pero la voz del Vigilante Jefe me sorprendió.
-Atención tributos, atención. Quiero avisarles de que mañana habrá... una pequeña sorpresa en la Cornucopia. -Su voz sonaba aguda y cautelosa.- No falteis... estoy seguro de que os hace mucha a falta a todos... Buenas noches.
El himno sonó junto al sello del Capitolio en el cielo. Estaba claro. Mañana habría un banquete.




Capítulo 28

Banquete

Mentiría si dijese que mi noche fue tranquila. Me costó dejar que el sueño me envolviese en sus brazos, y cuando lo hacía, no tardaba en abrir los ojos. Despertaba sudando y gritando a causa de una pesadilla, y con los brazos llenos de cortes y espinas. Pude contar al menos siete veces en las que había despertado, y asegurar un par más que ya no recordaba. Al final, me levante cuando el sol despuntaba entre las montañas. Desayune algunas sobras de pescado que habían quedado de la noche anterior. Apilé las pocas pertenencias bajo el arbusto de espinas, y emprendí mi camino tan solo con mi hacha, ya que si tenía que hechar a correr sería fácil escapar sin peso. Miré mis temblorosas y delgadas manos llenas de marcas y sangre seca. Nunca había estado gorda, pero podía ver perfectamente los huesos de mis dedos sin ningún rastro de grasa alrededor de ellos.
Llegué a la zona del banquete en más o menos cuarenta minutos, y me escondí en una ladera. Era un sitio con vegetación inexistente por lo que esconderse era dificíl. La Cornucopia ya estaba vacía de objetos. Tan solo quedaba algún que otro saco o mochilas sin nada dentro. Ningún arma. Nada de comida ni de agua.
El Vigilante no había dicho la hora a la que comenzaba el banquete, por lo que durante las dos horas y media que esperé, me dediqué a observar en todas las direcciones y memorizar técnicas de ataque efectivas en diferentes casos. Lo que me distrajo, fue un temblor de tierra bastante fuerte, dejando un pozo pequeño a unos metros de la Cornuopia. "Todo lo que necesitéis está ahí" Las palabras del Vigilante Jefe retumbaban en mi cabeza. ¿Qué necesitaba, a parte de todo?
No pensé mucho más después de ver a un chico corriendo rápidamente hacia la mochila. Me levanté con ímpetu, rozando mi rodilla bruscamente contra una piedra. Obligué a mis piernas a ir más rápido. Eramos cinco y solo había una cosa sobre la mesa. Miré mis pies sin ir lo suficientemente rápido y luego a Ethan, hinchando las mejiilas por el esfuerzo. Entonces me di cuenta de que podía conseguirlo. Rubi y Oceana iban tras de el, y no paso mucho tiempo hasta que Rubi se tiro sobre el cojiendo uno de sus tobillos y sentandose sobre el a horcajadas. Ethan gritaba pero yo preferí desvíar la vista a la mochila. Y llegué. La cojí en mis manos hasta que sentí un dolor agudo en mi mano y sangre brotar de una herida algo profunda.
-¡Suéltala 7! Es nuestra.
Ver a Oceana con el cuchillo hundido en mi mano me producio arcadas, y me recordó a Cliff.


Capítulo 29

Corre, por lo que mas quieras, corre.

Levanté la vista hacia sus ojos, clavandola en sus pupilas azules y muy parecidas a las de mi aliado muerto. Muerto... Agarré la mochila por una de las tiras que tenía para colgarla a la espalda tan fuerte que mis nudillos se tornaron blancos. Oceana hundió un poco más el cuchillo y lo giró. Dolía mucho pero seguí con la vista fija en ella.
-¿Y bien? ¿Piensas dármela? ¿O aún crees que una llorica como tu puede ganarme?
Ladeó la cabeza levemente soltando una carcajada sarcástica, momento en el que aproveche para golpear su cara con la mochila y quitar su cuchillo de mi mano. Apunté con el hacha en dirección a Rubi, que estaba terminando de torturar a Ethan para darle el golpe final, pero estaba lejos, y no quería arriesgarme a acabar sin hacha. Me di la vuelta y corrí, porque literalmente, mi vida dependía de ello. Podía escuchar las maldiciones que ambas tributos estaban hechando contra mi.
-¡Eres una estúpida idiota! ¿Cómo la has dejado ir? Mátala, o estás muerta.-Era Rubi. La voz delicada y angelical que había utilizado en la entrevista había cambiado a una grave, hostil, de guerra.
Corrí ladera abajo, pudiendo sentir la adrenalina corriendo por mis venas, y escuchar a mi corazón bombeando la sangre tan rápido que podía oírlo.
-¡Está allí! ¡Corre, joder, corre!
-No puedo ir más rápido Rubi...
Di un salto para poder adelantarme unos metros, pero caí de rodillas y rodé por la colina. No me permití estar más de dos segundos tumbada en el suelo, pero heche una ojeada antes. La chica rubia del Distrito 1 había dejado atrás a su aliada para darme caza. Oí un cañón. Ethan. Eso quería decir que quedabamos... cuatro. Cuatro chicas. El 1, el 4, el 10, y yo.  De repente comenzó a preocuparme la chica del diez. Ya no recordaba su nombre, pero ¿y si la verdadera amenaza no eran ni Rubi ni Oceana? ¿Y si era esa menuda chica del 10?
Escuche un grito que me devolvió al mundo. Venía de detrás de mí. La curiosidad me decía que dejase de correr solo un minuto y que me girase a ver lo que pasaba, la cordura me decía que me escondiese primero, pero la suerte actúo primero y caí en una especie de pozo entre dos rocas. La caída no había sido muy alta, quizá un metro y algunos centímetros, pero podía ver perfectamente lo que pasaba fuera sin necesidad de agacharme ni de ponerme de puntillas.
Podía ver a Oceana en el suelo, y a Rubi corriendo despacio hasta detenerse segundos después.
-¡La hemos perdido! ¡Eres una estúpida! ¿Cómo pudiste dejar que se te escapase? -Estaba histérica, y gritaba de furia.
-Ayudame, creo que me he torcido el tobillo...
-Inútil... ¿Y quieres que te ayude por... no haber hecho nada?
Se acerco a ella y la dio una patada en las costillas. Ella dejo escapar un grito y la miro con rabia.
-Rubi... creí que eramos...
-¿El que? ¿Amigas? -La chica del uno se río- Vuelve a la vida real, son los Juegos...-Se agachó y la apartó el pelo de la cara. Se podría decir que estaba sonríendo pero mi vista no era tan buena como para verlo. Sacó de la manga de su abrigo un cuchillo y se clavo la punta en un dedo levemente.
-Rubi... ¿no irás a...?
-Querida, ya no sirves para nada... y me has defraudado. Te dije que la matases, o tu acabarías muerta en su luegar.-La agarró del pelo tiradola hacia ella- Voy a ganar los Juegos. Tranquila, cuidare bien todas nuestras municiones, y acabaré tu trabajo...
-Rubi, por favor...
-Es tarde.
Me agaché, y unos momentos después escuché el cañón.
-Voy a ganar...
Mis oídos percibieron el susurro de la chica del 1, y sus pasos rápidos en su dirección. Contuve la respiración y conté segundos. A los siete segundos Rubi paso por encima del agujero sin darse cuenta de que yo estaba bajo sus pies.

Capítulo 30

Gritos

Pasé la noche allí, aterrorizada. Mi idea había sido por la mañana, volver a donde había dejado mis escasas pertenencias si sobrevivía al banquete, pero no pude. Tras la lucha en la montaña y caer en el agujero, no podía respirar tranquila, por si la tributo del 1 seguía cerca, aunque en el fondo sabía que ya se habría ido. Había caído la noche y la temperatura. No recordaba tanto frío en la arena desde la noche en que nevó. Apoyé mi espalda contra la pared, haciendo que callesen pequeñas bolitas de arcilla y que al estrellarse contra el suelo se rompiesen. Abracé mis piernas para poder entrar en calor. A pesar de que no podría hacer una hoguera ya que la humedad era muy elevada, hacerla sería mi peor error. Sobre todo ahora que quedabámos tres personas.
-Tres personas... -Susurré inconscientemente. Inmediatamente me llevé las manos a la boca y alcé la vista. No había nadie. Me contuve un suspiro de alivio.
El himno de Panem hizo que abriese los ojos y que diese un pequeño salto. ¿Me había dormido? ¿Hacía cuanto? Me levanté algo mareada para poder ver en el cielo los tributos caídos. Como ya sabía, Oceana y Ethan aparecieron en el cielo.
Volví a sentarme con la espalda apoyada en la pared. Dos sentimientos opuestos luchaban dentro de mi. El sueño y el miedo. Quería dormir, lo necesitaba. Necesitaba dormir para las horas próximas que vendrían. Pero no podía. Al cerrar los ojos el miedo se apoderaba de mi. Mientras, mi estómago gruñía y mi garganta estaba seca. No comía ni bebía nada desde la mañana pero no había percibido antes la falta de alimentos y agua. Abrí la pequeña mochila del banquete esperando encontrar comida y algo de beber, pero lo único que encontre fue un bote con un líquido verdoso dentro. Veneno. ¿Para mi? Miré mi hacha. Obviamente no. Heche el líquido sobre la hoja del hacha con ciudado. Si hería a alguien con ella, debería de hacer algo.
Seguía teniendo hambre y sed. Traté de ignorar la falta pero no podía. Necesitaba beber agua. Salir fuera, a medianoche, con las dos últimas tributos por la arena no me hacía ninguna ilusión. Morir de sed tampoco me hacía ilusión. El río estaba cerca. Podía escuchar su caudal desde aquí.
<<Vamos, se valiente. Por una vez.>> -Pensé
Volví a levantarme y busqué mi hacha en la oscuridad. Salí del agujero impulsandome con los brazos y rode un poco por la colina. Me puse en pie y miré a mi alrededor. Nada. Todo estaba tranquilo. La luna iluminaba el camino un poco pero me fiaba más de mi oído y gracias a el conseguí llegar al río. Antes de beber agua me detuve un momento. ¿Estaría envenenado de nuevo? Metí la mano en la corriente del agua. Pasaron diez segundos, veinte... y algo rozo mi mano. Un pez. Sonreí. Podía beber tranquila. Me dispuse a volver, y me entró miedo. No había pensado en como regresar a mi escondite... Un paracaídas chocó contra mi mejilla y cayó al suelo. Lo recogí. Había algo envuelto en una tela. Pan. Era pan del distrito cuatro. Lo reconocí por las algas, ningún distrito hacía pan con algas marinas.
-Gracias...
Lo partí a la mitad, y me lleve una mitad a la boca. Pensé en Cliff. Si hubiese seguido estando con vida, ¿me hubiese matado como Rubi a Oceana? Honestamente, no creía eso. Aunque de primeras hubiese parecido un chico misterioso y que me iba a clavar un cuchillo a la espalda según me diese la vuelta, poco a poco comenzé a confíar en él. El que me salvó de morir de hambre nada más empezar, el que me salvó de Gold, de que no muriese envenenada por culpa de las serpientes mutantes.
El aire frío se convirtió en un vendabal, deshaciendo el peinado ya maltratado que mis estilistas habían hecho lo que para mi parecía hace años. Ahora mi melena había quedado suelta y los mechones de pelo azotaban mis mejillas. Un grito que sonaba demasiado cerca me heló la sangre. ¿Rubi? ¿Lynn? ¿Sólo quedabamos dos?




CAPÍTULO 31

Preparación para la final



Respiré hondo intentando tranquilizarme. Era un milagro que siguiese con vida. Solo quedábamos yo y... la chica del 1 o la chica del 10. Desde que Minerva Brightness sacó mi nombre de la urna el día de la cosecha, había deseado que ésto acabase ya. Y ya quedaba poco para que mi ansiado deseo se cumpliese, pero a medida que el tiempo avanzaba, sentía como el deseo desaparecía. Pero no podía pensar como una perdedora. Estaba en la final. No podía dejar que el otro tributo que quedaba, (fuese Rubi o fuese Lynn) me viese como la chica asustadiza, cobarde y mediocre que Leonnora y Grint pensaban que era. No. Empuñé mi hacha con mas fuerza, olvídando la idea de encontrar mi escondite. De todas formas, los vigilantes no iban a dejar que muriese de una forma estúpida. Querrían una lucha. Una batalla de verdad, sangrienta y cruel. Harían cualquier cosa para juntarnos, pero esperarían a las luces del alba. Intenté recordar la final del año pasado.
La arena de los 70º Juegos del Hambre había sido una bonita pradera. Al principio, todo había ocurrido como en unos Juegos comunes, hasta que tan solo quedaron unos cuantos tributos y la arena se inundó de agua literalmente. Annie Cresta, era la única treibuto del Distrito 4 que seguía con vida, y la inundación la aventajó mucho. Annie era la única que sabía nadar debido a su procedencia, y la única que no había muerto después de eso.
Hice una mueca. Ese final no había terminado con una batalla... Aunque de no haber sido así, no creo que Annie hubiese ganado los Juegos. Recuerdo cuando vino a mi Distrito, en el Tour de la Victoria. Parecía... ida. No saludaba, ni sonreía, incluso Finnick Odair-quién no se separaba de ella- tuvo que leer su discurso. Muchos la llamaron loca y se burlaron de ella. A mi, en cambio, me dio lástima.
El cielo no tardó mucho en aclararse a causa del amanecer. Lo peor, es que si hoy iba a ser la final, algo muy predecible, no sabría si tendría que enfrentarme con una profesional o no. Y eso me estaba matando.
Saqué la mitad de pan que me había sobrado de anoche. Eso, tenía que haber valido una fortuna a quién me lo hubiese regalado. Comí el pan mientras caminaba despacio, sujetando el hacha, con su hoja hacia abajo mientras rozaba la hierba. Comenzó a llover y el fuerte viento de la noche volvió agitando mi pelo negro en el aire.
-Genial... -Susurré irónicamente.
Caminé más rapido, ya que el suelo se estaba encharcando y convirtiéndose en barro y me sería más dificíl subir la pendiente. Quería encontrar comida. Bayas, fruta, carne... algo.
Oí un estruendo, y mi pie revaló con el barro de la colina haciendo que cayese. Clavé el hacha en el suelo para sostenerme. El ruido seguía. Era como un montón de rocas precipitándose contra el suelo. Y no me equivocaba. La tierra empezó a temblar bajo mi cuerpo. Tuvé que parpadear un par de veces para creermelo, pero el suelo estaba empezando a caer. La colina por la que había subido se estaba deshaciendo, y caía hacia el vacío creando un precipicio. Me impulsé con el hacha para ponerme de pie, y corrí todo lo rápido que pude hacia arriba mientras el suelo seguía cayendo justo donde había estado hace unos segundos. Miré hacia los lados. No era solo esta montaña. Todas y cada una de las que estaban a mi vista se estaban desmoronando. ¿Este iba a ser el final? ¿Sin batalla? ¿Quién aguantase más? Seguí escalando, resbalandome, levantandome, volviendo a caer y levantandome de nuevo para correr más rápido hasta que por fin llegué a la cima. Pensé que bajar sería más fácil, y justo cuando me disponía a bajar, me detuve. Un precipicio. Me giré para mirar el otro lado. La tierra había parado de caer. Caminé hasta el borde, con cuidado, por si tenía que retroceder. Otro precipicio. Estaba en una montaña llena de precipicios a gran altura, y con un río rodeandola abajo. Miré para encontrar una salida. Entonces vi una chica de pelo rubio y alborotado y mojado, a causa del fuerte viento y la lluvia. Estaba al borde de uno de los precipicios, respirando fuerte. Esta era la batalla final. Con Rubi. Genial, distrito 1, profesionales... Suspiré, y guardé la daga que tenía escondida en el cinturón en la bota. Rubi me miro justo después de guardar el cuchillo, con una mirada asesina. Tenía armas, más que yo. Se levantó apartando el pelo de la cara y sonrío de una forma que daba miedo. Estaba loca.


Capítulo 32
La Final


-Vaya, vaya, vaya... -Soltó una carcajada melódica que se elevó por encima del ruidoso vendabal.- ¿Quién me iba a decir a mi que tu y yo llegaríamos a la final? En serio, nunca creí que la llorica del siete llegase hasta aquí. Me has sorprendido, enhorbuena...
Rubi se dedicó a dar pequeños pasos hacia la derecha que después retrocedía para darlos a la izquierda, continuamente, jugando con una lanza y dándola vueltas entre sus manos. No sabía porque se detenía tanto tiempo hablando bajo la lluvia, cuando yo lo úncio que quería era que todo acabase ya. Quizá esperaba a que el temporal amainase, pero eso, no iba a suceder. Una tormenta le daba más emoción a la batalla.
Rubi se quedo callada mirándome fijamente. Aparte los mechones húmedos que hacían que el pelo se me pegase a la frente y a las mejillas sin desvíar la mirada. No podía confíarme lo más mínimo. Moví lentamente los brazos, calculando el peso de mi hacha y esperé quieta a la primera señal. Ahora mismo, todo Panem debía de estar mirando las pantallas de sus respectivas televisiones.
-Bueno, ya me he cansado de esperar por una respuesta... -Lanzó su lanza por encima de su cabeza para luego cojerla con la mano derecha y clavarla en el suelo. Caminó hacía a mi arrastrando la lanza por el extremo donde no estaba la afilada hoja. Me preguntaba por qué no la lanzaba.
Empuñé con fuerza la hacha. La hoja, tenía veneno, por lo que si lograba hacer un corte limpio, tal vez eso podría facilitarme las cosas.
No tardo ni quince segundos en estar a unos escasos metros, cuando rápidamente, Rubi cojió la lanza con ambas manos y me propinó un golpe con el extremo opuesto al filo. Me pilló desprevenida por lo que acabé en el suelo con el hacha pegada a mi cuerpo. Rodé para intentar levantarme, pero la chica del 1 puso una de sus rodillas en mi espalda e hizo prsión, tumbándome de nuevo. Se sentó encima con tranquilidad.
-Que rápido me vas a dejar terminar esto...
Con una fuerza que ni yo misma pensé que tenía la tiré a un lado clavándola uno de mis codos en las costillas. La miré a la cara, tenía una expresión de dolor. Se levantó tirando la lanza en el suelo y sacó un cuchillo mientras corría hacia mi. Saltó a mi cuerpo y enredó sus piernas en mi cintura. Rasgo una de mis mejillas pero no sentí dolor a causa de la adrenalina. La tiré al suelo con un empujón y aprovechó para clavarme el cucuillo en el muslo. Un grito desgarrador salio de mi garganta mientras Rubi lo hundía más y más en mi piel, desgarrando el músculo y girando el cuchillo. Agité los brazos con el hacha en mano, intentando darla, pero el dolor hacía que perdiese parte del campo de visión, y la lluvia no ayudaba. Llevé mi mano izquierda donde estaba el cuchillo, y palpé la empuñadura. No podía sacarlo. Pero andar hacía que el dolor me consumiese.
Miré a mi contincante, había ido a buscar de nuevo su lanza. Me acerqué a ella, cojenado, con una mano en el muslo y con la otra sujetando el hacha. Rubi hizo un movimiento brusco, y la hoja de la lanza paso a pocos centímetros de mi rostro. Volvió a intentar el mismo movimiento y lo esquivé moviendome hacia la izquierda. Rubi giró la lanza, de modo que quedo con la parte sin hoja.
Me sentía mareada y el mundo me daba vueltas. Estaba perdiendo mucha sangre a causa de la herida en el muslo. Rubi me dio en la nariz con la lanza y luego ot´ro gran golpe en el vientre que me hizo caer de espaldas de nuevo. Intenté levantarme. La boca me sabía a sangre. La chica del uno puso un pie en mi pecho y el filo de la lanza en mi cuello. Lo hundió un poco.
-Tranquila, le dare el pésame a tu fa...
No pudo terminar la frase. Un grito de dolor interrumpió su ultima palabra mientras caía sobre mi. La aparté y rodé un poco mientras ella seguía chillando. Había movido mi brazo con el hacha, para intentar darla un golpe en la pierna, pero había acabado dándole en el tobillo, y ahora, el pie de la chica estaba separado de su cuerpo. La pierna de la chica manaba sangre. Si sobrevivía, la pondrían un pie ortopédico. Quizá una pierna. El veneno causaba efecto rápido y su pierna comenzaba a pudrirse y su piel se tornaba de un color blanco perla a uno negro putrefacto.
A pesar del dolor que debía de snetir, no dudó en volver a ponerse al ataque. Buscó su lanza aún entre sollozos mientras de sus ojos caían lágrimas. Al fin y al cabo, las dos érmaos más o menos de laa misma edad, y las dos, sentíamos lo mismo. Intentó volver a darme otro golpe con ella, esta vez con la parte puntiaguda. Alzé el hacha y dejé que cayese con fuerza sobre la lanza, partiendola en dos. Di unos pasos hacia atrás. No quería hacerlo... pero si quería volver a casa.... Volví a levantar el hacha por encima de mi cabeza, tal y como lo hacía Wood en los entrenamientos, cerré los ojos.
-¡No! -Era la voz de Rubi. La escuché intentando arrastrarse por el suelo y un grito de dolor. Entonces la lancé y los gritos cesaron. Un segundo... Dos segundos... Tres... El cañón sonó.
-Damas y Caballeros, me llena de orgullo presentarle a la nueva vencedora de los 71º Juegos del Hambre, Johanna Mason, tributo femenino del Distrito 7.
Ganadora, si... eso era... Dos aerodeslizadores aparecieron en el cielo que de repente había dejado de soltar agua, aunque seguía haciendo el mismo viento.
Miré mi muslo que seguía perdiendo sangre, y volví a tocar la empuñadura. Cerré mi mao alrededor de ella para intentar sacarla, pero al primer movimiento me desmayé si poder aguantar el dolor...
Entonces soñé...






Capítulo 33

Despertar



Abrí los ojos, despacio. Sólo vi oscuridad. Los cerré. Me dolía todo el cuerpo, y la cabeza me daba vueltas. ¿Dónde estaba? Volví a abrir los ojos, y al fin pude lograr ver algo. Un cielo azul grisáceo se cernía sobre mí. ¿Dónde estaba? Me costaba respirar y moverme no me parecía una buena idea. Cerré los ojos de nuevo y esperé unos segundos para abrirlos. No, no era el cielo lo que veía. Era un techo. El techo de mi habitación, en el Distrito 7. Sonreí, y eso me causó una punzada de dolor en las mejillas. Oí un ruido. Un cristal rompiendose y luego pasos.
-Voy a matarte Mason, voy a matarte...
El cabello rubio de Rubi apareció por la puerta. Vestía de negro, y tenía heridas por toda la cara, y una muy profunda en el cuello. Aún llevaba su lanza.
-Atrápala...
Una mano fuerte y cálida presionó mi cuello. De repente puede oler un olor familiar. Dejé de respirar. Alzé la vista para ver a Cliff, y paseé la mirada de el a Rubi, aterrorizada. La chica del 1 se disponía a lanzar su arma. Cliff comenzó a contar una cuenta atrás desde el número cinco. Cuando llego al cero, Rubi lanzó el arma hacia mí. Grité.


Abrí los ojos y tosí un poco, no demasiado fuerte ya que el dolor de mi garganta era insoportable. Mi campo de visión seguía sin ser completo. Vi personas vestidas de blanco, ninguna cara conocida. Intenté hablar, pero mis labios se movieron sin producir sonido.
-Aún no estás preparada.-Fue una voz femenina la que habló. Era suave, y transmitía confianza aunque tenía un acento típico del Capitolio. Sentí un leve pinchazo indoloro en el interior del codo, e instantáneamente se me cerraron los ojos.


Volví a abrir los ojos. Me costó acostumbrarme a la luz de la habitación. Ya no sentía dolor en el cuerpo. Miré a mi alrededor. Tenía unos cables conectdos a mis venas. No pude evitar hacer una mueca. Me levanté de la cama y posé mis pies en el frío suelo. Estaba medio desnuda, tan sólo con una fina túnica blanca que me cubria desde los hombros hasta algo más arriba de las rodillas. Observé detenidamente la habitación blanca, vacía, silenciosa... Ya no estaba en los Juegos. Era la ganadora.
Era la primera vez que lo pensaba desde que había salido de la arena. Una puerta se abrió. Blight, mi mentor, apareció. Vestía con un traje beige, y una barba de pocos días le cubría el rostro.
-Hola...-Susurró.- Tengo que reconocer, que tu victoria me ha sorprendido...
Asentí. Las palabras no salían de mi boca por más que lo intentase.
-Tus estilistas están deseando verte. Tienen un traje muy adecuado para ti. Deberías de verte al espejo, estás irreconocible. Has cambiado mucho desde que te vi por una pantalla.
Alargué mis brazos y miré mis manos, esperando encontrar los dedos flacuchos que había visto días atrás. Pero ya no eran tan delgados como en los Juegos, ahora estaban normales, como cuando cortaba troncos en mi Distrito. Ya no había arañazos, ni sangre entre mis dedos, se habían curado las heridas...
-¿Puedo verme en un espejo?
Blight asintió y se acercó a la pared que estaba en frente de mi. La toco con la palma de la mano, y esta giró por paneles, convirtiendose en un espejo. Me vi. Parecía una chica normal y corriente, como si nunca hubiese asistido a esa carnicería.
-No parece que haya cambiado mucho...
La pared volvió a girar, y los espejos desaparecieron.
-No dirás lo mismo cuando Caesar te muestre las escenas de los Juegos en las que tu apareces.
Lo había olvidado. En la entrevista, tendría que volver a revivir mis Juegos. Blight me tendió una mano y yo se la di. Me ayudó a ponerme de pie y a mantener el equilibrio.
-Ahora te llevaré con tus estilistas, pero antes, tengo que hablar contigo de una cosa muy importante que probablemente cambie tu vida al completo.
-¿El que?-Mi voz era áspera, y parecía un susurro.
-¿Recuerdas que para el Capitolio eras la niña que lloraba? Esa niña murió. Ahora eres Johanna Mason, ganadora de los Juegos del Hambre. Eres salvaje, cruel, y no te importa nada. Mira a todos con la cabea bien alta. A todos. Haz que piensen que estabas actuando.
-Pero yo no soy así...
-¡Me da igual! Ha que lo piensen. Nadie te creerá si sigues siendo una debilucha. Ahora eres fuerte. Actúa como si fueses la persona más importante del mundo. Hazlo, o lo que te ha pasado en los Juegos no será lo peor.
Tragué saliva y asentí inconscientemente. No sabía de lo que Blight hablaba, pero me daba miedo.






Capítulo 34

Cambios

Blight me dejó sola, con un par de avox, en una especie de comedor. Me habían traído un cuenco de caldo anaranjado y compota de manzana. No era un gran banquete para alguien que acababa de salir de los Juegos, pero por increíble que parezca, no conseguí acabarlo. Tras la comida, los avox me llevaron con mi estilista, Vibia y sus preparadores especiales, Petra, Lucius y Silva. Al principio solo parloteaban sobre lo contentos que están de volver a verme, pero tras los saludos comenzaron a hablar sobre los Juegos. Recoerdé las palabras que Blight me dijo, aunque en aquel momento parecían haber sido sacadas de un sueño.
<<Ahora eres Johanna Mason, ganadora de los Juegos del Hambre. Eres salvaje, cruel, y no te importa nada. Mira a todos con la cabeza bien alta. A todos. Haz que piensen que estabas actuando. Ahora eres fuerte. Actúa como si fueses la persona más importante del mundo. Hazlo, o lo que te ha pasado en los Juegos no será lo peor.>>
Decidí no hablar mientras me desnudaban y me metían en una bañera llena de agua azul verdosa. Vibia me hablaba sobre el fantástico vestido que me había preparado, y que, tras los Juegos, le parecía una gran elección. Petra le daba forma a mis uñas y le sacaba la tierra, mientras susurraba que los arañazos y las heridas de mis manos podían ser tratados con una crema especial que ella poseía, y además, me guiñaba un ojo. Lucius hundía sus desdos en mi pelo e intentaba quitar los nudos, masájeandome la cabeza y dándo varias capas de champú, marscarilla, y cosas que no llegaba a entender... Por último, Silva, me había puesto un ungüento por todo el cuerpo que me dejaba la piel blanca como la nieve. Una vez termindado, me sacaron de la bañera y me visiteron con una fina túnica de color dorado. Lucius seguía encargandose de mi pelo, mientras Petra pintaba mis uñas de diferentes colores en tonos rojizos y Silva me depilaba y me maquillaba. Hoy iba a ser la entrevista. Según había oído, había estado durmiendo unos cuatro o cinco días. A veces me despertaba durante unos escasos segundos y después volvía a cerrar los ojos durante horas. Habían aprovechado para operarme. Al principio no sabía de qué, porque cuando había salido de los Juegos, yo no me había sentido tan mal como para esperar una operación, hasta que Vibia dijo por lo que era. La belleza, como no. Obviamente, el Capitolio no podía permitir que la vencedora de unos Juegos del Hambre saliese delgaducha, con la cara huesuda y los huesos marcados, y no podían esperar a que me alimentase y engoradase. A mis estilistas les había sorprendido lo poco habladora que estaba, y lo único que hize hacia aquel comentario fue alzar la barbilla y mirarles con una sonrisa torcida. Seguí pensando en las palabras de Blight, en como actuar, y que, si Vibia y mis preparadores no se creían una de mis actuaciones, ¿Cómo se lo iba a creer toda Panem? ¿Y el Presidente Snow, se lo creería? Así que esperé al comentario indicado, cuando hablaban de la Gran Final de los Juegos.
-Sinceramente, Johanna, tengo que decir que ¡Se me salió el corazón cuando me enteré de que solo quedabais Rubi y tu! Estaba haciendo los preparativos de una fiesta cuando oí el cañon, y ya estaban... las dos finalistas. Como decía, me sincero contigo y admito que creí que ibas a perder.-Había dicho Silva.
Perder, y no morir. Perder parecía una palabra tan dulce en comparación a la realidad...
-Entonces tengo que suponer que no conoces a la verdadera Johanna Mason, porque yo nunca pierdo.
Esbozé una sonrisa, una de las que Leonnora me había dedicado en los entrenamientos. Silva intentó llenarme de halagos, y el resto la imitaron. Una vez acabaron, Vibia me condujo a una habitación para ver mi vestido para la entrevista con Caesar. Caminé con la cabeza bien alta, mirando al frente, e ignorando a las personas que se quedaban observándome en las esquinas. Lo que veían era una Johanna fría y... ¿cruel? Pero no era yo para nada. Y quizá fuese mejor. Quizá lo mejor era actuar y que no me conociesen tal y como era. Hacerles pensar que todo fue una farsa.
Llegamos a la habitación. Blight y Minerva estaban fuera, y me sorprendió, pero no les dediqué ni una mirada. Pase al lado de ellos sin saludar, y caminando como una verdadera vencedora. Recordé a Cashmere, una vencedora del Distrito 1 que había ganado años y atrás. Su forma de caminar, sus poses... todos la adoraban. Escuché a Minerva quejarse, y pude sentir como Blight esbozaba una sonrisa y me susurraba <<¡Buen trabajo!>>
Vibia abrió la puerta. Dudé un momento, pero pasé antes que ella, justo cuando había movido un pie para entrar. No dijo nada y me siguió. El vestido, era espectacular, pero para nada transmitía la imagen de como era yo. Era largo, de tirantes. Parecía que estuviese hecho de hojas transportadas del mismísimo Distrito 7. Aunque no tocases el vestido, podías sentir el tacto de las hojas y su forma. Las hojas del pecho, comenzaban con un tono verde oscuro, mientras bajabas la vista, iban cambiando a un tono verde claro, luego a uno amarillo por donde la cintura, y desde el muslo hasta las rodillas cambiaban a un tono marrón. Lo que me sorprendió, no fuese eso, sino, que a partir de las rodillas hasta los pies, las hojas parecían que se transformaban a un líquido de color rojo, algunas de las hojas más bajas se manchaban con el. Parecía sangre. La vencedora del Distrito 7 se había convertido en una asesina. Digno de ella.
Me obligué a sonreir.








Capítulo 35








Sonrisas  falsas

El vestido pesaba más de lo que imaginaba, y a decir verdad, era la cosa más incómoda que había llevado nunca. Las mangas se enganchaban con cualquier cosa, y no hacía más que tropezar con los tacones. Sobreactuando, me queje a Vibia, diciéndola que si seguía tropezándome iría descalza a la entrevista y que me parecía de muy mal gusto no haber pensado que tras los Juegos me gustaría estar cómoda. Vibia agachó la cabeza y murmuró un <<Disculpame>> casi inaudible. En aquel momento me dieron ganas de dejar mi supuesto caracter de lado y darla un abrazo, explicarla porque debía hacerlo y que las disculpas debían de venir de mi, pero Blight puso una mano en mi hombro antes de que me moviese, y me llevo por los pasillos.
-Buena esa actuación. Casi no te reconozco.
-No puedo ser así con esta gente Blight. Ellos solo intentan ayudarme. No tienen la culpa de haber nacido...
-Johanna, veo que no lo entiendes. No es solo aquí, en el Capitolio, donde tienes que actúar. Las cámaras van a estar detrás de ti durante todo el día en tu Distrito. Y cuando se marchen, aún no estarás segura.
-¿Me estás diciendo que a partir de ahora tengo que convertirme en una...?-No me dejó terminar la frase, y ya estaba al borde de las lágrimas. Suspiré e intenté guardármelas.
-Al final te acostumbrarás. Una llorica no habría ganado los Juegos. Si no consigues que la gente se crea tu actuación, lo echaras todo a perder. La gente quiere una historia con la que poder jugar y divertirse. Si les presentamos a la Johanna común del Distrito 7... en fin, no podremos sacar mucha cosa. Así que ya sabes, eres la despiadada chica del hacha.
-No me gusta. -Me quejé.
-¿Te crees que a mi me gustaron mis Juegos? -Me miró de refilón, y después se dio la vuelta y continuó caminando por el pasillo, pero yo no le seguí.


Todo el Capitolio estaba emocionado por mi entrevista con Caesar Flickerman. ¿Quién se había imaginado que iba a volver?
El himno suena tan alto que me vibran los oídos, y Caesar ya está sobre el escenario listo para empezar. Comienza presentando a Lucius, Petra y Silva, acompañados por Vibia. Luego presenta a Minerva Brightness, con su amplia sonrisa y su extraño conjunto plateado, y a continuación Blight aparece en el escenario acompañado de otro hombre con una prominente barriga. Es el otro ganador de nuestro Distrito, Ray, aunque no le había visto ni el día de la Cosecha, ni en toda la preparación para los Juegos. Tras eso, Blight y Ray desaparecen del escenario, dejando a Caesar completamente solo.
-Bueno, bueno, bueno... -el público se había calmado- ... Creo que ha llegado la hora de presentar a la verdadera estrella de esto, ¿no? Todos la estamos esperando. Es guapa, es lista, y como maneja las hachas... ¡Johannaaa Mason!
Las luces se alinearon y se centraron en mi cuerpo para luego alejarse y crear un camino de luz. El humo comenzó a expandirse por el suelo creando un efecto de nievla que me recordó a los Juegos. Los aplausos y vítores del público me retumbaban en los oídos, pero yo les ignoré, como Blight me dijo que hiciese. Intentaba pensar que los únicos que estábamos en el escenario erámos Caesar y yo.
Andar me resultó fácil. Pese a las quejas de Minerva, al final había ido en unos zapatos planos a la entrevista. El vestido era tan largo, que incluso si me sentaba, mis pies no se veían. Ir en zapatos planos me hacía feliz.
Me senté en el sillon que estaba a la izquierda de Caesar. Seguía intentando sonreír como Leonnora lo habría hecho, y observaba al público como si fuesen presas, y yo un depredador. Caesar tuvo que esperar unos minutos hasta que el público se relajó, y cuando pasó, me puse nerviosa de verdad.
¿Estaba preparada para revivir mis Juegos?









Capítulo 36

De vuelta a la realidad









Caesar Flickerman estaba lleno de diferentes sonrisas. Sonrisas de sorpresa, sonrisas de ánimo, de confianza... Al principio, las combinaba con preguntas simples y que podía responder con palabras sueltas y sonrisas de lado para el público: <<¿Qué tal de vuelta por el Capitolio?>>, <<Estarás deseosa de llegar a casa, ¿Me equivoco?>>, <<¿Has notado el número de gente que te quiere?>> Cada palabra que salía de mis labios, era continuada por vítores y gritos. Caesar tenía que mandarles callar y esperaba hasta que se hacía el silencio para volver a hacerme otra de sus preguntas, y todo volvía a empezar.
Las luces de colores me mareaban, y se juntaban con la niebla haciendo que mis ojos se humedeciesen, pero no dejé que ni una gota se deslizara por mis mejillas. Me concentré en mantener la cabeza bien alta.
-Creo... no sé si vosotros estáis esperando este momento, o tu, Johanna. Pero creo que ha llegado el momento de que veas tus Juegos. -Alzaba la voz un poco a medida que su frase avanzaba- Has sido la ganadora y no has podido verlos aún. Estaras ansiosa.
Me limité a sonreír y a pronunciar una palabra seca sin tranmitir ningún estado de ánimo, casi me pareció que lo había dicho con un tono sutil de grosería.
-Adelante.
Caesar me sonrío, aunque su mirada no me tranmitía alegría, o al menos me lo pareció. Las luces bajaron, y la oscuridad envolvió el escenario, dejando que la neblina blanca ondease bajo mis pies. Me puse nerviosa. No me gustaba demasiado la oscuridad. Me recordaba cuando sentía a los tributos profesionales a centímetros de mí y debía mantener la respiración. Pero daba igual, iba a revivir mis Juegos y tendría que estar sonriendo permantentemente. Seguro que una cámara estaría posada en mi en todo momento.
El himno sono fuerte, haciendo vibrar las sillas, y después, en la pantalla de detrás de mi, comenzaron las imágenes. Giré mi silla para poder ver. Mostraban la cornucopia en aquel valle, antes de que sonase el cañón que daría el comienzo. Cuando sonó, me vi correr. Era rápida, pero nada en comparación con Grint o Cliff. Todo parecía irreal, como si yo no fuese la persona que apareciese en la pantalla. Me sentía vacía, y sin sentimientos. Cuando la Cornucopia quedó vacía, mostraron una a una todas las sangrientas muertes del Baño de Sangre. Wendy, la chica del doce fue la primera caída, a manos de Leonnora. Tras ella, se le sumaron Scarlett, Steven, Marco, Jared... La de Leonnora apareció después y se oyeron suspiros. Caesar comentó.
-Me había parecido buena rival.
Y después el pálido Wood, que intentaba salvarme. <<Estúpida>> Me gritaba una voz interior, una y otra vez. Luego la imágen voló hacia Rubi, la chica rubia del Distrito 1 a la que había matado en la final. Lanzó uno de sus cuchillos y Wood calló al suelo. Entonces aparecí en la pantalla. Asustada, débil, sin saber que hacer... Sickle y Lily, Distritos 11 y 8, cerraron el Baño de Sangre.
Luego todo se enfocó en mi o en los profesionales. Yo intentando pasar la primera noche, los profesionales haciendo una hoguera, yo robando, Cliff traicionando a los profesionales, yo muerta de hambre, Cliff aliándose conmigo, el ataque de los mutos, y la noche en la que Gold murió a manos de mi aliado. Luego aparecen las serpientes mutantes, gigantes y de ojos rojos, me muerden. Caigo moribunda y Cliff me lleva hasta una cueva. Pasan varios días y caen ambos tributos del 5. La chica muere a causa de la lluvia, su aliada, la chica del 11, la ha abandonado. Su compañero muere envenenado. Y después llega la muerte de Cliff. Aprieto los puños y la mandíbula. Noto que Caesar me mira de soslayo y abre la boca para comentar.
-Aquí... amigos, se me partió el corazón.
-Cerré los ojos y respiré hondo. Era mi amigo. Mi aliado. Y me lo han arrebatado. Cliff no se merecía morir. Ni Wood. Nadie lo merecía. Y ahora 23 niños inocentes estaban muertos.
No presté mucha atención hasta la muerte de Grint. El pequeño Ethan, había colocado una extraña trampa, y el tributo del dos mordió el anzuelo como un pez, y se le acabó el Juego. Luego miré la pantalla, pero no vi las imágenes. Estaba cansada de mirar y de hacer como si no pasase nada. Cuando todo acaba, nos giramos de nuevos.
-Unos Juegos emocionantes, ¿eh? -Caesar me miró.
-Todos son emocionantes. -Me deje llevar por la furia y miré con odio a los habitantes del Capitolio.- ¿No crees Caesar? Pero sobre todo me parecen interesantes los Vasallajes, ¿Crees que el siguiente Vasallaje se hará con las personas del Capitolio?
Dije con voz dulce y mordaz a la vez. Me recosté en el sillón sonriendo. El público ya no gritaba. Sonreí más. Y Caesar siguió preguntando, y yo seguía sonriendo y riendo y lanzando respuestas con poca cortesía. Ya podía oír a Minerva. Y me daba igual... Blight me había pedido ser fiera, y lo era.
La entrevista acabó tras varias horas y el himno sobó de nuevo. El Presidente Snow apareció con una corona. La corona del vencedor. Avancé hacia el y le sonreí, como llevaba sonriendo toda la noche. El inclinó la cabeza un poco, y yo la incliné también para que pudiese ponerme la corona.
-Aún debo de hablar con usted, señorita Mason. -Me susurró y me dio un beso en la mejilla. Su aliento rozó mi piel. Olía como a sangre. Una niñita me traajo un ramo de rosas. Todas eran blancas y perfectas, con espinas, y una se me clavó en el dedo índice. Una gota de sangre empezó a salir de él. Despedí al público con la mano y Snow puso una de sus gélidas manos en mi espalda. No logré encontrar a Blight.




Capítulo 37



La mano de Snow me conducía por los estrechos pasilllos solitarios. No era una mano amiga. Era distante, fría y poderosa. En aquel momento, no sabía donde estaba. Hacía ya varios minutos que no había vuelto a ver a una persona, fuese estilista, avox. inluso una persona normal del Capitolio. No me atreví a hablar. Oía la fuerte respiración del Presidente en mi espalda. Estaba nerviosa. Blight no me había avisado sobre que el Presidente Snow hablaría conmigo tras la entrevista, y por eso creía que en realidad Blight no sabía que el Presidente iba a hablar conmigo. ¿Cómo debía actuar ahora? ¿Debería seguir con la falsa realidad, o mostrarme débil e indefensa? Miré mis pies. Caminar con aquel vestido era horrible, sobre todo cuando había que bajar escaleras, pero Snow no permitía que me parase. Obviamente Blight me hubiese dicho que ni se me ocurriese volver a los lloriqueos.
<<Esa Johanna ya esta muerta, ¿lo recuerdas?>> Susurraba una vocecita irritante en mi interior. Y la verdad, es que tenía razón. No creo que al Presidente Snow le sacudiese una oleada de ternura por verme llorar cuando cada año echaba a veinticuatrro niños a una arena para que se matasen entre sí. No. Los lloros ya no funcionaban, ya no era una niña pequeña.
La mano se torció, y giré a la izquierda. Snow abrió una puerta, y me hizo pasar, quitando su gélida mano de mi espalda. No había nada. Tan solo un escritorio, un sillón, y una vieja librería de madera oscura a medio llenar. Snow avanzó hasta el escritorio y deslizó uno de sus dedos por la superficie, sin sentarse en el sillón. Le observé desde la esquina de habitación, lo más alejada de él posible. No me daba confianza, y en cierto modo, le temía.
-¿Y bien? -Me limité a decir, fría.
-Señorita Mason... -Suspiró- Ha sido una buena entrevista, ¿eh?
Me encogí de hombros y puse una mano en mi cintura, cansada.
-No creo que haya sido diferente a la del año pasado. Y a la del anterior. Y el anterior... Y sucesivamente hasta los primeros Juegos.
-Me refería para usted. -Carraspeó- Dígame, ¿Cuándo cambió tanto? No recordaba que la niña que lloraba en el desfile fuese una víbora letal. Cada palabra que dice es como un puñetazo para el Capitolio. ¿Quién la hizo que cambiase de actitud, eh?
-Quizá en vez de compararme con una víbora debería compararme con una rosa. Son preciosas ¿verdad?, pero tienen espinas. -Miré mi dedo, con el que la espina de la rosa blanca había transpasado mi piel.
-Me gustan las rosas. -Se relamió los labios.-Seguramente esté desando volver a casa.
-Es todo un adivino. -Me apoyé en la pared.
-Voy a andar sin rodeos Mason. Tu actitud, daña al Capitolio. Notoriamente la gente te ama y ahora no puedes hacer que la niña del Desfile regrese, porque te aman como eres ahora. Pero controla tu veneno. En segundo lugar quería hablarte de tu trabajo. Ya sabes, la gira de la Victoriadura un año, pero... ¿después?
-Después me limitaré a cortar troncos con un hacha, creo que se asemeja mucho a cortar cabezas, no me supondrá ningún esfuerzo.
Snow torció la sonrisa y me miró. El me llamaba víbora, pero sus ojos si que eran de una serpiente de verdad.
-¿Sabes cuál es el trabajo de Finnick Odair?
Finncik Odair era un vencedor realmente atractivo del Distrito 4 que había ganado seis años atrás. Ahora tenía unos diecinueve o veinte años, pero todo el mundo sabía que tenía varios amantes en el Capitolio. El Presidente Snow se quedó mirándome implacable.
-No pienso hacer el trabajo de Finnick.
-Pienso que eres astuta y no estúpida. ¿Sabes? Tienes una preciosa familia...
El miedo enraizó en mi interior, creciendo desmesuradamente.
-No te atreverás a hacerles daño.
-Yo no he dicho eso señorita Mason, solo he alabado a su preciosa familia. El resto, depende de ti...
Intenté controlar mi respiración, pero, ¿Acaso podía? Estaba al borde de quedarme inconsciente cuando Snow hablo.
-Después de la Gira de la Victoria, venga a verme. Hablaremos, como los amigos que somos.-Me dedicó una sonrisa repugnante que me dió arcadas.- Ahora, su tren la espera.








Capítulo 38





El viaje de vuelta al Distrito 7 fue largo y tedioso. No podía dormir, así que me dediqué a pasear por los vagones del tren mientras todo estaba en silencio. En el viaje de ida, Wood había estado a mi lado. Pero ya no. Ahora estaba sola. Aún por el día, rodeada de gente, me sentía sola. ¿Era eso posible? Que todos te halagasen y estuviesen detrás de ti todo el día ¿Y a la vez sentirse sola? Parecía ser que sí. Me senté en uno de los sillones de la cafetería. Era muy cómodo. Cerré los ojos e intenté pensar para no quedarme dormirda. Si dormía, las pesadillas aparecían. Pensé en mis padres, en Paul. Les vería dentro de tan poco. ¡Cuanto les echaba de menos! Y como dolía pensar en ellos... Debieron de haber sufrido mucho.
 Los pensamientos se me fueron apagando poco a poco, así que meneé la cabeza un par de veces para despejarme.
-Mantente despierta Johanna...
Sabía que estar despierta para siempre era imposible, pero me permitía echar pequeñas cabezadas durante el día, ya que Minerva estaría sobre mi como un halcón sobre su presa, nada más que me viera.
-¿Es tan dificíl estar despierta durante 24 horas?
Seguía hablando en voz alta, ya que eso quizá me hiciese despertar más.
-Tengo tantas ganas de llegar a casa. Si, es lo que más deseo. Seguramente seamos ricos y no tendremos que volver a trabajar nunca más.
Entonces pensé en Snow. Maldito Presidente Snow. ¿Que me había dicho? ¿Conoces el trabajo de Finnick Odair? Le hubiese escupido en la cara, pero claro, no me apetecía quedarme sin lengua por... ¿accidente?
Apoyé la cabeza en mis brazos. ¿Cuánto quedaba para el amanecer? ¿Cuatro horas? Podía aguantar... Por desgracia tenía totalmente prohibida la entrada en el vagón bar. Mis quejas y algún que otro comentario grosero dirigidos a Minerva y a los agentes de la paz no habían servido de nada.
-Eres una niña que acaba de salir de los Juegos, Johanna. No es correcto que bebas ni comas nada entre horas, puede hacerte mal.- Me había advertido Minerva on su habitual y elegante acento del Capitolio.
Conté las veces que cerraba los ojos, las veces que respiraba, intenté escuchar el latido de mi corazón, y finalmente me dormí.


Era la primera entrevista con Caesar. El público me admiraba y me tiraba flores. Rosas blancas con espinas. Mi vestido se desgarraba con cada rosa que tiraban, y mis brazos llenos de arañazos estaban cubiertos de sangre. Caesar seguía aplaudiendo con su amplia sonrisa. Y luego todo se volvió oscuro, pero seguía sintiendo las rosas caer sobre mi. Me cubrí el rostro con los brazos y me senté en el suelo agarrando mis rodillas, intentando hacerme lo más pequeña posible. Luego se encendio una antorcha. Y luego otra. Así hasta que se encendieron diez antorchas, un circulo entero, y yo estaba en el centro. Rubi llevaba el vestido de la entrevista, pero ya no era de color lila, era negro. Negro con la tela rota. Tenía una gran brecha en la cabeza de la que goteaba sangre y se le hacía un hilillo hasta la clavícula. Un pie estaba envuelto en un precioso zapato negro de tacón, el otro pie era de metal y no llevaba zapato. Por eso cojeaba.
Yo estaba atada de pies y manos con una mordaza en la boca. ¿Me había atado ella?
-Despídete de tu vida.
Y se avalanzó sobre mi, con mi hacha.




Capítulo 39

Llegué a casa cuando los tentáculos de la oscuridad comenzaban a adentrarse por el Distrito. La luna, grande y radiante ya se podía ver en el cielo, rodeada de centenares de puntitos plateados que brillaban en la negrura del cielo. Mi hogar. Ya estaba de vuelta, tras todo el sufrimiento vivido desde que Minerva Brightness había alzado la voz para gritar mi nombre el día de la Cosecha.
El tren se detuvo poco a poco, y casi no noté que ya habíamos llegado a la estación. Blight me puso una de sus manos en el hombro, tranquilizandome.
Le había pedido a Vibia que me vistiese con ropa simple, pero debió de ignorarme. Lo único que hice fue poner mala cara, no quería discutir con ella. En el tren no había cámaras. Así que no dije nada y dejé que me vistiera. Al principio no me pareció mala idea. Había sacado unos pantalones sencillos de color negro con tachuelas doradas y una camiseta negra, pero luego sacó un abrigo verde de plumas con un tocado con redecilla del mismo color. Lo odié. Me recogí el pelo en un moño bastante deshecho pero que quedaba bien junto al tocado, y Vibia me disimuló las ojeras con un poco de maquillaje.
Cuando bajé del tren las cámaras ya estaban ahí para grabarme. No me esforzé en sonreir. No me apetecía, pero además Blight me había dicho que no lo hiciera. Me hice paso entre las personas hasta llegar a mis padres y a Paul, y nos fundimos en un cálido y largo abrazo en el cual me protegían de las cámaras. Estaba de vuelta. Con ellos. Y ya no me importaba nada más. El tocado verde se cayó de mi pelo (me alegré por ello) y no me molesté en recogerlo. Mi padre me abrazó para conducirme a casa a recoger mis cosas. Ya no viviría cerca de la urbe del Distrito, ahora tenía una casa gigante cerca del bosque, en la Aldea de los Vencedores. Blight, Minerva, Vibia, nos siguieron hasta mi casa. Blight ponía malas caras e intentaba ocultarse de las cámaras, mientras que Vibia y Minerva sonreían intentando posar con la mejor de sus sonrisas.
No tardamos en llegar a casa, y ahí, cerramos las puertas y corrimos las cortinas. Volví a abrazar a mi madre, que lloraba y no paraba de repetir << Mi pequeña.>> Mi padre me acariciaba las mejillas sonriente, susurrando que por fin había llegado y que no era un sueño. Paul me abrazó tan fuerte que a veces me costaba respirar. La verdad es que no me fíaba, parecía todo tan bonito que de vez en cuando me preguntaba si no sería todo un sueño y cuando despertase aún seguiría en la arena, sobre aquellas montañas y el cielo encapotado permanentemente. Me solté bruscamente con la vista clavada en las tablas ennegrecidas del suelo de madera.
-¿Estas bien, Johanna? -La voz de mi hermano intentaba transmitir tranquilidad.
Me arrodillé en el suelo y toqué la madera. Miré mi mano, y en el dedo vi el puntito rojo que tenía en la yema de un dedo. Lo había causado una espina de las rosas que me habían dado tras la entrevista de Caesar.
-¿Estoy despierta?
En realidad era una pregunta retórica, y no tenía la menor idea de por que la había formulado en alto.
-Si cariño. Ya estas con nosotros en casa.-Con tan solo oír a mi madre sabía que seguía entre lágrimas.
Volví a pasar los dedos por la madera clávandome un par de astillas. Me quejé e intenté sacarmelas. Volví a levantarme con cuidado, sin apartar la vista de los dedos, entonces sentí un metal frío bajo mi garganta, y un líquido espeso corriendo por mi cuello. La cara de Paul se deshacía como la cera y daba lugar a la de Grint. Las manos que rodeaban la empuñadura de la daga que estaba en mi cuello eran de mujer. Otra voz... ¿Blight? Sonaba desde atrás, y contaba números. Cuando acabó, un silencio inundó la sala. Y Grint habló.
-Que comienzen los 71º Juegos del Hambre.
La daga se clavó en mi garganta, y empezé a notar el sabor de la sangre en mi boca. Me ahogaba con ella. Las manos que me sujetaban se esfumaron y caí al suelo, con la mano en mi garganta.


Me desperté. Aún estaba en el tren. ¿Qué hora era? Me había dormido. No podía haberme dormido. Me froté la frente. Algunos rayos de sol se filtraban entre los árboles altos. ¿Dónde estabamos? No podíamos encontrarnos muy lejos.
-¿Has dormido mal, me equivoco?
La voz de Blight era grave y retumbaba en el vagon produciendo un pequeño eco.
-No ha sido mi mejor noche.
-¿Un mal sueño?
Suspiré y me abrazé a mi misma. Él ya sabía la respuesta. Él ya lo había vivido.
-¿Cuándo pasarán? ¿Cuándo podré volver a dormir si  temor a que mi hermano se convierta en mi enemigo?
Blight suspiró rascándose la barbilla e inclinándose hacia delante, apoyando uno de sus codos en su rodilla izquierda.
-Cada persona es diferente Mason...-Mason, eso dolía, y me recordaba a Cliff.- No se van tan fácilmente. Yo aún tengo pesadillas sobre mis Juegos. No se van nunca, simplemente intentas olvidarlos. Intentas cubrir tus miedos con otras cosas durante el día, pero por la noche es distinto. ¿Puedes controlar tus sueños? Porque yo no. Si algún día logras controlar tus sueños, dímelo.
-¿Entonces no voy a poder dormir bien nunca más?
-Yo no he dicho eso. -La sombra de una sonrisa se le dibujó en su cara.- Cuando llevas teniendo durante más de veinte años los mismos sueños aprendes a... vivir con ellos. Intentas dormir poco, aprovechar el día, no dejar ratos libres para pensar.
-¿Siempre sueñas con tus Juegos?
-No. -Dijo seco y torció la sonrisa haciendo una mueca.- A veces los Juegos no son lo peor de las pesadillas.
Se levantó y despareció por la puerta, dejándome de nuevo sola. Sola con mis pensamientos. Y mis miedos.






Capitulo 40

No volví a dormir. Los ojos ya no me pesaban, y la temperatura había bajado, así que ya no era tan fácil conciliar el sueño.

Cuando el sol comenzaba a salir, Blight me llamó, y me llevó a una habitación separada del resto.

-Hoy no te vestirán tus estilistas.-Dijo con un tono de voz más grave de lo normal. Me sorprendió lo que dijo. ¿Qué diría Minerva de aquello? Pero lo que ella diría no importaba. Blight me tendió unos pantalones grises, y una chaqueta del mismo color.

La verdad es que no me disgustaba nada llevar esa ropa. La prefería ante los extravagantes vestidos del Capitolio, y aunque hoy aún habría cámaras a mi alrededor, ya no sería lo mismo.

-Blight...-Susurré, sin saber muy bien que preguntar.-¿Cómo debo de... comportarme?

Blight gruñó, y se apoyó en una de las paredes de la habitación.

-Como una vencedora.

Después salió de allí y me dejó sola. No hacía falta darle muchas vueltas a la respuesta, estaba claro.

Vibia me buscaba por todo el tren con un recargado vestido granate, que nada más verlo, no pude reprimir una mueca. Y esta vez, sin actuar.

Me negué a ponermelo, l igual que me negué  que desenrredase de mi pelo, ya que estaba recogido en una coleta y no quería llevarlo suelto porque me entorpecía la vista. Al final me convenció para maquillarme, y aunque la avisé de que solo quería tonos oscuros con un tono de voz hostil, se permitió utilizar un delineador rosado. La cojí la muñeca con fuerza, y ella dejó escapar un grito.

-Dije tonos oscuros.

Me levanté, con fingido enfado, y marché de allí. Luego Vibia volvio, tan solo con una caja de tonos oscuros, y volvió a finalizar el trabajo en silencio.

La estación de tren del Distrito 7 estaba atestada de gente. Todo me recordaba a mi sueño de la noche anterior. Las cámaras grabaron cada uno de mis pasos hasta mi familia. Intenté no aligerarlo, pero me resultó imposible. A medida que estaban más cerca, más rápido caminaba. Me fundí primero en los brazos de Paul. Luego mi padre se unió a nosotros, y por último mi madre, que tenía la cara cubierta de lágrimas.

Las cámaras grabándonos, la gente gritando y vítoreando. Entre el brazo de mis padres, pude ver a los Harrison.

Lo único en lo que pude pensar fue: Wood...

Él me había salvado la vida, y de no ser por eso, seguramente habría tenido las mismas posibilidades que yo de ganar. O incluso más.

Se lo que sus padres dirían. Que en realidad no había sido mi culpa. Pero sería normal, que lo dijesen. Me conocían desde niña y mis padres y ellos eran amigos. Pero yo sabría que no dirían la verdad.

Me empezó a doler el pecho, como cuando te golpean. ¿Culpabilidad? El momento en el que Wood me salvó pasó por delante de mis ojos a cámara lenta.

Alguien hablaba. No sé si para mi, porque oía la voces como si estuviese sumergida bajo el agua.

Las cámaras estaban entrevistándonos. Mi padre hablaba de lo feliz que se snetía, mi madre no podía hablar por la emoción, y mi hermano que me había echado de menos, apretándome fuerte contra él. Caminamos rápido hacia nuestra antigua casa. Antigua, porque como vencedora, el alcalde me daría una nueva casa en la Aldea de los Vencedores. No había pensado en ello hasta aquel momento. La Aldea de los Vencedores estaba más allá del bosque. Casi en el término del Distrito.

Al llegar a la zona vieja del Distrito, la de nuestra casa, pasé el umbral de la puerta, la primera, y cuando los cuatro estuvimos dentro, la cerramos, dejando a las cámaras atrás.



...



No salí mucho de casa en unos dos meses. Al principio me sentía obligada, pues las cámaras aún revoloteaban a mi alrededor, pero cuando se esfumaron, me encerré en mi habitación y negué a abandonarla. Además, tampoco era aburrido. Teníamos una nueva casa, mucho más grande que la anterior. Mucho más grande de lo que habría imaginado. Teníamos dinero de sobra, así que había insistido a mis padres para que dejasen el trabajo. Sorprendentemente, lo hicieron, pero Paul no era tan fácil de convencer.

-Muy bien hermanita, tienes dinero, pero... ¿Y luego qué? ¿Cuándo yo tenga mi propia familia?

-Podré alimentar también a tu familia.

-¿Podrás alimentar a tres o cuatro familias?

Habíamos hablado mucho sobre aquello. Paul creía que no podría abastecer eternamente a los Harrison, a papa y mamá, a Paul cuando crease su propia familia, y a la mía. Yo no lo veía tan oscuro. Tenía dinero suficiente para cualquier cosa. Pero Paul era cabezota respecto a ese tema.

-Prefiero ganar mi propio dinero Jo.

Los días se me pasaban despacio. Las noches eran un sufrimiento. Me despertaba, maldiciendo por haberme dormido, por culpa de las pesadillas. A veces gritaba, a veces no. Pensaba en Wood, en Cliff, en los tributos muertos, en lo que Snow me había dicho. Ya había pasado tiempo, pero seguía recordando sus palabras. Tenía miedo. Pasaba semanas temiendo que un día Snow me visitase. Al fin, una noche, Paul vino a mi habitación, por culp de los gritos.

-¿Estas bien?

Asentí, poco convencida.

-Cuéntame lo que te pasa.

Así que, se lo conté. Entendió lo de las pesadillas, y el hecho de que ahora me daba miedo dormir, e intentó tranquilizarme con lo de Snow.

-¿Cómo te va a hacer daño Snow? Ya no puede Jo. Eres la vencedora de los Juegos, y la gente de allí, -Se refería al Capitolio.- te adora. Así que no temas.

Y sabía que tenía razón, porque nunca habían matado a un vencedor. La gente no lo permitiría.

No fue hasta que un día llamaron al teléfono. Me extraño. Nadie tenía teléfono en el Distrito aparte de Blight, que vivía a unos cuantos pasos de mi casa, Ray, con el que nunca hablaba, y el Alcalde, con quien tampoco hablaba. Descolgué, pensando que quizá se tratase de Vibia, o incluso de la ajetreada Minerva, la cual había ganado fama desde los Juegos. Pero nada más oír la voz, se me olvidó respirar.

-Buenos días, mi querida Johanna. Espero que esté teniendo un tiempo feliz.

Snow.


Capitulo 41
Pasó un momento en el que no me atreví a hablar. Pareció una eternidad, cuando en realidad seguramente hubiesen sido un par de segundos. No esperaba su llamada, no aún. Me aclaré la garganta, e intenté que mi voz sonase clara. Sin mucho éxito.
-Presidente Snow... -La volví a aclarar, y usé un tono de sarcasmo.- Que alegría su llamada. ¿Qué quiere?
-Ya ha pasado un tiempo desde la última vez que hablamos. ¿Qué tal estás? ¿Tu nueva casa? ¿Alguna queja?
-Nignuna queja. Todo está perfecto.
Otro silencio incómodo. A través de la línea pude escuchar un leve chasquido.
-¿Recuerdas nuestra breve charla?
-Como olvidarla... -Dije con asco. En realidad, solo lo había pensado, pero las palabras salieron de mi boca sin más.
-¿Y que has decidido al respecto...?
Otro silencio. Recordaba bastante bien la conversación que había mantenido con Snow aquel día. Recordaba la conversación que Pul y yo habíamos tenido sobre Snow.
"-Solo quieres asustarte Jo. Es él quien gana dinero contigo."
"-No quiero volver al Capitolio, ni saber nada de Snow, ni de los Juegos. Nunca más." Le dije, estúpidamente, ya que en unos meses sería la Gira de la Victoria, y me harían revivir cada momento de los Juegos.
"Si hay alguien fuerte en esta familia, eres tú. Da igual que seas la mas pequeña, y la que menos come. Si alguien lleva el peso de esta familia eres tu. Yo no hubiese salido de ese Infierno. Tu sí. Recuerdalo. Eres más fuerte que ellos."
Y eso me dio fuerzas. Paul tenía razón. Había sobrevivido a 23 personas. Había sobrevivido a los Juegos del Hambre. ´Me había matado a mi misma para convertirme en un persona distinta.
-No voy a hacerlo.
-Johanna, Johanna, Johanna... creí que eramos amigos.
Bufé, y volví a recordar la conversación con Snow poco después de ganar los Juegos. Entonces una frase empezó a retumbar en mi cabeza.
"Tienes una preciosa familia."
No iba a por mi. ¡Claro!  A mi no podía hacerme daño. A mi me querían en el Capitolio. Matar a un vencedor sería de locos. Pero su familia, era poco conocida. Blight no tenía familia, al menos que yo supiese. Tampoco Ray. ¿Y Finncik Odair, el tributo vencedor del 4? Cada vez que le sacaban en la television merodeaba solo, y podia recordar perfectamente que en sus juegos el tenía un hermano.
Mis piernas comenzaron a temblar. ¿Todos los vencedores terminaban así? Mis ojos se llenaron de lágrimas.
-¿Johanna?-Pregunto Snow. Apostaría que estaría sonriedno de lado pensando. "Yo gano. Siempre lo hago."
-Tengo que colgar Presidente. Le daré la respuesta más... más... en unos días.
-Me parece bien. Cuídate, Johanna.- Oí como la línea se cortaba y me derrumbé en el suelo. Paul no podía saber nada de esto. Mis padres tampoco. Solo me quedaba una opción.
Blight.
Nunca me había llevado bien con mi mentor. La única vez que podría haber conecetado un poco con él, fue la noche en el tren, antes de llegar al Distrito. Pero todavía era mi mentor, ¿no? Se suponía que aún debía de ayudarme.
Me levanté del suelo y me calcé las botas de cuero que me había quedado de los días en los que permanecí en el Capitolio tras los Juegos. Cojí un abrigo y salí a la calle. Eran mediados de Octubre, y cada día el termómetro marcaba menor temperatura. En el siete, las nevadas comenzaban poco después de que llegase Noviembre, y perduraban hasta principios de Abril.
Blight no vivía muy lejos de mi casa, así que en diez minutos había llegado. Me limpié el barro de las botas que se había creado en el suelo por culpa de la lluvia en el porche y llamé en la puerta de madera con los nudillos desnudos. Blight no fue quien me abrió, si no una chica rubia más o menos de mi edad. Era raro ver a gente con aquel color de pelo por el Distrito, no era muy común, tan solo en unas cuantas familias.
-Hola. -Saludó tímidamente, y se apartó, dejandome pasar.
-Hola...-La saludé, con el mismo tono de voz y busqué a Blight con la mirada.
-¿Esta...?
-¡Delia! -Se oyó rugir una voz desde otro luegar de la casa. La chica miró al suelo.- ¡Te dije que no dejases entrar a...! -Blight apareció por una puerta y de repente se calmó. Solo un poco- Ah, eres tu...
Habló sin mucho ánimo, como siempre.
-Necesito hablar contigo Blight, es urgente.
-Y yo necesito un café. Delia...
La chica me miró, luego miró a Blight, y se marchó dando pasitos cortos. Luego Blight se dio la vuelta y despareció por una esquina. Decidí seguirle.


Capitulo 42
Nunca me hubiese imaginado que la casa de Blight fuese tan parecida a la mía. Ya podía ver a mi madre ordenando todo y suspirando cada vez que se encontraba algo fuera de su sitio. Un delicado mantel de fina tela blanca con bordados florales cubría la mesa de madera. Diferentes pinturas adornaban las paredes, pintadas de un relajante color arena. Había fotos viejas enamarcadas y colocadas por diferentes sitios de las sala. Todo parecía tan acogedor...
-¿Qué era eso tan sumamente importante de lo que tenías que hablarme?-tronó con una voz demasiado cargada de cansancio.
-Me ha llamado Snow...
Por un momento solo hubo un silencio. Las pisadas de Delia hicieron que blight volviese a la realidad.
-¿Y Snow por que querría llamarte?
Me aclaré la garganta. No era algo que me apeteciese hablar con Blight, pero no sabía a quién más recurrir. Y con Delia por ahí...
-No es la primera vez que hablamos. El día de la entrevista, antes de volver al distrito, el y yo tuvimos una pequeña charla...
Blight se debió de dar cuenta de que la presencia de Delia, me molestaba.
-Delia, ¿por qué no vas al Distrito y compras algunas cosas?
La chica hizo un rápido gesto de asentimiento, cogió un bolso y un brigo y salió. Blight apoyó sus nudillos sobre el mantel blanco que había sobre la mesa y me miró ladeando la cabeza.
-Snow me ha sugerido de una manera muy cortés que el trabjo que realiza Finnick Odair en el Capitolio sería muy bueno para mi. Blight, tu sabes cual es ese trabajo, creo que todo el mundo lo sabe. Y tengo miedo. Me ha amenzado. No a mí, a mi familia.
Pude ver que Blight lo creía. Tensó los musculos de la cara y comenzó a hacer un rugido extraño con la garganta.
-¿No hará nada verdad? No puede hacerlo. ¿Verdad?
Intentaba con todas mis fuerzas que hubiese otra salida, pero desearlo no servía de nada.
-No es la primera ve que pasa.
Su voz expresaba una tranquilidad que me ponía de los nervios.
-¿Y a mi que más me d que no sea la primera vez? ¿Has oído lo que te he dicho? -No hubo respuesta.- ¡Blight!
-Quizá solo deberías hacerlo y ya está.
-¿Qué?
-Ya me has oído...
-No puedo creer que me estes diciendo eso. Eres mi mentor, se supone que tienes que ayudarme.
-En los Juegos.
-¡Esto es por culpa de los Juegos!
Blight se separó de la mesa y se dejó caer en una silla. Noté como las lágrimas se amontonaban en mis ojos, pero no permití dejar caer ni una. Esperé por una respuesta, por un simple gesto. Una mirada. No hubo nada.
-Esta bien. Me alegra saber quién se preocupa por mi y quién no.
Salí de la casa con grandes zancadas y cerré la puerta de un golpe. Llovía mucho, y el agua empezaba a calar la ropa, y a hcer que el pelo se me pegase en la cara y me entorpeciese la vista.
Me sentía mareada. ¿Quién me podía ayudar? Blight no, eso seguro. Y no podía contarles nada ni a Paul ni a mis padres.
Empezé a correr sin motivo. Necesitaba despejarme. Hacer algo que centrase todos mis pensamientos en eso y quizá el cansancio lograse aquella tarea.
Al salir de la Aldea de los Vencedores, solo había un camino que te llevase al Distrito. Era un camino estrecho y con muchas curvas, de tierra. A ambos lados del camino se expandía un extenso bosque verde lleno de pinos, abetos... El lado de la izquierda no daba a ningún sitio, tan solo a la valle que indicaba el término del Distrito. Si te salías del camino e ibas por la derecha, podrías encontrarte con todos los trabajadores de la madera. El bosque del 7 era kilómetrico.
No sé durante cuanto tiempo corrí. Tropezé un par de veces, cayéndome al suelo. Luego paró de llover, pero yo seguí corriendo. Al oír el ruido de las hachas cortando la madera me paré. Este era mi hogar. Mi vida de antes, sin riquezas ni fama, pero mi vida. Daría cualquier cosa por volver a ella, pero ya era imposible.
-¿Johanna?
Giré la cabeza hacia la voz y vi a Willow. Mi mejor amiga. La que creyó que no volvería. No había vuelto a verla desde aquel día en el Edificio de Justicia, cuando fui escogida. Ni siquiera cuando volví en aquel tren. Tampoco en los dos meses que llevaba en la Aldea de los Vencedores. La verdad es que verla allí, me sorprendió. Seguía igual que siempre, salvo que su pelo había crecido un poco.
-¿Willow? ¿Qué haces aquí?
Me enseñó el hacha y se encogió de hombres.
-Hacía mucho que no te veía. Te ves bien...
¿Estaba bromeando? ¿Me veía bien después de todo lo que me había llovido encim?
-Sí, tu igual. -Dije, pensando que ella pensaría lo mismo que yo.
Se notaba la tensión entre las dos. No había sonrisas, solo nos mirábamos como si fuesémos dos completas desconocidas.
-No viniste a verme.
Dije al fin, sácandome el peso de encima.
-Mis padres no creían que verte tras los Juegos fuese buena idea.
"Y tu tampoco."-Pensé.
-¿Por qué? Creí que éramos amigas.
-Y lo erámos.-Éramos. Ese era el problema.- Las cosas han cambiado por aquí Jo. Y tu también.
-¿Qué cosas?
-¿No has visto las reacciones de la gente?
-Obviamente no, llevo dos meses sin salir de casa y no me considero totalmente cuerda.
-La gente piensa que eres una asesina. Una mentirosa. Al principio lloras en cada momento que sales en pantalla y luego te conviertes de la noche a la mañana en una máquina de matar. La gente habla. Y más desde que tu llegada cambiásemos repentinamente de Alcalde. Que casualidad que nadie conoce al nuevo Alcalde.
-¿Nuevo Alcalde?
Aquello era nuevo para mi. Willow apoyó el hacha en el suelo y suspiró.
-Están cambiando muchas cosas Jo. Y creo que principalmente van a cambiar para ti.
-No me hables de cambios. No me hables de nada. ¡Ni siquiera sabes por lo que estoy pasando! ¿Asesina? ¿Quhe hubieses hecho tu para salir de ahí? ¿Sabes lo que es estar allí, con gente, y pensar a cada minuto que si tu sales ellos deben morir? ¡No! ¿Y por eso las cosas cambian por mi culpa? ¿Por ser la nueva vencedora?
Willow se encogió y levantó el hacha para reposarla sobre su hombro.
-Yo solo te estoy advirtiendo...
Me miró un momento antes de caminar en la dirección opuesta a la mia.
-Willow... ¿Aún eres mi amiga?
-Solo si tu sigues siendo la misma...


Capitulo 43
Decidí volver a casa. Lo único que podía conseguir estando en los fríos bosques después de la lluvia, solo era resfriarme. Mientras caminaba, pensaba en lo que había dicho Willow. Sabía perfectamente que la gente ya no me veía con la misma iagen tras la entrevista con Caesar, pero de eso ya me había advertido Blight. En relidad, eso no era lo que más me preocupaba, de hecho hasta me resultaba alentador. Lo que me preocupaba era si los Juegos me habían hecho cambiar a mi, a la verdadera yo. No era difícil saberlo. Los Juegos cambian a la gente. ¿Pero cuánto?


No había nadie en casa. Otra vez estaba sola. Sola casa, sola en el bosque, sola... Fui al baño y llené la bañera de agua caliente. Eché al agua unos aceites que le dieron un color púrpureo y me metí. Bajo el agua me sentía bien, y parecía que todos mis problemas desapareciesen. Hundía la cabeza y abría los ojos, viendo el mundo a traves del agua en otro calor. La espuma se amontonaba junto a mi piel, y el agua hacía que el pelo me ondease. Entonces comencé a llorar. Cojí una de las toallas y me envolví con ella. Todo parecía perfecto bajo el agua, pero en realidad el agua no disolvía los problemas. Me miré en el espejo, pero en lo que me fijé no fue en mi rostro, sino en lo que reflejaba desde atrás. Me giré para verlo por la ventana mejor. Un sinsajo. Hacia mucho que no los veía por el Distrito 7. Era precioso, y cantaba sobre la alambrada. Esa alambrada que nos mantenía a todos fuera de la libertad.  Me reí. Los sinsajos eran la prueba de que al Capitolio a veces las cosas le podían salir mal.
"El Capitolio no siempre gana." "La gente cree que eres una asesina. Una mentirosa."  "Quizá solo deberías hacerlo y ya está." "A veces los Juegos no son lo peor de las pesadillas." "Eres lista, y fuerte, sé que podrás con ello." "Sé que puedes hacerlo."
Las voces de la gente que quería empezaron a hablar en mi cabeza, y a trazar un plan. Claro que el Capitolio no siempre ganaba, y claro que podía hacerlo, pero lo haría a mi manera. Sonreí de lado. Y en el reflejo del espejo vi que no era la sonrisa de la niña tímida que fue cosechada para los Juegos, tampoco la de la Johanna rota de hacía apenas unos minutos, ni la Johanna que Blight quería que fuese. Algo había cambiado al trazar ese plan. Bajé las escaleras hasta estar en frente del teléfono y marqué los números con un pequeño temblor, pero antes de  que el´marcase el último, me llamaron a mi. Respondí.
-¿Diga?
-Señorita Mason, ¿ha decidido algo ya?
-Presidente Snow, debe saber que haré lo que me propone.
Pude ver como se le escapaba una siniestra sonrisa de placided.


...


Todo era un auténtico caos. Comenzaba la Gira de la Victoria, y mi décimo octavo cumpleaños se acercaba. Me sentía nerviosa, y no por la Gira y por todas las cámaras que estarían alrededor de mí durante estas semanas. La verdad es que ya me había acostumbrado a las cámaras. Pero lo que me ponía de los nervios es que la quedada con Snow se acercaba.
-"Tras la Gira de la Victoria, vendrás al Capitolio, y hablaremos..."
Seguía con mi plan en la cabeza. Había preferido mantener a Blight al margen. Sabía lo que diría, incluso yo lo pensaba. Lo único que me preocupaba era si las cosas salían mal... No podía creer que hubiese cambiado tanto después de los Juegos. Antes, tan solo de pensarlo me colocaría un cartel de "loca" en la frente.
Llamaron al timbre, y mi madre fue a abrir con su más cordial sonrisa. Hacía mucho que no veía a Minerva Brightness. Ya no llevaba el pelo verde. Ahora era de un color rojizo, degradándose en las puntas hasta convertirse en naranja. Iba envuelta en un abrigo largo de color blanco, con unos guantes anaranjados, a tono con su pelo. Abrazó a mi madre cuando entró en la casa, y después a mi.
-Oh, Johanna... pero si que has crecido. Estás espléndida.
Después entraron mis estilistas.
-¡Johanna! -Gritaron a la vez.
-Hola chicos...-Mascullé con un tono de dejadez y una sonrisa que hacía ver que en realidad no estaba cómoda. Blight me había advertido que debía de seguir actuando, aunque la verdad es que no necesitaba mucho esfuerzo para actuar la  sonrisa.
-¡Estas uñas esán fatal!-Suspiró Silva.
-¡Habrá que cortar tu precioso pelo!-Gritó Petra.
-¡Podrías haberte cuidado un poco, vamos a tardar horas!-Exclamó Lucius
-Creí que habrías aprendido un poco de mi sobre la moda...-Dijo Vibia, cansada.
Me separé de ellos.
-Bueno... ¡Habrá que empezar! ¡Mucho trabajo nos espera para el poco tiempo que tenemos! ¡Qué ilusón! -Dijo Minerva, y me cogió de los hombros.- Vas a estar fabulosa y espléndida, y todo el Capitolio se fijará en ti y te querrá imitar. ¿Te acuerdas del vestido que llevaste en las entrevista? Ha sido el más vendido de todo...
-Minerva...-Susurró Vibia, haciendo que ésta se callase, y cogiéndome de una mano.-Bajaremos en cuanto hayamos acabado. Chicos...
Silva, Petra y Lucius nos siguieron por las escaleras.
-Quedará espléndida. -Seguía pometiendo Minerva, esta vez, a mis padres y a Paul.
Honestamente, prefería pasar el tiempo con Minerva que con mis estilistas, que lo único que hacían era hacerme sufrir.
Me dieron un baño, me pintaron las uñas, me depilaron, me cortaron el pelo a la altura de los hombros, me maquillaron con sombras oscuras -creo que hbían pillado la indirecta- y luego me vistieron con unos pantalones verde oscuro y un abrigo largo de color negro. Las botas también ern negras, con decoraciones doradas, y según Petra, eran de piel de caballo. Solo me pude lamentar por el pobre caballo.
Cuando bajé, Minerva estaba más emocionada que yo.
-¡Estas perfecta! Veo que este año se llevrá la ropa oscura, y este corte de pelo ¡espléndido!
Suspiré de cansancio.
-¡Venga! ¡Alegra esa cara! ¡Es tu día!
-No pienso sonreír, estoy cansada...-Me quejé.
Minerva torció su sonrisa en una mueca y luego se acercó a la puert repiqueteando sus tacones por el suelo de madera.
-¿Preparada?
Me encogí de hombros.
-Tres... Dos... Uno...

Capitulo 44
El aire frío, típico del mes de Febrero en el Distrito 7, me rozó la cara con sus gélidos dedos. Las cámaras de las que había hablado Minerva estaban justo en frente de los peldaños que tenía que bajar, y que conectaban el pórtico de mi casa con el frío suelo cubierto de una espesa capa de nieve en proceso de derretimiento. Bajé los peldaños sin sonreir, y las camaras se apartaron un poco. Cuando las botas negras de piel de caballo contactaron con la nieve, crucé los brazos sobre mi pecho y llevé todo mi peso al pie derecho. Miré a las cámaras. Se oía el himno del Capitolio y algunos chillidos, como si me estuviesen adorando. Bufé y pusé los ojos en blanco un par de veces, hasta que la voz de Caesar Flickerman sustituyó el himno.
-¡Johanna Mason! ¡Que gusto verte después de tanto tiempo!
-Si, bueno, ya echaba de menos que las camaras me persiguiesen todo el rato y asfixiasen mi vida hasta el punto en que mi privacidad pertenecía a todo Panem.-Sonreí sarcásticamente y Caesar dejó un corto tiempo de silencio, pero retomo la entrevista de nuevo en cuanto empezo a ser incómodo.
-¿Y ese corte de pelo? Estoy seguro de que todo el mundo se volvera loco. Ahor eres el ejemplo a seguir de muchas personas.
"¿Ejemplo a seguir?" -Pensé. Ya podía ver a las personas del Capitolio saliendo de sus lujosas casas con hachas en mano para cortar cabezas. Ja, ja. Ejemplo a seguir... Lo dejé pasar.
-Si bueno...-Jugueteé con mi pelo, mucho más corto de lo que acostumbraba a tenerlo.-Dale las gracias a mis estilistas, quienes ni siquiera me han preguntado. Pero sí, supongo que a la gente le gusta. ¿Eso es de lo que se trata, no? De agradar a la gente y que este feliz.
"La gente del Capitolio, por supuesto. ¿A quien le importa la gente de los Distritos?"-Pensé, pero sin decirlo.
- ¿Y estas emocionada por la Gira de la Victoria?
"Claro, quiero ver ya a las familias de los niños inocentes que he matado."
-¿Tu lo estas Caesar?
Caesar Flickerman se rió con su típica risa.
-¿Desde cuando es mi entrevista Johanna?-Sonreí un poco.-Creo que he visto una sonrisa. Quizá deberías ayudarme en esto de las entrevistas.
-Sí, quizá...
-Y bueno, ¿Has descubierto algo que te llene ya? ¿Algun talento o habilidad especial?
Minerva me había avisado sbre eso, al igual que Blight. Al parecer, todos los vencedores desarrollan un talento de lo que pueden vivir y conservar su fama tras su año de gloria. Minerva insistió en el canto y la pintura, pero no tení paciencia. La danza no la probé. Crear mis propios diseños ni hablar...
-He estado practicando con el hacha. Y he entrenado mi cuerpo.
-¿Ahora eres más mortífera aun?
-Ahora todos deberían de respetarme.-Puse un énfasis en el "todos".
-Seguro que lo harán... Bueno, la proxima vez que veamos a Johanna será en el Distrito 12. ¿Preparada?
-Siempre lo estoy.


Las cámaras se apagaron y pude ver a Minerva con los brazos cruzados y carraspeando. Sus ojos solo decían una cosa :  "Te dije que sonrieses."


Cansada, fui a dar una vuelta. No me apetecía hacer nada, y pensar que mañana tenía que coger un tren para el Distrit 12 tampoco me animaba. Al otro lado de la Alea de Los Vencedores, vi una sombra borrosa. Caminaba despacio y con los bolsillos metidos en los bolsos de la cazadora. Distinguí los rizos húmedos a causa de los copos de nieve que se la derretían en el pelo. Era Willow.
-¿Qué haces aquí?
La pregunté cuando estaba lo suficientemente cercs para escucharme.
-Venir a verte, antes de que te marches... Me prometiste que no cambiarías.
-No lo he hecho.
-¿Has visto la entrevista?
-Ha sido una actuación. Todo una farsa Willow.
-¿Y cuando la farsa devorara a la verdadera Johanna?
Suspire. No quería perder a mi mejor amig, y lo estaba haciendo.
-¿Puedo confiarte algo? Es importante.
La pregunté, y ella asintió. Las dos caminamos codo con codo hacia el bosque, en silencio.


Capitulo 45

El bosque parecía haber cambiado. O quizá, no era el bosque el que había sufrido un cambio, tal vez fuese yo quién veía todo más sombrío, más oscuro, sin vida... Tras mi vuelta de los Juegos, no me había fijado detenidamente en el bosque, solo había pasado por allí, sintiendo el frío congelar mis dedos, y escuchando mis pisadas sobre la tierra húmeda por culpa de la lluvia reciente. Ahora si observaba los árboles. Seguramente si lo hubiese dicho en voz alta Willow se hubiese reído de mi, pero parecían tristes. Y si parecían tristes, es que estaban tristes, y lo decía yo que había vivido toda su vida rodeada de árboles. Ya no había ardillas, ni pajaros... solo hojas oscuras caídas en el suelo cubierto de nieve. Tristes.
Sacudí la cabeza preguntándome si los Juegos me habían dejado tan tocada como para delirar de aquella manera. Podría ser. El Capitolio no lo había admitido aún, pero los Juegos dejaban graves trastornos psicológicos en sus vencedores. Solo hacía falta en fijarse en Annie Cresta, la vencedora anterior a mi. Loca, loca, loca... Solo hacía falta ver sus entrevistas con Caesar Flickerman, lo raro era, que todo el mundo parecía amarla. Solía estar acompañada de Finnick Odair, una leyenda en el Capitolio, procedente del Distrito 4. Me imagino que tendrá compasión por la chica, ya que él fue su mentor. A veces me preguntaba como me veía la gente como ganadora. No a mí, sino la Johanna que los Juegos habían creado. ¿Era amada también? ¿O era temida?
-Johanna... ¿Estás bien?-Me preguntó Willow con voz calmada, pero con cautela, como si le hablase a una fiera.
No me había dado cuenta de que estaba parada en frente de un árbo, un abeto para ser más concretos, acariciando a su corteza. Giré la cabeza para mirarla y ella me miró.
-Mañana parto en el tren para la Gira de la Victoria.-Me quedé en silencio unos momentos, pasando mi lengua por los labios. Sentía la garganta seca. Como Willow no había hablado, continúe.-En trece días estaré en el Capitolio, en la fiesta que Snow organizará para mi...
-Lo sé...-Dijo Willow.
Oí un ruido. Miré a los árboles, al cielo... Había algo que no me gustaba de aquel lugar. Tenía la sensación de que no debería de contarle a Willow mi plan. Volví a fijar la mirada en mi amiga y abrí la boca para continuar, pero no lo hice. Empezé a correr de nuevo hacia mi casa. Sentía que me ahogaba, me sentía observada, de nuevo en los Juegos. El bosque estaba oscuro, el bosque que había sido mi hogar durante toda mi vida ya no me quería, ni yo quería estar en él. Caí al suelo cerca de la Aldea de los Vencedores, y me arrodillé, obligándome a tranquilizarme presionando mi abdomen.
-Estas fuera de los Juegos... No hay Juegos... Nadie va a atacarte... Estas bien... Lo estás... Nadie te observa...Estás sola...-Susurré bajo de la manera en que solo yo podía oírlo. Entonces un pensamiento me asaltó a la mente. ¿De verdad solo Annie Cresta estaba loca?
Llegué a casa corriendo. Minerva y mis estilistas seguían allí, pero no me detuve a saludarles, tenía cosas más importantes que hacer.
Subí las escaleras de dos en dos hasta llegar a mi habitación. Tenía casi todo preparado para mañana en un pequeño bolso al lado de la cama. Me acerqué al armario donde se encontraba toda mi ropa y abrí un cajón del armario. Empezé a sacar los jerseys doblados que había en él con cuidado hasta llegar a la base de madera donde se encntraba un pequeño frasco con un líquido negro. Comprar veneno en el Distrito 7 era muy caro, pero no lo suficiente para una vencedora. Envolví el frasquito en un pañuelo color verde oscuro y lo metí en el bolso.


A la mañana siguiente, mi familia me acompaño a la estación, seguidos de una manada de cámaras y curiosos del Distrito. Sin rastro de Willow. Llevaba el bolso bien apretado contra mí. No me preocupaba en no sonreír. No lo hacía. Minerva, Blight y Vibia estaban a mi lado, esperndo que subiese al tren, y cuando subí, me siguieron.
-Bueno... la primer parada es el Distrito 12, minería. ¿Estás preparada cariño? -Me preguntó Minerva con una voz extremadamente dulce.
-Siempre lo estoy, ¿no? Para todo.
No miraba a Minerva, miraba por la ventana. Mi respuesta, en cierto modo, era verdad. Johanna Mason siempre debía de estar preparada para cualquier cosa.
-Te va a resultar muy, muy diferente de... todo. ¿Verdad Blight?
-El Distrito 12 esta cubierto de un polvo negro durante todo el año.-Blight sonrío.
-¿Por el carbón?-Pregunté.
-Por el carbón.-Afirmó Blight.
-¡Y los más importante! ¡En tres días es tu cumpleaños! ¿No estás nerviosa? Celebrar tu decimoctavo cumpleaños en otro Distrito eso es espectacular y además...
Minerva siguió hablando durante un largo rato. Luego se fue. Blight se quedó mirándome, serio, mientras yo le ignoraba admirando el paisaje.
-A mi también me gustaba mirar por la ventana.
Giré la cabeza para ver a mi mentor mejor, y fue la primera vez en mucho tiempo que le vi como un igual a mi, no como alguien superior. Él había tenido que pasar por o mismo, y ahí estaba, sin parecer loco, sin fingir quien era, quizá por costumbre, quizá porque como me había dicho Willow, el falso Blight había engullido al verdadero. Fuera como fuese, volví a apoyar mi frente en el frío cristal, mirando y esperando a llegar.


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Capitulo 46
No me había imaginado el Distrito 12 así, tan diferente. Cuando bajé del tren y puse por fin los pies en el suelo cubierto de nieve, me di cuenta de que al igual que el 7, el 12 también era un Distrito muy frío. Sabía que en el 12 hacía frío, pero no tanto. Estaba bien abrigada, preparada para el crudo clima. Lo que más detesté del 12, fue la suciedad del carbón. En mi Distrito, cuando nevaba, la nieve se cubría de las hojas de los pinos, de corteza seca, y de resina. En el doce la nieve era negra, los edificios eran negros, y hasta la cara de las personas estaba negra.
Permanecí en el edificio de Justicia mientras los agentes de la paz preparaban el escenario. El alcalde del doce, el señor Undersee, un hombre muy amable que me había hecho un par de preguntas sobre si me encontraba bien, estaba leyendo unas tarjetas -probablemente de su discurso- con una niña al lado, aferrada a su chaqueta. Era rubia, y no muy alta. Seguramente ya estaría en edad de Cosecha. No me lamenté mucho por ella, era dificíl que los hijos de personas importantes como los Alcaldes saliesen elegidas para los Juegos. Aunque no imposible.
-¿Has preparado algún discurso?
Minerva me había dicho en el tren que intentase escribir algo para los tributos caídos del Distrito 12, pero no se me había ocurrido nada, salvo lo consolada que me sentí cuando Coal, el tributo masculino, me deseó suerte antes de mi prueba. Parecía que habían pasado milenios desde aquello.
-No se me ocurría nada.-Admití.-Supongo que improvisaré.
-¡Oh no! Yo hice algo para tii.-Me dió unos papeles. Parecía un discurso.
-Gracias...-Sonreí un poco.-Aunque añadiré algo de mi cosecha. No quiero parecer un robot.
Minerva torció el gesto y se cruzó de brazos suspirando.
-Solo hazlo bien...
-Lo hago siempre sin ayuda... ¿Por que no debería de haerlo ahora?


Las puertas se abrieron media hora después, y el Alcalde Undersee salió, dejando a su hija atrás. Se volvieron a cerrar las puertas. No estaba nerviosa, a decir verdad. Estaba acostumbrada a las cámaras, y toda esa gente mirádome... bueno, ya me habían visto en los Juegos.
El abrigo hacia que me muriese de calor dentro de las paredes del Edificio de Justicia. Minerva no me había permitido llevar gorro por si estropeaba mi`peinado. Hubiese discutido con ella, aunque solo fuese porque hacía mucho que no lo hacíamos, pero no tenía ganas. Blight me había obligado  dejar mi bolso en una de las habitaciones, aunque antes había cogido el frasquito de veneno y lo había metido en uno de los bolsos del abrigo. Demasiado peligroso que alguien lo viese, aunque había cambiado el frasquito y ahora solo parecía perfume. Un perfume muy raro y negro.
Minerva me acompño a las puertas y me las abrió cuando el Alcalde terminó su discurso. Se cerraron detr´s de mí, y me vi sola frente a todo el desconocido Distrito 12. Mientrs me acercaba al escenario, vi las caras de algunas personas que me miraban serias: Un hombre pelirrojo al lado de otro hombre pero más viejo, una anciana muy, muy delgada, un chico alto, más o menos de mi edad, al lado de una chica con una trenza morena, agarrada de la mano de una niñita rubia, una madre cargando con su hijo en brazos, mineros llenos de carbón... Cuando me encontré delante del mirófono, vi las familias de Coal y Wendy, los caídos. A la derecha, se encontraba la familia de Wendy: Una pareja de mediana edad agarrandose las manos, y entre ellos otros dos niños, totalmente iguales. A la izquierda, la de Coal: Una mujer con un niño de unos seis años abrazado a ella, y una chica un par de años mayor que yo, con un bebé en sus brazos. Ambas mujeres lloraban.
Me aclaré la garganta y miré el papel de Minerva. Su letra torcida y elegante era algo incomprensible, así que, más o menos, acabe inventndome el discurso. No sabía muy bien que decir. Alternaba frases que sonaban demasiado al Capitolio, la dureza de los Juegos, de la vida, las pérdidas irrecuperables... Al final intenté dar protagonsimo a Coal, admirando su cordialidad, y lo buen tributo que había sido. nadie aplaudió, y no me sorprendió, nadie lo hacía nunca.


Cuando termino el discurso, volví a entrar al edificio de justicia. Escuche gritos y alguna que otra palabra mal sonante. Minerva no estaba. Solo estaba Blight, discutiendo con Haymitch , el único vencedor del 12.


Capitulo 47




                                                                
-¿Por qué discutiste con Haymitch en el doce?

Estábamos en el tren, del camino al 4. Ya habíamos pasado por todos los Distritos más pobres, lo cual significaba que nos acercábamos al Capitolio. Tenía los nervios a flor de piel, y no me separaba en ningún momento del frasquito de perfume con el veneno dentro. Cada noche, miraba tres veces en el cajón de la mesita de noche donde lo depositaba antes de irme a dormir. Palpaba el bolsillo de mi abrigo cada diez minutos para comprobar si seguía allí.

-No es asunto tuyo…-Contestó Blight mientras revolvía con una cucharilla su taza de café.

-Creí que si lo era. Hablabais sobre mi… gritabais mi nombre.

-Creí que era de mala educación espiar conversaciones ajenas.

-Creí que era de mala educación hablar de otras personas por las espaldas. Y para tu información, no te estaba espiando. – Proteste.

-Lo que sea…-Blight se levantó, dejando su taza de café casi intacta. –Deberías de dormir un poco. Llegaremos al Distrito en un par de horas aun cuando sea noche cerrada.

-Si, claro… Buenas noches.



Blight salió del vagón en el que nos encontrábamos y me quede sola con el frío de la noche. Metí mis manos en el bolsillo del jersey, notando el cristal del frasco de veneno. Suspire aliviada, y temblando. No quería reconocerlo, pero tenía miedo. Aunque el plan funcionase en un principio, no tardaría en que alguien se diese cuenta de la verdadera razón. Volví a suspirar. Me abrace a mi misma y cerré los ojos, esperando dormirme. Solo quedaban cuatro días para llegar al Capitolio.

Blight me despertó cuando el tren paro en la estación del 4. Cuando bajamos, me sorprendió el aire calido que invadía el ambiente para ser aquella época del año En la mayoría de Distritos nevaba o hacia frío. El alcalde del 4, acompañado de varios agentes de la paz nos acompaño hasta el Edificio de Justicia y nos indico donde podíamos dormir. Yo lo intente. Pero no pude. El Distrito 4 había sido el Distrito de Cliff, mi aliado en los Juegos...

Antes de que saliese el Sol, me vestí con unos pantalones negros y una blusa beige, dejando de lado mi jersey. En una mochila metí el frasquito y salí de la habitación y del centro del Distrito en general. Algo que me fascinaba del 4, era la playa. Nunca había visto el mar, y no quería irme sin visitarlo. Me sorprendí al ver la cantidad de gente que había por la calle aun cuando no había amanecido. Niños en la calle jugando, ancianas abriendo sus puestos, hombres  dirigiéndose al puerto… Seguí a un grupo de jóvenes que llevaban en sus manos calderos y cañas. Fue todo un alivio no ser reconocida, y pese a que sabia que la gente de los Distritos no era igual que la del Capitolio, aun así podía tener problemas, mas habiéndome ido de mi habitación sin avisar a nadie y estar en un Distrito completamente desconocido.

Cuando vi la playa, corrí hacia ella. Cuando llegue a la arena, me descalce, y camine despacio por ella. Me senté en una duna y admiré el mar. La espuma de las olas devoraba con ansias la tierra húmeda cuando las olas rompían contra la orilla. El agua dejaba restos marinos en la arena, como conchas, corales, algas… y luego, cuando la ola regresaba, los volvía a tragar, despareciendo de tu vista. Debí de pesar un gran tiempo admirando el mar, lo único que me distrajo fue la salida del sol, por el mar. Algo precioso. El sol, haciendo que la gran masa azul de agua que se extendía hasta donde me alcanzaba la vista, se volviese naranja y rosa.

     

-Bonito, ¿verdad?

Alcé la vista para ver a la persona que me había hablado. Al principio pensé en pasar de ella, hasta que vi de quien se trataba.

-Finnick Odair…-Susurré.

-Johanna Mason, es un placer verte por el Distrito 4. Aunque… creo que no deberías de estar aquí.

-Solo quería ver el mar.-Me levante, agarrando con fuerza mi mochila. No me hubiese esperado nunca encontrarme al mítico Finnick Odair en una playa desierta. Aunque me encontrase en el 4. No a Finnick, no aquí. Quizá en el Capitolio. Quizá durante los Juegos…

-¿Qué haces aquí?

-Pescar… -Extendió su brazo, en el cual llevaba una caña.

-Oh, genial…-Sonreí. Y mire mi reloj.-Oye… ¿Me acompañarías hasta el Edificio de Justicia? Vine sola y no creo que se sepa volver.

-Y Blight te esta buscando…-Sonrío, mostrando sus perfectos dientes blancos.

-Le diré que quería admirar el mar.

-Y se enfadara.

-Me da igual. Blight no es mi padre. Entonces… ¿Me acompañas?

-Claro. Sera un honor hacerme amigo de la ultima vencedora de los Juegos.



Capitulo 48

Era fácil entablar una conversación con el adorado Finnick Odair. Durante los quince minutos de caminata por las calles del cuatro, me contó varias anécdotas sobre su vida como vencedor, aunque al parecer, su vida era maravillosa: Gente haciéndole regalos, gente preocupándose de el todo el tiempo, viajes...  Le pregunte sobre sus Juegos, si le habían resultado duros. No me respondió. Paso inmediatamente al tema de los nudos, el cual a mi me importaba nada.
Al acercarnos a la plaza del Edificio de Justicia, la gente empezaba a amontonarse alrededor de pantallas gigantes que proyectarían mi discurso. No estaba nerviosa pero temía de Blight y Minerva. A veces eran demasiado sobre-protectores conmigo.
Finnick me condujo por una bifurcación que daba a la parte trasera del Edificio de Justicia. Aun quedaban un-¿A que no adivináis a quien me he encontrado en la playa admirando la puesta de sol?-Pregunto Finnick con una cálida voz. Todo en el cuatro parecía cálido, como si te envolviese en sus brazos. Opuesto totalmente al siete.
-Oh, Finnick...-Suspiro Minerva. Blight suspiro aliviado y se dirigió hacia nosotros.
-Gracias Odair.-Dijo con voz seca, y luego se giro para mirarme.-Creí que te había dicho que no salieses sola.
-Creí que era libre para hacer lo que quisiese.-Le espete.
-Intento cuidar de ti y me lo pagas con respuestas malas...-Blight me miro, duro.-Ya me da igual Johanna. Haz lo que quieras. Se libre como un pájaro, pero cuando hagas las cosas mal, que las harás, no me pidas consejo.
-Una vez te pedí consejo y no me sirvió de nada...
Blight se giro y desapareció por una puerta. Las horas pasaron dentro del Edificio de Justicia entre maquilladores y estilistas. Me habían dejado que el pelo suelto me cayese por los hombros. Un vestido verde claro realzaba mis ojos, que tenían aplicadas varias sombras grises. Llevaba unos empinados zapatos de tacón del mismo color que el vestido. Los odiaba. No sabia como Minerva podía pasarse el día correteando por allí con ellos puestos. Me hacían sentir un dolor horrible. No llevaba zapatos como aquel desde el día de la entrevista, y podía apostar que ya se me había olvidado dar un paso con ellos. Una vez lista, me senté en las escaleras del hall, donde Finnick estaba, junto a una cuerda, haciendo nudos.
-¿Nudos? ¿En serio?
Finnick se encogió de hombros y dejo la cuerda a un lado para mirarme. Tenia unos profundos ojos verdes, como el color del mar.
-Recuerdo mis discursos de la Gira de la Victoria aun. Créeme, no los olvidaras jamas. Ver las caras de los familiares de las personas a las que has matado...
Sentí algo dentro de mi, seguido de un escalofrió. Ambos tributos del cuatro, Cliff y Oceana. Oceana había sido matada por la chica del uno, Rubi. Cliff, mi aliado, murió a manos de la chica del seis, Dorothy. Una lagrima se escapo de mi ojo derecho, por Cliff.
-Se que eras aliada de Cliff. Era un buen chaval y seguía sus propias normas. De verdad que aposte por el desde el principio de los Juegos. No se por que, había asumido que seria el ganador. Era tan diferente a todos... Igual que tu.
-¿Igual que yo?
Le mire desconcertada. Yo no era diferente del resto de tributos que habían participado en los septuagésimo primeros Juegos. Era otra tributo cualquiera, asustada.
-Tu demostraste miedo al principio, algo que todos intentan ocultar. Tu no. Y luego, a la hora de la verdad, te armaste de valor y tomaste partido. Fuese por venganza, fuese por amor, fuese por deseos de regresar... A tu manera, eras distinta al resto.
-Gra, gracias... creo...
Minerva me llamo. Ya era la hora de salir a dar el discurso. Suspire y me levante.
-Quizá te vea en el Capitolio en un par de días... me gusta ir por allí.-Dijo Finnick. Sonreía, pero su voz no demostraba felicidad.
-Me gustaria verte, de verdad Finnick.-Le devolví la sonrisa, y me dirigi a la puerta.
Antes de salir, vi como Finnick Odair se levantaba y caminaba hacia dos figuras que acababan de entrar por la puerta. Reconocí a ambas rápidamente. Mags, antigua vencedora, al igual que Annie. Annie había ganado un a;o antes que yo. Tenia una melena rojiza que la cubría la vista, era delgada y menuda. Finnick abrazo a la chica, que debía de ser de mi edad mas o menos, y esta ni se inmuto. Las puertas se abrieron y salí a ver a los habitantes del Distrito 4.
No me fije nada mas que en el lado izquierdo de la plaza, donde una imagen enorme de Cliff se situaba delante de mi. Se me seco la garganta y las lagrimas amenazaban con salir en mis ojos. Solo había dos personas bajo la pantalla de su foto. El me había contado que su hermana había muerto, pero no sabia nada del resto de su familia. Seguramente fuesen sus padres. Parecían serlo. Me imagine lo que podían llegar a sentir. Padres, a los cuales ya no les quedaba ningún hijo. A mi me dolía inmensamente la perdida de Cliff, mi aliado, mi amigo. No podía imaginarme su dolor...
Mire las tarjetas, aguantando las lagrimas, que se amontonaban en mis ojos. No podía leer, veía las letras borrosas, así que suspire, y deje que las palabras que salían directamente de mi corazón hablasen por si solas.


Capitulo 49
-A veces me pregunto por que sigo aquí. Me pregunto por que no morí en la arena como el resto. No era la mas hábil... No era la mas rápida... Nunca destaque por un comportamiento amenazador, o por un arma que dominase a la perfección. Era una mas... Y sorprendentemente sigo viva. Creo que tengo una deuda con el Distrito 4, una difícil de devolver, ya que no estaría aquí de no ser por mi aliado.-Miré la imagen de Cliff, con lagrimas amenazando en el borde de mis ojos por salir. -Cliff era mi aliado, y en unos días me enseño mucho mas de lo que quizá pueda aprender en mucho tiempo. Me enseño a no rendirme, a luchar por lo que quería, a que las cosas tenían solución por muy oscura que viese la vida... Con el aprendí que sin sufrimiento la alegría no seria tan deseada, y que la felicidad dejaría de ser un sentimiento a una simple palabra. Todos sufrimos en la arena, como nadie pueda imaginar. Solo los que hayan pasado por ello sabrán de lo que hablo...-Mire a Blight, y este me asintió.- Honestamente, la palabra felicidad puede ser una palabra cualquiera si de alguna manera hacen que el sufrimiento de los Juegos tan solo sea un mal sueño, si todos los tributos que estaban conmigo allí vuelvan... Los Juegos nos quitan a personas inocentes que no volveremos a ver. No volveremos a tocar, ni a hablar... No volveremos a ver como el viento ondea su pelo, o como suspiran de cansancio... Simplemente, no volverán. Lo único que tenemos para ellos son vagos recuerdos, que con el paso del tiempo, sus rostros empezaran a emborronarse y dudaremos del color de sus ojos... !Los Juegos nos quita personas inocentes! Hijos, hermanos, amigos... Y LA CULPA ES DEL CAPITOLIO. -Fue entonces cuando las cámaras se apagaron, pero ya me daba igual. - Ellos no tienen que pasar por esto cada año. No tienen que sufrir en cada cosecha por si sus hijos son seleccionados. No tienen que verles a través de una pantalla como mueren sin que ellos puedan hacer nada. 
Blight me agarro por la cintura, tirando de mi hacia atrás mientras yo pataleaban. 
-¡Cliff y Wood no tenían que estar muertos!-Grite, antes de que las puertas del Edificio de Justicia  cerrasen. Entonces me derrumbe y empece a llorar.  
Me sentía muy mal. Notaba una angustia muy grande en el pecho, y como si algo me taponase la garganta.
-¿Que has hecho Johanna?-Grito Blight. Su voz tenia enfado pero también contenía desesperacion.-No puedo creer que hayas dicho eso. No quiero saber que...¿Te das cuenta de que yo no puedo protegerte ahora?  Y encima, para empeorar las cosas en cuatro días llegaremos al Capitolio.
-Me da igual...-Susurre, y luego me puse en pie para decirlo mas alto.-Me da igual. He soltado todo lo que sentía. Mis amigos no debían de estar muertos...
-Johanna...-Intento tranquilizarme Blight.
-Déjame Blight. ¿Acaso no recuerdas tus Juegos? ¿No perdiste a nadie importante? 
Blight me miro con tristeza. Pase por delante de el, chocando mi hombro con el suyo, y salí por la puerta trasera del Edificio de Justicia. Allí me encontré con Finncik y Annie, abrazados, mirando a ninguna parte. Finnick me miro serio. Su acompañante ni siquiera se inmuto de que pasaba por su lado.
Deambule por zonas poco transitadas del Distrito hasta que la noche cayo sobre mi, y me vi obligada a volver a recoger mis cosas y reencontrarme con mi gente en la estación de tren.  El próximo destino era el Distrito 3. En poco días llegaríamos al Capitolio, y me encontraría con Snow. Palpe mi chaqueta esperando encontrar el frasquito de veneno, y ahí estaba. Suspire aliviada. Pronto todo acabaría. 
Antes de subir al tren, me sorprendió al volver a ver a Finnick Odair ablando con Blight, con Minerva Brightness revoloteando alrededor. Tropecé con uno de los escalones del tren, y los seis ojos se centraron sobre mi. 
-Espero verte mejor en el Capitolio Johanna.-Finnick me dedico una pequeña sonrisa, y yo asentí. Sin decir nada mas entre en el tren.




Capitulo 50
Me desperté en medio de la noche gritando, desorientada. "Estoy en el tren." -Me dije a mi misma. - "Estoy a salvo." Las pesadillas seguían ahí cada noche. Soñaba con Cliff, con Rubi intentando matarme...
Las puertas de mi habitación se abrieron, dejando entrar a un Blight despeinado, con ojeras, y envuelto en un baton azul oscuro. Intente controlar las subidas y bajadas de mi pecho, irregulares, y los espasmos en los hombros.
-¿Otra vez han vuelto las pesadillas?-Pregunto, con voz cansada.
-Nunca se han ido...
Blight se acerco hasta mi cama, y se sentó en una esquina, acariciándome el pelo. Paul, mi hermano, a veces también me hacia eso, y me tranquilizaba infinitamente. Pero esta vez no. Y no es porque fuese Blight. Algo iba mal. Lo podía sentir. Era como una intuición.
-Ya sabes que no se irán... o quizá si, nadie lo sabe. Yo aun no supero mis pesadillas.
-¿Sobre que son tus pesadillas Blight?-Pregunte, y el se quedo mirándome a los ojos, sin responder. Sabia que no le apetecía hablar sobre ello. Centre mi mirada en mis dedos blancos que apretaban fuertemente las sabanas. Decidí cambiar el tema. - ¿Por que te enfadaste con Haymitch Abernathy? Creí que erais amigos.

Blight suspiro, y sonrió de lado. Esta vez, si me iba a responder.
-Hay cosas que aun no puedes saber. Te lo diré. Pero no aun. En el momento adecuado, en el lugar adecuado, lo haré.
-Ya no soy una niña Blight...
-Lo se. Ningún niño podría salir de los Juegos... -Me dedico una sonrisa triste y se marcho.
Pocas veces tenia una conversación así con mi mentor. Profunda, sin acabar odiandole al rato. Blight y yo eramos muy diferentes, y chocábamos. Pero en el fondo, me caía bien. Era algo así como una especie de protector que intentaba hacerse el duro y aparentar que no le importaba nada, pero en realidad, estaba lleno de sentimientos.

No dormí ni un minuto mas en toda la noche. Me quede mirando el frasquito de veneno. Hoy era el día. Hoy llegábamos al Capitolio. Hoy seria mi fiesta en la mansión de Snow.
Había hablado con mis estilistas sobre el tema del vestido. A los del Capitolio les parecía una persona misteriosa, con una energía fuerte. Me habían confesado que algunos me tenían miedo, y otros me veían con futuro de actriz. Ahora, todos creían que mis llantos antes de los Juegos habían sido una actuación. Yo siempre había sido una amenazadora tributo a la que nadie había prestado demasiada atención hasta el momento de la verdad. Genial. Bueno, supongo que eso vendía mas que contar la verdad, como siempre. Así que, para esta ocasión, llevaría un mono negro que consistía en unos pantalones de campana y la parte de arriba, de tirantes, mas ajustada. Llevaba las uñas largas, pintadas de rojo, al igual que los labios. Las puntas de mi pelo negro, las habían pintado también de rojo.
-El rojo es el color de la energía.-Dijo entusiasmada Vibia.
Me maquillaron los ojos de color negro. Tan oscuro, que el color verde de mis ojos parecía resaltar muchísimo.
-Y el verde, es el color de la esperanza.-Prosiguió Vibia.
-Y de tu Distrito.-Añadió Minerva, que andaba cotilleando por los alrededores.

La fiesta comenzó en la mansión de Snow cuando el cielo empezaba a tornarse rojo. Minerva, mi acompañante inseparable, iba conmigo a donde quiera que fuese. Me presentaba a la gente que conocía, me traía copas de bebidas deliciosas, y platos que jamas pudiese haber imaginado. Pero de todas las cosas que había en la fiesta, yo solo estaba pendiente de una. El frasquito de veneno. Lo había metido en un bolsito del pantalón, y pasaba desapercibido. Nadie sabia nada del veneno. Nadie salvo yo. Y nunca lo sabría. Nunca volvería a hablar de ello.
La noche paso rápidamente. Baile con mucha gente. Mucha, mucha gente. Comí hasta reventar. Incluso tome una copa que me hizo vomitar, la cual no sabia que tenia esa función. Y entonces, mientras decidía si probar primero el pato con salsa o la sopa rosa, el Presidente Snow apareció en el balcón, y me dedico un discurso. A mi. Era la hora. Lo que habíamos acordado. Ahora, el único problema seria deshacerse de Minerva. Mire nerviosa hacia los lados, y me excuse. No había sido tan difícil como lo había creído. Me hice con dos copas de un liquido amarillo y burbujeante, y camine por los pasillos de la gran mansión. Me perdí al menos dos veces, lo admito. Pero al final, la gran puerta blanca con las jambas y el dintel llenos de pliegues escalonados, hacia notable que al otro lado se encontraba el Presidente. Pose las dos copas, con manos temblorosas, en una mesa y saque el frasquito de perfume. Eche una gota. Dos gotas. Y al final, el frasquito entero. Era un veneno potente, así que acabaría con el en menos de dos minutos. Suspire. Si algo salia mal, me podía dar por muerta. Mire a los lados, y cogí de nuevo las copas. Entre en la habitación del Presidente.
-Señorita Mason es un placer recibirla. Por un momento pensé que no vendría.
-Lo que digo lo cumplo... -Me senté en una butaca en frente de su escritorio sin preguntar, y deje las copas encima de la mesa. Deje la copa envenenada mas cerca de mi, sabiendo que el no se fiaría de mi. Mas le valía coger la envenenada, no tenia antídoto. Como yo había supuesto, cogió la mas lejana a el. No se fiaba de mi, pero se había equivocado. Hizo amago de llevársela a los labios, pero la separo un segundo antes de beber.
-¿Champagne?-Pregunto. Me encogí de hombros.
-Brindemos.-Respondí.
-¿Por que quiere brindar usted Señorita Mason?
-Por la felicidad de Panem y... su prosperidad.
"Y por su muerte en menos de cinco minutos."-Pensé, y esboce una siniestra sonrisa.
Bebí todo el liquido de la copa, y mire fijamente a Snow, que hacia lo mismo. No podía creer que lo hubiese conseguido, así de fácil.
-Bueno, y ahora... Johanna, deberíamos de empezar a hablar de cosas serias...-Se inclino un poco sobre el escritorio.
Sonreí, y me levante de la butaca donde había estado sentada. Con el brazo, tire las copas y las hojas que había encima del escritorio.
-No hay nada de que hablar Presidente...-Susurre, sonriendo.
El Presidente Snow también sonreía, después de que yo hubiese tirado todo lo de su mesa. Mi sonrisa desapareció. No había ningún rastro de muerte en su rostro.
-Señorita Mason... ¿Cree que no se, que le ha echado veneno a mi copa de champagne?
-¿Que...?
Fue lo único que pude decir antes de que dos hombres vestidos de negro entrasen en la estancia,  me cogieran por los brazos, y me llevaran a rastras hacia la salida.
-Creí que eramos amigos Johanna... Pensé que podría confiar en usted. Que gran decepción.-Dijo Snow, antes de que cerrasen las grandes puertas blancas. Antes de que las cerrasen del todo, vi como me sonreía. Y yo interprete esa sonrisa de una única forma: "¿Pensaste que me ganarías novata? Da tu vida como destruida."


Capitulo 51
Los dos hombres que iban vestidos con abrigos de cuero negro me dejaron en las puertas de las mansión de Snow, sola, junto a los jardines. No había nadie pasando por allí, y yo me ahogaba en mi propia angustia. Todo había salido realmente mal. Mis miedo se habían cumplido una vez mas, y nadie estaba a mi lado para apoyarme, y lo peor, nadie lo estaría, porque nadie sabia la locura que acababa de cometer.
Me doble sobre mi misma, intentando respirar, pero no podía. Había olvidado como se cogía aire.
Un único pensamiento inundaba mi mente: "Debía de volver a casa."
-Blight...-Susurre, por culpa de mi garganta seca. Me la aclare, y esta vez grite el nombre de mi mentor. No podría estar lejos de la fiesta, y la musica se oía fuerte.
Corrí a través de los altos arbustos llenos de rosas blancas del jardín de Snow. Parecía un laberinto, y mi única guía era la música. Corrí sin fijarme en nada, muerta de miedo, y sin ver el mundo real hasta toparme con Finnick Odair.
-Hey Johanna, ¿Que haces aquí? Se supone que debes de estar en tu fiesta.
-Finnick, tienes que ayudarme. Tengo que volver a casa. -Dije desesperada, casi gritando y al borde de las lágrimas. Finnick tuvo que verme la crea descompuesta ya que sustituyo su sexy sonrisa por una cara de seriedad.
-¿Ha ocurrido algo?
- Tengo...-Mire a la chica que era su acompañante, obviamente, una chica del Capitolio. Pero ahora no me importaba. Tenia que encontrar a Blight.
- Tengo que encontrar a Blight. Necesito encontrarle. Es urgente. Tengo que regresar a mi casa. Debo de regresar al siete.
Finnick se disculpo con la chica del Capitolio, quien le sonrió cordialmente, y me paso un brazo por los hombros. Al principio anduvimos tranquilos, como en un paseo. Luego me agarro por el brazo, caminando rápidamente.
-Cuentame lo que ha pasado Johanna.
Le mire a sus penetrantes ojos verdes dudando de si contárselo o no. Pero no podía aguantar mas la presión, así que le conté todo. Desde la proposición de Años, hasta lo del veneno. Cuando termine, sus labios apretado se habían convertido en una fina linea. Suspiro y miro al suelo. Nunca le había visto así. Preocupado.
-Johanna, siento decirlo pero... por mucho que lo intentes Snow hará lo que le de la gana. Estés o no en el Distrito... Y cree me, sera complicado volver hoy.
-¿Y que puedo hacer?
-Esperar que al presidente le caigas bien... -Me mordi el labio con fuerza para no llorar. No podía llorar. Era Johanna Masón.-Yo también hice algunas locuras en un intento de salvarme a mi, y nada funciono...
Le mire con expectación.
-¿Como que?
- Es una historia algo larga... -Suspiro y se le enfrió la mirada.- Tu me has contado tu historia, supongo que yo debo de contarte la mía... hasta que encontremos con Blight... -Miro al cielo y dejo de apretar con tanta fuerza mi brazo.- Gane los Juegos con 14 años...

Capitulo 52
-Gane los Juegos con 14 años contra todo pronostico. Era el tributo mas joven de toda la arena, pescador, sin posibilidades... Pero fui uno de los favoritos desde el principio. En la arena no me resulto difícil encontrar buenos aliados, y tampoco me costo deshacerme de ellos, ya que yo no tuve nada que ver con que ellos... dejasen de jugar... por así decirlo. No paraban de llegarme paracaídas, y cuando me llego un brillante y precioso tridente en uno de ellos, me sentí con muchas posibilidades de ganar. La primera persona a la que... bueno...mate...-Se aclaro la garganta.-...fue la mas difícil. Después, todas eran iguales. Ya había condenado mi alma por quitarle la vida a una, podía quitar unas cuantas mas. Cuando acabe con el ultimo tributo, me sentía eufórico. Supongo que sabes de lo que te hablo, ya sabes, salir de ahí con vida, pensar que volverás a tu vida normal con tus familiares, tus amigos... Todo parecía que iba a ser así. El Capitolio me quería, mis entrevistas eran estupendas, hasta incluso pensaba que a Snow le agradaba. Todo continuo siendo absolutamente perfecto hasta que cumplí los dieciocho años y el presidente Snow se presento en mi casa. Honestamente, no estaba asustado. Solía pasearme por el Capitolio y encontrarme a Snow con una gran sonrisa dedicada para mi, pero esta vez era distinto. Me lo encontré en el despacho, serio, y entonces me entraron los nervios. Me hizo una proposición para trabajar en el Capitolio... como a ti.
-¿Aceptaste?-Susurre, para acompañar su tono de voz.
-No. Al menos al principio. El me advirtió que lo lamentaría. Me amenazo, y después se fue. Una semana después, era la cosecha, así que allí estaba, dispuesto a acompañar a los tributos que les tocase ir. Y les acompañe... pero cuando volví, sin ninguno de los dos, lo único que me encontré fue devastación...-Le mire perpleja.-Yo... yo solo recuerdo...-Intentaba mantener la voz calmada, pero en realidad parecía que quería llorar.- Recuerdo que Mags me abrazo... Ya no había nadie en mi casa. Pusieron la escusa de que habían muerto en el mar, pero yo sabia que era mentira. Viví en la oscuridad durante bastante tiempo, aunque algunas personas me ayudaron a volver. Luego estaba menos preocupado. A mi no me podían hacer daño. Era uno de los vencedores favoritos, así que pensé que después de todo, ahora Snow no podía hacer nada contra mi, y que me dejaría en paz para siempre. Pero en mi décimo noveno cumpleaños regreso, para hacerme la misma preposición... Ya me había quitado a mi familia, así que no podía quitarme nada mas. Le dije que no, y esta vez no me amenazo. Pero una vez mas me equivoque, cuando Annie salio elegida en la cosecha.
-Annie fue la vencedora anterior a mi.
Finnick asintió.
-Yo acepte el trabajo de Snow en esos momentos, a cambio de algo. Annie debía de salir con vida de los Juegos. Y créeme cuando te digo que Snow cumple con su palabra. La inundación de sus Juegos, fue a propósito. Ella era la única que sabia nadar, lo sabia, y le proporcione esa información a Snow. El solo tuvo que reventar la presa para que Annie ganase... Aunque los Juegos dejan grandes marcas en el corazón y... desde que volvió, Annie ya no es la misma de siempre.
-Trucaste los Juegos...
Pensé en lo que me hubiese sucedido se hubiese salido cosechada un año antes. Un escalofrió recorrió mi espalda.
-Pero por un gran precio...
-¿Y que puedo hacer?
Finnick suspiro.
-Después de lo del veneno... Me temo que ya no puedes hacer nada.
-¿Le hará algo a mi familia?
-Quizá, después de todo se lo piense y prefiera hacerte algo a ti directamente.-Hizo una mueca.-Cuídate Johanna, por favor.
Después de que Finnick dijese esto, mire nerviosa hacia los lados y corrí para buscar a Blight. Debía de volver a casa.
La verdad, prefería que me matasen a mi antes que a mis padres y a Paul. Ellos no tenían la culpa de nada. La culpable era yo. Cuando encontré a Blight, el corazón se me inundo de esperanza, pero al hablar con el, la esperanza se esfumo. Estaba borracho, y lo único que sabia decir era:
"Mañana, mañana, mañana."
El mundo comenzó a tambalearse, a dar vueltas y giros, mezclando colores. La gente venia hacia mi y me hacia cumplidos y entonces todo se volvió negro.

Me desperté asustada en la oscuridad. Reconocí el movimiento del vagón del tren y el olor de la habitación. Regresábamos a casa. Y yo no sabia lo que sucedió. Salí al vagón bar, donde se encontraba Blight, el cual se encontraba aun con un deje de ebriedad. Me explico que me había desmayado en la fiesta, y que todo el mundo se preocupo, pero que estaba bien. Pusieron la escusa de:
"Demasiado licor para un cuerpo tan pequeño."
Y todos volvieron a mi fiesta, sin mi.
Me pase todo el viaje deseando volver a casa. Aunque la verdad, pensaba en lo peor. No paraba de dar vueltas por el tren. A veces lloraba en silencio. A veces gritaba. A veces miraba por la ventana. Y de repente el vagón se paro, y llegamos al Distrito.
Baje la primera de todas. Había bastante gente en la estación, y cara por cara, fui buscando esperanzada el rostro de mis familiares. No veía ninguno, y mi cara cambio. Solo deseaba gritar.
-Hey Jo, ¿Que tal por el Capitolio?
ESA. Esa era la voz de mi hermano. Estaba escondido detrás de dos chicas morenas. Baje del tren de un salto y corrí hacia el. Salte a sus brazos, abrazándole.
-¿Estais todos bien?-Pregunte.
-Si, claro. ¿Por que no deberíamos de estarlo?
Suspire aliviada.
-Las pesadillas...-Me escude.-No se van y tenia miedo.
Paul me tranquilizo, como siempre lo había hecho. Como siempre lo hacia. Y me condujo hacia casa. Mi tranquila casa en la Aldea de los Vencedores, mas allá del bosque del Distrito. Cuando vi a mi padre en la sala ordenando sus viejos libros le abrace, recordandole que le quería. Y cuando mi madre entro en la cocina salte a sus brazos también. Les había echado de menos. Y una cosa estaba clara. Ellos no pagarían mis deudas. Era yo la que debía de sufrir.

Febrero acabo, dejando una gran capa de nieve en el suelo. Luego le siguió Marzo... Y entonces empezó el mes de Abril, con sus incesantes lluvias. Había pasado todos estos meses en compañía de Willow, la cual, ahora parecía que me entendía. Sin cámaras y sin gente a mi alrededor, volvía a ser la misma que siempre. Volviamos a cotillear de la gente del colegio, de chicos y de cualquier cosa interesante que nos enterásemos, pero no sacábamos el tema de los Juegos del Hambre. Era algo totalmente prohibido hablar sobre ello. Era su ultimo año, algo alentador, pero a Willow aquello la aterrorizaba, y a mi me hacia recordar.
Aquel primer día del mes, habíamos quedado en la plaza del Distrito. Uno de los hermanos de Willow estaba enfermo, y habíamos ido al bosque a buscar plantas medicinales. Los antibióticos eran caros, y los médicos y curanderos del Distrito estaban atestados de gente con problemas mas graves que un simple dolor de estomago. Habíamos encontrado las plantas, la había acompañado a casa, donde me confeso que se había fijado en un chico del colegio y que me contaría todo el próximo día, y yo, volví a casa.
Caminaba sin prisa. Disfrutando del día frío -aunque menos frió que los días invernales- del Distrito. Había empezado a llover, pero eran gotas finas que casi no las sentías cuando entraban en contacto con tu piel. Aunque mojaban. Y mucho. Andaba arrastrando las botas marrones por la tierra húmeda y dando patadas a las piedrecitas que encontraba. Cantaba canciones conocidas, me fijaba en los animales del bosque... Ya no me sentía preocupada, de hecho, me había olvidado de Snow y de sus amenazas.
-Cuidado...-Oí gritar a alguien. Me di la vuelta y no vi a nadie. La fina lluvia entorpecía algo la vista, y los arboles hacían que las personas se escondiesen bien. Entonces algo - o mas bien alguien- me empujo haciendo me caer al suelo. La persona que me había advertido estaba tirada a mi lado, pero no me fije en el, si no en la gran rama de árbol que se había caído a unos cuantos metros de donde yo estaba. Justo donde había estado yo segundos antes.
-Gracias...-Dije a la persona que me había salvado, atontada, aun sin mirar quien era.
-De... nada... Tu eres Johanna Mason, te he visto, todo el mundo te conoce.
Por fin mire a la persona. Era un chico de mi edad. Tenia el pelo mojado y de color castaño entorpeciendole la vista. Sus ojos eran azules, y me recordaban al cielo de un día despejado. Tenia pecas esparcidas por sus mejillas y su nariz y sonreía de una manera dulce. Le devolví la sonrisa al segundo de verle, y me puse en pie, sacudiendo mis ropas de la tierra del Distrito.
-Si, soy yo...-Conteste, poniéndome un mechón suelto detrás de la oreja. Notaba calor en las mejillas.
-Genial. Yo soy Parker. Trabajo aquí en el bosque. Todos los días de la semana menos el domingo, en la sección A-17.
-Yo también debería de haber trabajado en los bosques...-Sonreí.
-Pero ganaste los Juegos.-Apunto Parker.-La sonrisa se me esfumo.- ¿Y a donde vas? Te pareceré muy atrevido, pero eres como una estrella en el Distrito y hace bastante que no apareces por el colegio. Yo estuve en tu misma clase un par de cursos. ¿No me recuerdas?
-La verdad es que no...-Respondí, volviéndose a formar una sonrisa en mi cara.-Iba a mi casa... Debería de ayudar a mi madre.
-Yo acabo el turno en cuarenta minutos. Si me esperas, puedo acompañarte...
Dude un momento. Solo un momento. No tenia prisa, y se me daba mal hacer amigos, y Parker parecía tan amigable... ademas de que me hacia sonreír como una tonta sin motivo.
Así que me llevo por la sección A-17 del bosque, donde el recogía, talaba y miraba troncos. Parker me pregunto por mi vida, y yo por la suya. El viva con su madre y su hermana pequeña. Su padre murió cuando el tenia siete años. Trabajaba en los bosques desde hacia tiempo, aunque talar no era lo suyo, pero el bosque le encantaba. Cuando me queje por la incesante lluvia, el me dijo que le encantaba aquel clima frío del siete, y que no soportaba el calor del verano.
Cuarenta minutos después, dejo sus cosas en las cabañas de trabajadores, y le guié por el sendero que llevaba a mi casa. Todo iba bien. Había ayudado a Willow, había hecho un nuevo amigo...
-Me gustaría ser escritor.-Dijo Parker.
-¿Escritor?-Pregunte.
-Si. Tengo mucha imaginación y se me da muy bien escribir. Lo dice hasta...-Parker paro en seco y empezó a olfatear el aire. Al principio me pareció muy raro, hasta que el volvió a hablar. Me fije bien en Parker. Llevaba unos vaqueros rotos, una camisa sucia y unas botas que parecían demasiado pequeñas para su altura. Su pelo, ahora mas mojado que antes, parecía casi negro. Aunque cuando hablo, volví a la realidad.-¿No hueles como a quemado?
Olfatee el aire también, aunque al principio me sentí estúpida, luego yo también detecte el olor.
-El bosque...-Susurre.
-No... No huele a madera quemada... Es como...
De repente, paranoica, eche a correr por el camino, hacia la Aldea de los Vencedores. No tarde ni cinco minutos en llegar y que todos mis miedos se hiciesen realidad. Mi casa estaba en llamas.


Capitulo 53
No me detuve. Ni siquiera lo pensé. Con tres grandes zancadas, salte los pequeños escalones de madera que separaban la casa del suelo de piedra, y me adentre en la casa que estaba bajo el poder del fuego. El pasillo de la primera planta aun no había entrado en contacto con las llamas, pero al coger la primera bocanada de aire note como me envenenaba a mi misma rápidamente. El calor era horrible, y notaba la garganta seca. De hecho, dudaba de si seria capaz de gritar si las llamas me alcanzaban. Tenia los ojos llorosos, pero no estaban humedecidos ni lo mas mínimo. Intente hablar.
-¿Mama? ¿Papa? ¿Paul?-Quería gritar, pero era imposible. Parecía que mis cuerdas vocales estaban rotas.
- ¿Johanna?-Ese era Parker.
Oh, Parker. ¿Estaría fuera? Tenia que quedarse fuera, no podía entrar. Esto era cosa mía.
El humo me mareaba, pero me obligue a seguir. Como en los Juegos. Quizá pudiese parecer que no había esperanza, pero siempre la había. Incluso ahora.
Al girar la esquina para subir las escaleras, me quede de piedra. El fuego devoraba la madera como si la estuviese devorando. Ya no había escaleras. Empece a toser, girando sobre la punta de mis pies, buscando algo con lo que subir.
Tenia que haber algo. Mire a la izquierda, donde todo estaba en llamas, y avanzaban hacia mi. Luego mire a la derecha, a la cocina. Corrí hasta allí tan rápido como pude. Sentía que estaba empapada en sudor.
Me subí con dificultad a la encimera, metiendo uno de mis pies en el fregadero sin querer, y dándome en el codo con algo que no vi. Abrí la ventana, y salí por ella. La brisa suave me hizo suspirar de alivio. La repisa sostuvo mi peso. Al menos era bastante ancha. Mire hacia arriba. Quizá podría impulsarme hacia la otra cornisa, si mis piernas daban con la tubería de la pared. Algo me agarro del pie, y me distrajo de mis pensamientos. Me sorprendió al ver la cabeza de Parker saliendo por mi ventana, seguido de su cuerpo. Se quedo medio colgado de la repisa, pero mantuvo el equilibrio y se enderezo junto a mi.
-Te ayudare.-Dijo mientras le interrumpía un ataque de tos, a causa del humo.
-No. Salta. Vete. Tengo que hacerlo yo sola.
-Te ayudare.-Insistió.
-Esta bien, pero rápido.
Sentía como mi voz se resquebrajaba y sufría cambios de tonalidad. No era muy estable.
Sin mas preámbulos, Parker flexiono un poco sus rodillas y abrió sus brazos.
-Sube.-Dijo, con la voz también rota. Se estaba dando unas pequeñas palmadas sobre las rodillas.
Me agarre a uno de sus hombros con las manos, y con la otra me apoye en la pared de la casa. Subí uno de mis pies a su rodilla y me impulse para escalar. El me ayudo a poner mis rodillas sobre sus hombros, y después a mantenerme en equilibrio allí arriba para ponerme de pie.  Levante la pierna y me impulse un poco para alcanzar la cornisa, rodé, y di con la pared de la casa. Me levante, buscando una ventana. Solo estaba la diminuta ventana del cuarto de baño, y estaba cerrada. Maldije por lo bajo. Mire hacia adentro. Parecía que el fuego no había llegado hasta ahí. Cerré los ojos, apreté la mandíbula e hice impactar mi codo con el cristal. Este se hizo añicos, cayendo sobre mis pies. Me arrastre por la ventana, y caí sobre la bañera, de tal forma que tire todos los champús sobre mi. Me enderece, y conseguí salir de la bañera.
Me ardía el brazo. La sangre empezaba a chorrearme hasta la muñeca. Estaba segura de que hasta se me había clavado algún cristal en el codo. El dolor era horrible.
Me acerque a la puerta, y el calor comenzó a invadirme de nuevo. Estaba segura de que al otro lado una gran cantidad de llamas furiosas intentarían engullirme. Toque la puerta, pero se abrió antes de que yo agarrase la empuñadura. El humo invadió el aire puro de la habitación, volviéndolo negro y haciéndome toser.
Un hombre cubierto totalmente de negro acababa de entrar en el baño. Me quede atónita mirándole. El me miro. Y distinguí sus ojos. Paul.
Me abalance sobre sus brazos.
El me abrazo con fuerza.
Y me susurro algo con la voz probablemente mas silenciosa y solemne que había escuchado en mi vida.
-No han sobrevivido Jo...

El funeral fue una cosa austera, seria, triste... El Presidente había cumplido su palabra. Me arrpentiria. Y ya lo estaba haciendo. En realidad, yo les había matado. No el fuego. No Snow. Yo. Su hija pequeña a la que tanto querían. No había cámaras, algo que me reconfortaba.
Permanecía al lado de mi hermano, agarrando su mano tan fuerte que incluso a veces se quejaba. Quizá si le hacia daño el podría despertar de la pesadilla. Willow estaba a mi otro lado, sin decir nada. Parker también había venido. No podía haberle dado las gracias por ayudarme a entrar en el segundo piso, y no le había vuelto a ver desde entonces. Los padres de Wood estaban también. Pero lo que mas me sorprendió fue ver al nuevo alcalde. No le había visto nunca, ni siquiera me parecía sonarme su cara. No podía entender que el y mis padres tuviesen algo que ver.
Cuando todo acabo, la mayoría de la gente se fue. Los pocos que quedaban se fueron también al cabo de un rato. Los padres de Wood se despidieron. Willow lo hizo tras ellos. La panadera. Amigos de mis padres. Parker fue el ultimo en despedirse de mi.
-Gracias...-Le dije con voz quebrada.-Por ayudarme.
Parker asintió con una sonrisa tensa, me abrazo y se fue.
Ya solo quedábamos Paul y yo. Y yo no tenia ni idea de como irme sin decirle que fue mi culpa. No lo hice. Salimos en silencio, agarrados de la mano todavía.
-Señorita Mason...-Mi corazón empezó a latir con fuerza. Me gire rápidamente para ver a quien pertenecía aquella voz, y vi al nuevo Alcalde. Su voz era tan parecida a la de Snow...-¿Podría acompañarme un momento por favor?
Paul me soltó la mano. Y en ese momento sentí como de verdad caía hacia la oscuridad, sin ayuda. Sin nadie para rescatarme.






Capitulo 54

El alcalde caminaba recto y con zancadas grandes. Le seguí sin decir siquiera una palabra. El tampoco decía nada. Al fin, se detuvo en frente de un banco de piedra en el borde del camino. Lo limpio un poco con la mano, y acto seguido se sentó. Titubee unos instantes, y me senté a su lado también.
-¿Que quiere?-Pregunte, con un deje de cansancio en a voz.
Hoy no me apetecía ser borde. No me apetecía aparentar dureza. No quería ser nada. Lo único que quería era unirme a la nada y desaparecer junto a ella.
-No quiero molestarla demasiado.-Su voz, tan parecida a la de Snow, me hizo dar un respingo.-Pero me temo que debemos hablar de esto en cuanto antes y arreglar los papeles. Su casa necesita una reforma, y ademas me gustaría darle el pésame por todo lo ocurrido durante estas semanas.
El alcalde me tendió una mano, yo se la estreche. Estaba fría y dura.
-Muchas gracias, supongo.
-Su casa estará arreglada en menos de lo que se tarda en decir "Buenos días"
-Buenos días...
El alcalde estallo en carcajadas que poco después fueron sustituidas por un ataque de tos.
-Es usted muy graciosa.
-No pretendía serlo.-Me levante.-No quiero esa casa. Quiero una nueva. Arreglela, o haga lo que quiera con ella, pero no pienso vivir donde...
-Esta bien, esta bien... Casa nueva pues...
El alcalde se levanto también y metió las manos en su americana negra. Alzo la barbilla para indicarme el camino que debía de seguir, como si fuese a perderme. Apostaría cualquier cosa a que había pateado estos caminos mas que el en toda su vida.
-¿Que paso con la antigua alcaldesa?-Pregunte. El repentino cambio de alcaldía no me acababa de cuadrar.
-Ha tenido que hacer unos asuntillos...
-¿Y le ha dejado a usted como sustituto? La verdad, nunca le había visto por aquí.
-El siete es muy grande.
-Pero nos conocemos todos al fin y al cabo.
-Habladurías. Es imposible conocer al sector sur si vives en el norte.
-Incluso su acento es distinto.
El alcalde entrecerró los ojos. Parecía perplejo por mi osadía.
-Tengo problemas de mandíbula...-Respondió, mas serio.
-Pues espero que no le cause mucho dolor.
-No lo hará, tranquila. Tenia razón la gente respecto a su carácter indómito.
-Habladurías...-Me encogí de hombros.
El alcalde saco su mano derecha de su americana para conducirme por el camino. Le mire, y opte por tomar el camino opuesto al que me indicaba.
-El centro del  Distrito esta por aquí.
-¿Quien ha dicho que vaya al mismo lugar que usted?
Le di la espalda y camine despacio, alejándome de el, sin echar la vista atrás.

Tras la Gira de la Victoria y todos los torturosos giros que mi vida había dado, debía de volver al colegio. Era mi ultimo curso, y Paul me había recomendado acabarlo.
La idea, la verdad, me horrorizaba. Ver a todos esos chicos y chicas y pensar que dos de ellos serian los siguientes en ir a los Juegos... con tan solo pensarlo me entraban dolores de cabeza. Y lo peor era que solo quedaban dos meses para la Cosecha.
Mientras caminaba por los pasillos del colegio, me sentía diferente. Ahora, todos me conocían. Ya no era la chica morena y bajita a la que se le daba bien "Historia de Panem". Ahora era Johanna Mason, la ultima ganadora de los Juegos, que había decidido volver al colegio.
Willow había estado conmigo todo el rato. Aunque agradecía su  compañía, notaba que algo era diferente entre nosotras dos. Algo había cambiado desde que regrese de los Juegos, y por mas que lo intentase, no había manera de arreglarlo.  Nos limitábamos a apoyarnos en las paredes de los pasillos, esperando a que el timbre sonase para volver a las clases. Ella se miraba el pelo, yo me miraba las uñas y movía el pie derecho contra el suelo.
-Ahora te miran diferente.-Decía Willow.
-Lo se.-Respondía.
-Tiene que ser raro.
-Lo es...-Suspire.
-Bien.
La mire, y mire el reloj. Aquellas conversaciones tan gélidas no me gustaban, no me gustaba nada. Ella era mi mejor amiga. ¿Que había ocurrido para que pasase esto?
-¿He hecho algo mal?-Pregunte. La pillo desprevenida.
-¿Perdón?
-Esto... Ya no es lo mismo que antes Willow. De verdad, creí que lo seria. Conectamos una vez, en los bosques. Me hablaste de aquel chico que tanto te gustaba y...
-Baja la voz...-Rogó, y miro hacia los lados.
-Quiero que vuelvan esas conversaciones...-Susurre.-Quiero que me cuentes todos los días de por que están tan enamorada de ese chico, y yo quiero decirte que en realidad es feo, y quiero que te rías porque te diga eso y que me des un codazo en el brazo.-Notaba que volvía a alzar la voz.- Quiero que al día siguiente cambies de opinión y que te fijes en otro, y que me lo cuentes en una visita a mi casa a las tres de la madrugada. Quiero que me digas la mala cara que tengo. Quiero que volvamos a ser tu y yo...
Willow estaba al borde de las lagrimas, miro al cielo, y se las limpio.
-Es solo que a veces...
-¿A veces...?
-No estoy segura al cien por cien de que estas fingiendo. Tengo miedo de que de verdad te hayas convertido en esa persona borde que aparece en la televisión.
-No lo soy. Y lo sabes Willow. Te lo he dicho.
-Yo...
-Hey! Johanna!-Grito una voz, que retumbo por el pasillo desierto. Me gire para ver a quien pertenecía: Parker. Automáticamente, una sonrisa apareció en mi cara.
-Te veo luego...-Mascullo Willow, y se dio la vuelta con los brazos cruzados sobre el pecho. Dejándome sola con Parker.
Parker caminaba rápido. Llevaba unos vaqueros, una camiseta blanca y una cazadora marrón. Llevaba las botas verdes llenas de barro, pero no parecía importarle.
-Que bueno volver a verte por estos pasillos.
-Yo no estoy de acuerdo con eso. La gente me mira...
-¿Diferente?-Asentí.-Sabes que es normal. Si tu estuvieses en su lugar, también les mirarías raro.
-No me gusta que me miren así. Siento que puedo leerles la mente cuando paso a su lado.
-¿A si? ¿Y que piensan?
-Que soy una asesina.
El timbre sonó, y mire a Parker a los ojos. Me miraba con tristeza.
-Debería de ir a clase. Llego tarde.-Dije
-Si, yo también.-Se rasco el cuello, incomodo.-Oye... ¿Tienes algo que hacer esta tarde?
-No, ¿por que?
-¿Te gustaría quedar conmigo?
-Claro.-Sonreí.
-Genial. ¿A las siete, en la valla este del bosque? La que esta rota.
-Allí estaré.-Prometí.

Las siguientes horas pasaron lentas. Las agujas del reloj no avanzaban, de hecho, incluso parecía que retrocedían. No vi a Willow en ninguna de las clases siguientes. Me pareció un mal presagio. Quizá no debería de haberla dicho nada.
Cuando el timbre sonó para indicar que las clases finalizaban, salí rápidamente del colegio. Estaba entusiasmada. Había quedado con Parker, y eso era algo bueno en mis lúgubres días.
Alguien se interpuso en mi camino mientras atravesaba una estrecha calle que me llevaba de camino a mi casa. Era Willow. Se puso a mi izquierda y me rodeo el brazo con el suyo.
-Tengo que contarte algo. ¿Te acuerdas de Cameron?
-Claro. ¿Es ese chico moreno que vive en el barrio del mercado?
-Ese mismo, -Dijo Willow, con una chispa de alegría en los ojos.-... pues la cosa es que estos días he hablado con el y...


Capitulo 55

Estaba nerviosa. Muy nerviosa. Nunca había estado tan nerviosa por quedar con alguien. A pesar de que Willow se había esforzado en contarme sus sentimientos y alguna que otra cosa mas, yo había sido incapaz de hablar de Parker con ella, porque no sabia verdaderamente lo que sentía por el. Y ademas, mi amiga, tan optimista como de costumbre, se hubiese montado un precioso cuento de hadas y al final no pasaría nada de lo que mi imaginación hubiese creado.
Tenia tiempo hasta las siete de la tarde, así que, por una vez en mi vida, abrí el armario importándome lo que iba a llevar. Me desilusione al verlo. Casi toda mi ropa, era tan extravagante para el 7 que no podía ponérmela. La otra parte era demasiado oscura. Siempre iba con ropa oscura, y no quería que Parker creyese que era una quedada como siempre. Y la ropa que quedaba, era demasiado alegre para mi. Cogí un trozo de tela rosada con florecitas estampadas entre mis dedos.  La Johanna de antes de los Juegos se lo hubiese puesta. Esta Johanna no. Solté la tela de inmediato.
"Quizá Willow si tuviese razón, quizá ya no sea la misma..."-Pensé, y mire por la ventana, hacia el bosque.- "Ademas, ¿Desde cuando me importa tanto la ropa?"
Sacudí la cabeza y me metí en la ducha. La ducha era mi lugar favorito para pensar, pero esta vez, decidí no hacerlo. Dejar la mente en blanco era la mejor opción.
Pase allí tanto tiempo que se me crearon surcos en las yemas de los dedos. Cuando salí, me envolví en una toalla, me seque el pelo, y me lo recogí en una coleta. Luego volví al armario, y me puse lo primero que saque. Y aunque al principio no me convencía mucho la camisa de color caqui con los pantalones negros, al final fue lo que lleve al encuentro con Parker, junto con las botas de caballo.
Cuando llegue a la sección donde Parker me había dicho, me encontré sola. El sol se escondía entre las ramas de los arboles, el cielo era de un color rojizo, y hacia algo de frío. Me arrepentí de no haber sido previsora, y haber cogido una chaqueta. En el 7 siempre hace frió.
De repente tuve la sensación de ahogarme. O como a cuando a un claustrofobico le meten en un sitio pequeño. No podía respirar. Me sentía como si estuviese de nuevo en la arena de los Juegos, pero sin armas. Mire a mi alrededor y cogí una rama afilada que estaba a mis pies, como si fuese un puñal. Me senté en una roca, con los brazos rodeándome las rodillas que estaban en mi pecho, y me obligue a tranquilizarme. Entonces escuche una rama partirse, y me sobresalte. Empuñe la rama con mas fuerza, mirando a todos lados. Parker apareció corriendo por el camino contrario por el que yo había llegado, jadeando. Cuando me vio apuntándole con la rama, levanto las manos.
-¡Uo! Soy yo, soy yo... -Respiro fuerte un par de veces, y apoyo las manos en las rodillas.- Siento... haber tardado un poco... El trabajo se hizo largo...-Camino hacia mi y se sentó en la roca en la que estaba. Yo intente guardar la rama que había usado como daga sin que Parker se enterase, pero sin éxito. -¿Que hacías con esa rama seca? ¿Pensabas matarme?
Intente sonreír, pero debió de salirme una mueca horrible.
-No... Em... Solo estaba...
-No eres buena con las mentiras, ¿eh?
Suspire.
-A veces...-Me costaba decirlo como si fuese algo natural. No se lo había contado a Willlow. De hecho, la única persona que lo sabia era Paul, y Blight, pero Parker me transmitía una confianza infinita.- ...tengo una especie de alucinaciones. Pensaras que estoy loca, y no te lo voy a negar, a veces yo también lo pienso... Suele pasarme mientras sueño. Odio dormir. Siempre son pesadillas. Sobre la arena. Sobre todo lo que ocurrió, y no puedo quitármelas de la cabeza. -Suspire, y pensé: "A veces de como Snow amenazo y mato a mis padres." Pero no puedo decir eso, porque puede Snow este observando, otra paranoia que tengo.-Y es peor cuando no estoy dormida. A veces incluso aparecen el la vida real, como ahora. Te estoy esperando, y entonces me parece que estoy en un bosque de los Juegos, y que un tributo vendrá a por mi. Que Cliff vendrá a por mi. Eso es lo peor. Murió por mi culpa.-Las lagrimas empezaron a caer por mis mejillas. Aun no podía hablar de mi aliado sin llorar.-Porque le podría haber salvado...  Estoy segura de que...
No pude acabar la frase. Parker había cogido mi cara entre sus manos y me había besado. Nunca había besado a nadie. Nunca había pensado en ningún chico como en Parker. Y tampoco sabia lo que sentía por Parker. Pero tampoco sabia si en realidad era yo la que quería no saber si sentía algo por el chico. Últimamente, intentaba apartarme de todas las personas con las que no había tenido mucho apego, y centrarme mas en las realmente importantes. Entonces, ¿Que era Parker para mi?
Parker se separo lentamente. A primera vista, parecía decepcionado.
-Lo siento...-Se disculpo.
-No me lo esperaba... Es solo eso...
-Creí que igual podíamos...
-No se si estoy lista para querer a alguien de esa forma Parker, es simplemente eso. Tengo miedo. Estoy asustada todo el día.
-Lo siento.
-No lo hagas. No es tu culpa.
-Te acompañare a casa...-Dijo Parker, levantándose y tendiéndome una mano a mi para levantarme. La agarre, y me impulse.
Caminamos en silencio por el camino de gravilla que conectaba a la Aldea de los Vencedores. Me sentía mal por Parker. El estaba ilusionado de que yo le respondiese de una forma bonita, como Willow hubiese esperado que hiciese si supiese algo de todo eso. En cambio, no le había dicho nada, ni que si ni que no, y tal vez eso sea algo peor que un "no" para el. Yo no sabia nada sobre el amor, ni de temas por ese estilo. Willow me contaba lo mal que se sentía cuando un chico la gustaba y este pasaba de ella. Suponía que tenia que ser un mal sentimiento. Pero yo me limitaba a observar, nunca a sentir nada.
Llegamos a mi casa. Subí los escalones que daban al porche. Parker no subió. Se limito a meter sus manos en los bolsillos del pantalón y balancearse con los pies.
-Bueno... Supongo que nos veremos mañana, ¿no?
-Si, supongo...
Me cruce de brazos y mire al suelo. Parker también miraba al suelo. Tenia miedo de decir "adiós", y que esa despedida significase el fin de nuestra amistad. Sabia que Parker también pensaba en eso, por eso nos quedamos callados varios segundos. Demasiado sin decir absolutamente nada. Finalmente, Parker rompió el silencio.
-Entonces... ya nos veremos...
Se dio la vuelta, y camino con paso lento hacia el bosque. En dirección opuesta a mi.
-¡Parker! ¡Espera!
Ni siquiera había pensado en decir eso, pero ya estaba corriendo hacia el. El chico se había dado la vuelta, sin entender nada. Me abalance sobre el y le abrace fuerte durante unos segundos. Cuando me separa un poco, le di un rápido beso en los labios, seguido de una sonrisa por mi parte, y volví a mi casa corriendo. Antes de cerrar la puerta, le vi sonriendo mucho, aun mirando hacia mi casa.

Estaba cenando con Paul cuando llamaron a la puerta. Dos golpes secos. Me levante y fui a abrir, y me encontré a un Blight que parecía estar de mal humor. No hablaba mucho con Blight últimamente. Nuestra relación era rara. Muy rara.
-¿Que haces aquí?-Pregunte sorprendida.
-Tengo que hablar contigo. Y es urgente.


Capitulo 56

-Tengo que hablar contigo. Y es urgente.
Blight se hizo camino para pasar dentro de la casa esquivando mi diminuto cuerpo. Miro el techo, las paredes, me miro y suspiro.
-Estoy cenando.
-Es urgente.-Repitió.
Puse los brazos en jarras y pasee la mirada de un lado a otro de la estancia. Levante un dedo, indicándole que esperase unos segundos, y camine hasta la puerta de la cocina. Me apoye en una de las jambas de madera de la puerta y hable muy bajo.
-¿Te importaría acabar de cenar solo Paul? Han venido a verme... Y no creo que logre convencerla de que me deje terminar mi cena.
Mi hermano se levanto, recogiendo su plato y su vaso vacío.
-No, no me importa. De hecho, ya he acabado. Tengo prisa, hoy voy a hacer una jornada de trabajo en el bosque.
-¿Por la noche? Sabes que no necesitamos el dinero...
-No es por el dinero...
-Oh, entonces ¿por que es...?
-No voy a contártelo que me quitas la suerte.-Cogió su cazadora, me dio un beso en la mejilla y paso por mi lado. Últimamente todo el mundo pasaba de mi como si fuese alguien insignificante.-Hola Blight.-Saludo cuando paso al lado del vencedor, y después, cerro la puerta y se marcho.
Sorprendentemente, Blight se llevaba mejor con Paul que conmigo. Todo el mundo se llevaba mejor con Paul que conmigo. ¿Tan difícil era de entender? Willow a veces lo hacia. Y Parker también.
-¿Y bien...?-Pregunte.
Blight parecía estar en otra galaxia. No quería admitirlo, pero su aspecto me preocupaba. Camino lentamente hacia mi.A Un paso. Dos pasos. Hasta estar a menos de medio metro.
-Aquí no. Sígueme.
Blight salio por la puerta por la que poco antes mi hermano había hecho lo mismo. Cogí un abrigo, me lo puse, y le seguí a regañadientes. Sabia por que se dirigía al bosque. Probablemente la casa estuviese pinchada, y si iba a hablar mal del Capitolio, de los Juegos, o algo por el estilo, seria mejor que Snow no se enterase. Camino por el bosque, hasta alejarse tanto de la Aldea de los Vencedores que nos quedamos a oscuras, y el silencio era mortal. De repente se paro. No en un claro, ni nada parecido. Entre dos arboles, con una rama de por medio, separándonos por unos cuantos metros.
-No puedes volver a ese chico.
Se dio la vuelta.
-¿Eh? ¿Que? ¿Perdón? ¿Que chico?-No entendia nada.
-Te vi antes con un chico Johanna. No trates de ocultármelo.
-Ah, Parker...
-No puedes volver a verle.-Me espeto. No pude evitar reírme. Sonaba tan raro reirme en mitad de la oscuridad, bajo el cielo negro...
-Si, ya, claro... ¿solo por que tu lo digas?
-Corre peligro...
-¿A que le clave un hachazo?-Me burle.
A Blight pareció no hacerle gracia, ya que me cogió fuertemente de las muñecas y me zarandeo.
-Hablo en serio. ¿Te crees que soy idiota y no se lo que hiciste en el Capitolio? ¿Envenenar a Snow? ¿De veras creías que iba a funcionar? Creí que eras lista Johanna...-Finalmente, me soltó.-Todos cometemos errores pero... Si no quieres hacerle la vida imposible al chico, no vuelvas a hablarle...
-¿Te crees que eres mi padre para obligarme a hacer algo así? Te lo recuerdo, mis padres están muertos. Soy libre.-Me dolió profundamente decir eso, y nada mas mis palabras salieron de mi boca, me arrepentí. Pero guarde la compostura.
-Y Snow aun cree que tienes el corazón demasiado intacto. Lo de tus padres no fue un accidente. Yo que tu tendría cuidado con las personas que tienes a tu alrededor.
-Ya he pagado el precio...
-Eso lo dices tu. No creo que Snow piense lo mismo...-Se acerco a mi oído, y me susurro algo.- A nuestro presidente le gusta jugar con los primeros amores.
-No estoy enamorada de Parker.-Dije.
Blight se rió por lo bajo, y yo me cruce de brazos.
-Johanna, te advierto, por tu bien. Hazme caso si quieres, y si no, ya te darás cuenta tu sola. Yo he vivido todo esto antes que tu. Lo he sufrido, y te aseguro que he odiado mi vida desde que salí de aquella infernal arena.
-¿Y por que sigues aquí? Viviendo... Sufriendo...
Blight se tomo un rato para responder.
-Porque alguien me dijo una vez que la vida se basaba en las cosas malas que la vida te ofrece, y que si no, los buenos días no serian apreciados.
-Sabias palabras...
-La persona que me las dijo era sabia. Y ahora, por tu bien, espero que me hagas caso. En el fondo sabes que sientes algo por el, y no quieres que le ocurra malo. Ojala pudieses ser feliz con el Johanna, de verdad que lo deseo. Pero es difícil ser feliz después de los Juegos.
-¿Y tu? ¿No has vuelto a sentir la felicidad desde que ganaste?
-A veces me he llegado a sentir infinitamente feliz. Pero desgraciadamente es un sentimiento muy facil de arrebatar, ¿no crees? Toda tu vida es preciosa, y de repente eres escogido para los Juegos. Conoces a un chico estupendo y tus padres...-Hice una mueca.-Descansa Johanna.
Suspire, y me obligue a contestar.
-Descansa, Blight.



Capitulo 57

No había dormido bien por la noche. De hecho, no recordaba cual había sido la última noche que había dormido bien. Probablemente hubiese sido antes de los Juegos, cuando las cosas eran normales y llevaban el ritmo que debían llevar.
Un ruido fue lo que me hizo mirar a la ventana abierta. El frío entraba por ella, y también la luz de la luna que despejaba un poco la de la oscuridad. Me deshice de las mantas que me cubrían y me acerque a ella para mirar, con las piernas temblando.
No me asustaba la oscuridad. Me asustaba lo que la oscuridad ocultaba. La oscuridad no hacia daño, las personas lo hacían.
-¡Hey! ¿Me ayudarías a subir?
Di un respingo.
-¿Qué? ¿Quién eres...?
-¿De verdad lo preguntas? Bah, ya subo yo solo.
En apenas unos segundos una pierna colgaba desde el alféizar de la ventana hasta mi cuarto. Luego vino la otra pierna, un brazo agarrándose al marco de la ventana, y un cuerpo cayendo sobre mi.
No me preocupaba. En el fondo sabia quien era.
Parker.
Lo que si me preocupaba era Blight. Me había advertido que estar con aquel chico iba a perjudicar a mucha gente. Pero sentía que no podía hacer como si el chico no existiese. Había algo en mi interior que me decía que con el estaría bien, a salvo.
-¿Qué haces aquí Parker, es que no duermes?
-Creí que a las chicas les gustaban las sorpresas...-Se quejó.
-Depende que sorpresas... hay malas y buenas.
-¿Soy una sorpresa mala? Eso no te lo crees ni tú.
-Son las cuatro de la mañana...-Susurré, al ver que Parker levantaba la voz.
-Sabía que estarías despierta.
-¿Como lo sabías?
El chico se encogió de hombros y acto seguido me dio un beso. Yo no lo evite. Me acerqué mas a él y le acaricie el cuello y los hombros, pero después me separé resentida al recordar las palabras de Blight.
-Debes irte. Al menos por ahora...
-Oh, venga Johanna, no vamos a hacer nada raro, solo venía a decirte buenas noches. No creas que soy...
-Lo sé. Pero ahora mismo no es buena idea que estés por aquí. Estoy agotada.
-¿Por que? ¿A ocurrido algo?
Me mordi el labio y mire al suelo. Sabia que Parker era cabezota, así que decidí hablar.
-No doy una buena imagen al Capitolio si me ven contigo.
-¿Por que no?-Se quejó de nuevo.- El Capitolio y el estúpido Presidente no deben interferir en nuestra vida. Podemos hacer lo que queramos.
-No, no podemos. Esto es serio. Es peligroso para ti.
-¿Para mi? Llevo corriendo peligro toda mi vida. Un poco más de riesgo no me va a matar.
-No juegues con fuego... al final te quemarás.-Le espeté. Yo lo había hecho y había quedado mal parada.
Parker contuvo las respiración unos segundos y después dio un puñetazo no demasiado fuerte al colchón de mi cama.
-Me voy.-Dijo, levantándose de la cama y acercándose a la ventana.
-Deberías.-Le recomendé, aunque me dolía admitirlo.
-Mañana vendré a...
-No.-Le corté.-No vengas. Por un tiempo... Aquí no...
-¿He hecho algo mal?
-Lo he hecho yo...
Parker miro al suelo, dispuesto a darse la vuelta. Le dolía tanto o más que a mi. Yo lo sabía. Pero era por su bien, o al menos, eso intentaba decirme a mi misma.
-Parker...-Cogí uno de sus brazos antes de que se diese la vuelta por completo. El se giro, y me miró. En sus ojos podía ver la esperanza. Me acerqué a sus labios y le di un beso. Luego me aparte y cerré la ventana.

Los siguientes días pasaron para mi rápidamente. Decidí no ir a las clases. Decidí no ver a nadie salvo a mi hermano. Me pasaba las mañanas, las tardes y las noches sentada en una esquina del sofá del salón, en una silla de la cocina, o en mi cama con las rodillas pegadas al pecho, pensando. Pensando en Parker, en Blight, en mis padres, en los Juegos, en mi vida si nunca hubiese sido seleccionada para ir a ellos...
Intentaba dar lo mejor de mi misma en todo. Pero no podía.
Me pasaba los días sola. Completamente. Incluso por la noche, porque Paul quedaba por la noche últimamente. Había sopesado diferentes opciones de las escapadas nocturnas de mi hermano; ¿Más dinero? ¿Amor? ¿Negocios? No lo sabía. Y el no parecía a estar dispuesto a contármelo, al menos pronto.
Willow no me visitaba.
Parker no venía, como le había dicho.
Blight parecía estar desconectado del mundo, o al menos del mío.
Y mientras, yo me hundía. Sin nadie que lo pudiese ver. Sin nadie que me rescatase. Porque al fin y al cabo estaba sola.


Capitulo 58

El mes de Junio se instaló finalmente en el Distrito 7, junto al suave calor de verano del que nos permitía disfrutar durante un par de meses al año.
Debería de ser una época de felicidad. Pero no lo era. No lo era para las familias. No lo era para mi.
Mi vida se limitaba en encerrarme en mi casa, hablar con mi hermano y con Blight y entrenar. Sonaba raro en mi, pero ahora que no tenía que hacer nada, me encantaba salir a correr por el bosque. Amaba el dolor en mi pecho cuando corría durante tanto tiempo sin detenerme y sentía que no me alcanzaba el aire. Cuando mis piernas eran incapaces de correr más rápido. Trepaba arboles. Al principio era malísima. De hecho, una vez me caí cuando estaba casi en la copa de un árbol, dejándome inconsciente. Luego aparecí en mi casa. Paul nunca me dijo quien me había traído. Poco a poco fui mejorando, incluso llegue a saltar de un árbol a otro. Me sentía libre. Practiqué con el hacha tanto, que incluso me llegué a cuestionar que tal vez ahora tuviese una mejor técnica que los profesionales.
Durante ese período fui feliz. Hasta Junio. Ese mes. Todo comenzó de nuevo. En dos semanas, volvería al Capitolio, esta vez de mentora.
No podía.
No me sentía preparada.
Y justo cuando comenzó Junio, una nota apareció en el marco de mi ventana por la mañana. Era un folio doblado a la mitad, y con letras gordas había un claro mensaje;

Te echo de menos. ¿A las nueve en nuestro sitio? -Parker

Rompí la carta y la tiré. Pero a la mañana siguiente una nueva apareció en su lugar. Hice lo mismo. 
Aquel día fui a visitar a Blight después de pasarme la mañana corriendo por el bosque hasta que las piernas me temblaron. 
Últimamente pasaba tiempo con el. 
Era de lo más raro, porque no hablábamos. Solo jugábamos al ajedrez. 
Era un juego en el que ganabas o perdías. Vivías o morías.
Era simple. 
Pasé toda la tarde con el, y cuando las sombras de los muebles empezaron a cernirse sobre el suelo oscuro de madera, hicimos nuestro último Juego, y después volví a casa. 
Regresé justo cuando Paul parecía irse.
-¿Te vas? ¿Otra vez?
-Tengo que irme. Volveré pronto.
-Ya... si, claro, siempre lo haces.
-¿Hay algún problema Jo?
-No... no...-Me encogí de hombros.-Es solo que me molesta no saber a donde vas, o con quien.
-Te lo explicare algún día...-Dijo, mientras se ponía su cazadora.
-Intenta que sea pronto.
Le miré una última vez y subí a mi dormitorio. Cerré la puerta y me tumbé en la cama. Observé el techo durante unos minutos y después cerré los ojos. El silencio invadía la habitación, pero el sonido de mis pensamientos no me dejaba apreciarlo.
Abrí los ojos y me senté en la cama. No tenía hambre. No quería pensar. no quería hacer nada. 
Parecía un zombie. 
Desvié la vista hacia mi ventana, y de nuevo, un folio doblado a la mitad estaba ahí. Lo cogí entre dos dedos y lo abrí para ver lo que ponía. Nada. Absolutamente nada. Lo miré por la parte de atrás, pero tampoco había nada. 
Un ruido hizo que diese dos traspiés hacia detrás y me cayese de culo sobre la alfombra que había en el suelo. Una figura oscura estaba entrando en mi habitación por la ventana. Enfoqué la vista y aprecié el pelo oscuro de Parker.
-¿Qué..Qué haces aquí?-Le chillé, histérica, mientras me levantaba.
-Quiero verte. Necesitaba verte.
-Ya te dije que...
-Me dijiste que a tu lado corría peligro Johanna. Pero sin ti estoy más cerca de él. 
-O sales de aquí o...
Parker se acercó a mi y me agarró por las muñecas, mirándome a solo unos centímetros de mi cara. Miré al suelo. Ahora solía ser más dura con la gente. Los Juegos cambiaban a las personas. Pero no con Parker...
-No estas bien...-Me dijo, y me levanto la barbilla para que le mirase.
-Lo sé.-Le respondí. 
-Te quiero.
Me mordí el labio y volví a mirar al suelo.
-No puedo quererte. No puedo ponerte en peligro...
-¿Otra vez? Johanna, solo tienes una vida. Y yo también. Si vives pendiente del miedo te perderás cosas extraordinarias. 
-Pero...
-¡No!-Gritó Parker.-¿Me quieres?
-Lo hago. 
-Entonces es lo único que hace falta.-Y cuando terminó la frase, me besó con ganas. Yo no se lo impedí. Es más, le pase los brazos alrededor del cuello y acaricié su pelo. No me había dado cuenta antes de lo que le necesitaba. A él, a Paul, a mis padres... Estaba falta de amor. Y cuanto le agradecía a Parker esto. El estaba a salvo. No tenía que ocurrir nada. Nadie debía de enterarse. 
-No sabes cuanto te necesitaba...-Dijo el, como si me leyese la mente. Entonces me beso en la frente, me acurrucó en sus brazos y ambos nos sentamos en mi cama, en silencio durante unos instantes. 
-Yo te traje aquí. Yo soy quien está pendiente de ti todo el tiempo.
Le miré sin comprender.
-Cuando te caíste del árbol...-Explicó.-Yo estaba allí, viéndote. Cuando te vi caer, sentí como mi mundo se caía. Te quiero. No sé como explicarte lo que significas para mi. 
Yo le puse un dedo en los labios mientras le sonreía tiernamente. Luego aparté el dedo y lo sustituí por mis labios. Durante todo este tiempo el había estado ahí. Y yo no me había dado cuenta. 
Parker metió sus frías manos dentro de mi camiseta, acariciando mi piel lentamente mientras nos besábamos. Yo  desabroché los botones de su camisa lentamente. Él interrumpió el beso y me miro, levantando una ceja. 
-Dijiste que no viviese pendiente del miedo...-Le expliqué.-Eso es lo que hago... 
El me sonrío y nos volvimos a fundir en un apasionado beso mientras el llevaba sus manos hacia el botón de mis pantalones. 
Aquella fue una de las noches más maravillosas de toda mi vida.


Cuando me desperté, estaba en los brazos de Parker. Me hubiese quedado ahí de no ser por los golpes secos en la puerta. Me deshice de su abrazo bruscamente y me vestí lo más rápido que pude. Bajé las escaleras de dos en dos y abrí la puerta. 
No me gustaba ver a dos Agentes de la paz nada más despertarme aporreando en la puerta de mi casa.
-¿Ocurre algo?-Pregunté.
-¿Usted es Johanna Mason?
-La misma.-Respondí.
-Tenemos que hablarle sobre la reciente muerte de Paul Mason.





















15 comentarios:

  1. Hola Clover, de momento me esta gustando bastante como lo estas haciendo. estoy ansioso por ver como sigue :)

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  2. Muchas gracias. ^^. Publicaré el próximo en breves.

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  3. Me esta gustando mucho la historia sigue asi.

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    1. Muchas gracias. Y me alegro de que te guste :)

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  4. Has sido nominada al premio Blogs encadenados :)

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  5. Muy bueno, te felicito por como logras atrapar a los lectores enlazando palabras y oraciones, me gustaría mucho lograr escribir así en algún momento!

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    1. Muchísimas gracias! Me alegra mucho de que te guste y vuestros comentarios me animan a seguir escribiendo :3

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  6. Buenisimooooo me encantooooooooo genial!

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  7. Precioso. Me ha encantado aunque hay momentos de confusión y tengo que volver a leer. Por lo demás sublime, perfecto. Un beso
    ��������

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  8. Me encanta, una pregunt tu estas inventando la historia o de donde la sacss xd gracias

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    1. Hola! Pues la historia me la estoy inventando, con referencias de los libros claro.

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  9. Plis amiga, me re meti en la historia, segui escribiendo esta buenisimo. Era momento que escribieran la historia de johanna, esta re buenaa, segui asi y espero con muchas ansias la segunda parte

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  10. Quee????
    Noooo, Paul nooooo.
    Porque?? ����

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  11. Seguirás con la historia?

    Plisss dí que sí

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